¿Debe el debate de competición premiar a quien convence o a quien tiene razón?

Hugo Desir, orador, formador, miembro de la Junta de ADUJA y campeón nacional, cuestiona hoy en ElDebatiente la verdadera naturaleza del debate que actualmente se da en el circuito, remontándose a sofistas y socráticos: ¿debe valer más la oratoria o la palabra? ¿La persuasión o la verdad? ¡Gran artículo!
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¿Debe el debate de competición premiar a quien convence o a quien tiene razón? Traigo aquí la verdadera duda existencial de todo debatiente: ¿cómo se gana un debate? 

A priori la respuesta parece clara: con datos verídicos y un buen razonamiento que los acompañe. Pero cuando nos planteamos cuál es más importante para llevar la victoria a tu equipo, es ahí donde empiezan a surgir las dudas. ¿Gana quien mejor lo dice o quien trae la verdad? 

Este dilema no es nuevo. Hace casi veinticinco siglos, en Atenas, ya enfrentaba a dos bandos. De un lado, los sofistas, defensores de la PALABRA ante la creencia de que la palabra es la propia verdad. Del otro, Sócrates y Platón, defensores de la VERDAD, para quienes la palabra es el medio hacia la verdad. 

Así que, tomando las debidas licencias históricas, tomaremos parte como jueces contemporáneos, puesto que esto nos servirá para aprender y para visionar cómo queremos que cambie nuestro circuito de debate universitario, en el que ya se están tomando bandos. 

Los sofistas, que priorizaban la PALABRA, defendían que la esencia misma de la oratoria es el arte del uso de la palabra. Esta visión vería las salas de debate como una «simulación», por lo que solo habría que juzgar lo dicho en la misma, porque no estamos debatiendo la «realidad real». 

Por ello, como juez debes dejar TODA la carga de la prueba en los equipos, dejar de comprobar las evidencias en el móvil y únicamente ser crítico en el feedback, pero no en la deliberación, porque no gana quien recita más y mejores datos (no es una exposición del TFG), sino quien expone una cadena lógica inquebrantable. Además, las posturas se sortean: premiar a quien «tiene razón» es premiar a quien tuvo suerte en el sorteo. 

En conclusión, los sofistas defienden que es la PALABRA quien hace a un buen orador. 

Por otro lado, tenemos a los socráticos, que priorizan la VERDAD. Platón ya acusaba en su obra Gorgias a la retórica de producir creencia, pero no conocimiento. Es decir, que un debate sin buscar la verdad no es la esencia del debate (es equivalente a discutir por discutir). 

¿Y por qué debe actuar de oficio el juez? Porque el propio formato de debate académico está descompensado y premia en exceso la persuasión, invitando al uso de falacias antes que a un razonamiento puro. El formato premia el hecho de traer muchas ideas genéricas cambiantes de razonamiento más que unos pocos argumentos fuertes, porque así la carga refutativa se disipa y siempre quedan ideas sin refutar, esto descontando focos falaces en el marco y medias verdades. 

Por ello, el juez debe ser favorable a ACTUAR de oficio para no convertir el arte de la palabra en una competición de manipulación porque es la VERDAD quien hace a un buen orador.

Siglos después, la balanza sigue sin inclinarse, y la respuesta urge, porque de ella depende qué oradores salen de nuestros torneos.

Así pues, el debate está servido.

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