¿Es necesaria la educación sexual en los colegios?

Gloria Rubio Carbonero, estudiante del doble grado de Educación Primaria + Estudios Ingleses en la UMA, nos ha lanzado un debate que genera polémica allá donde se plantee…
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La educación sexual integral es un derecho basado en la libertad, dignidad e igualdad inherentes a todos los seres humanos, recogido dentro de los Derechos Sexuales y Reproductivos, englobados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Asimismo, la Declaración de los Derechos del Niño les reconoce los mismos derechos que a los adultos, por tanto, se hace extensivo a los niños el derecho a ser educados sexualmente en toda etapa educativa, recibiendo conocimientos siempre adaptados a cada fase madurativa.

España es de los pocos países que no acepta la educación sexual como asignatura, a pesar de las recomendaciones de la UNESCO y la OMS. Al no estar regulada, es igualitaria en cada Comunidad Autónoma y su impartición depende de la voluntad de los colegios y profesores, por ello lo más parecido a la educación sexual que los alumnos españoles reciben son charlas de prevención que se dan en alguna ocasión durante una hora libre o de tutoría. Por el contrario, muchos países europeos imparten en sus centros asignaturas obligatorias de educación sexual, gracias a las cuales las tasas de embarazos no deseados y de ETS han bajado cuantitativamente, como es el caso de Países Bajos, país con una de las tasas más bajas del mundo. Así pues, si nos queremos equiparar al resto de Europa debemos proporcionar una educación sexual integral en las aulas en todas las etapas educativas, es decir, no dar charlas puntuales a un determinado grupo de alumnos, sino que sea una educación continuada, evolutiva y adaptativa.

Este es un tema controvertido en la actual sociedad española, y es que hay diferentes opiniones al respecto dependiendo de las ideas políticas o valores religiosos de cada familia. Muchos de estos padres temen que los contenidos de esta asignatura sean inapropiados y demasiado delicados para no ser tratados exclusivamente en el seno familiar. Y en parte es comprensible, ya que no todos los maestros y profesores están cualificados para impartir este tipo de contenidos; es por ello que la asignatura de educación sexual debe ser únicamente impartida por un maestro formado profesionalmente en este ámbito del conocimiento. 

Además, la propia falta de educación sexual en los españoles ha hecho que estos temas sean sensibles y se conviertan en tabús, y de aquí viene el problema de los menores que recurren a la pornografía para aprender sobre sexualidad. La edad media de inicio de consumo de pornografía son los 10 y 11 años, lo cual no solo conlleva riesgos para el desarrollo psicoevolutivo del adolescente, sino que además hace que la pornografía sea la base de la educación sexual en nuestra sociedad, con los valores denigrantes y violentos que enseña. Por lo que considero preferible confiar en los profesionales para educar adecuadamente a nuestros alumnos en sexualidad, en lugar de censurar estos contenidos y dejar que ellos investiguen por su cuenta.

Estoy segura de que ningún padre quiere que su hijo o hija sufra casos de infecciones o enfermedades de transmisión sexual, embarazos adolescentes no deseados que terminan en abortos innecesarios o en jóvenes compaginando estudios con el cuidado de un bebé, casos de bullying por tener una determinada orientación sexual, o incluso situaciones de abuso sexual de las que no han sido advertidos. Es por todos estos casos que la asignatura de educación sexual tendría entre otros objetivos educar en la prevención de embarazos no deseados y ETS, en valores, sentimientos, autoestima, igualdad de género, diversidad sexual, no discriminación, violencia de género y consentimiento. 

A pesar de las muchas razones por las que aceptar la impartición de esta asignatura, siempre habrá cierta controversia, por lo tanto la mejor opción sería que esta asignatura estuviera regulada dentro de un Pacto Educativo a nivel estatal para que no sufra cambios cada vez que un nuevo partido político acceda al Gobierno; de esta forma sería fruto de un consenso, y además los contenidos deberían estar basados no en ideas políticas ni religiosas, sino en el conocimiento científico y en el entendimiento de lo que es preferible para la educación de nuestros jóvenes.

Así pues, el debate está servido.

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