Daniel García

Daniel García, presidente del Club de Debate Universitario de Valencia, nos habla de la joven institución que dirige, el impulso del proyecto, el valor de ser uno mismo debatiendo... y más. Como siempre, descubre en ElDebatiente.
Daniel García CDUV

Buenas tardes, debatientes. Estamos con Daniel García, presidente del Club de Debate Universitario de Valencia. Para conocerte un poco mejor, ¿qué tal si empiezas contándonos quién es Daniel? ¿Cómo te defines y, sobre todo, cómo empezaste en el mundo del debate?

Pues, lo primero de todo, muchas gracias por la entrevista.

A mí me gusta definirme como una persona por mis fracasos. No quiero decir que esté siempre en un estado de derrota, de tristeza, sino que me gusta, sobre todo, fijarme en lo que fallo, en lo que no sale bien, para luego ayudarme a mejorar y que cada uno de esos puntos, que siempre acaban estando en un apartado mucho más abstracto, se puedan ir completando poco a poco. No me gusta nunca fijarme en lo que son las victorias. Las disfruto, sí, pero lo que sí que me ayuda, lo que considero que es importante para mí y un poco para todo el mundo, es que el fracaso es, al final, lo que nos define y lo que nos ayuda a mejorar cada día.

Yo empiezo en el debate, en sentido estricto –lo digo así porque siempre ha sido un mundo que me ha fascinado desde pequeño–, en primero de carrera, cuando un profesor nos coge a unos cuantos en una actividad y nos dice: «El día de hoy tenéis la oportunidad de salir a dar un discurso, de lo que sea, me da igual». Ese día no sé qué se me juntaría, si los cables se me cruzaron en el momento adecuado, pero decidí levantarme y dar un discurso frente a una clase en la que no conocía a nadie. Siendo de primero de carrera, era bastante tímido, aunque no lo parezca, y decidí dar un discurso. La verdad es que ese primer contacto me gustó, me emocionó. Hubo mucha gente que conocí, muchas personas que me he llevado hasta ahora y, a partir de ese momento, hubo algo en mi cabeza que dijo: «Aquí, Dani, es donde tienes que estar». Así es un poco como comencé yo en el mundo del debate.

Luego te puedo decir también que antes de comenzar en todo este tipo de procesos, sí que era un mundo que veía con bastante ilusión, pero debido a que dar el primer paso es bastante complicado, a que en mi colegio no era una materia que se llevara a cabo, era algo que siempre se suele decir que ilusiona, pero que está como muy alejado. Siempre se relaciona con el típico abogado americano que está allí discutiendo. Esa fue una de las cosas que me atrajo primero en mi carrera, Derecho en este caso, y que me hizo acabar queriendo esta profesión.

El debate es algo muy importante, no solamente en mi vida diaria, sino también en lo que ha definido mi vida y que, hasta ahora, me ha dado muchas de las mejores cosas que he podido tener ahora mismo, en este punto.

¿Cómo ha sido tu trayectoria desde ese inicio, desde que empezaste hasta estar al frente del club?

Fue una situación que cayó un poco como la manzana del árbol, vamos a decir. Fue un grupo de compañeros que nos reunimos y decidimos que en nuestra universidad había ausencia de una asociación o una institución hecha por y para los estudiantes, más allá de todas las asociaciones que velan por distintas cuestiones. El debate era un punto en el que la gente tenía mucho interés, pero no había nada que pudiera canalizar ese interés.

Desde un grupo de compañeros, un grupo de mis mejores amigos actuales, decidimos dar ese paso al frente. Yo fui la persona que unió un poquito a todas esas personas y decidí dar un paso porque pensaba que ésta era la mejor opción, y quise llevarla a cabo. A día de hoy puedo decir que ese Dani de primero de carrera que decidió, junto con ese grupo de amigos que fue conociendo, dar ese paso, tomó una de las decisiones que, si tuviera que volver a tomar, elegiría sin lugar a dudas. A partir de ese momento, comenzamos a trabajar, a llevar a cabo proyectos, a conocer gente estupenda, a desarrollar cosas que hasta ese momento no se nos habían pasado por la mente ni por asomo y a vivir experiencias que, la verdad, cuando termine mi carrera, recordaré con mucha ilusión.

¿Qué supone para ti personalmente dirigir el club y qué es lo más que te ha sorprendido de la experiencia de estar al frente? 

Es una pregunta bastante complicada, la verdad. Puedo decir que lo que más me supone dirigir el club es un esfuerzo constante, un afán siempre de mejorar. Aunque no me quiera considerar una persona perfeccionista, soy una persona bastante obsesiva. Prefiero cambiar el término «perfeccionista» por «obsesiva». Me gusta cuidar los detalles, me gusta ver lo que falla, me gusta ver cómo las cosas van sucediendo y siempre intento que cada uno de los puntos que conforman nuestra organización vayan avanzando, escalón tras escalón. Sobre todo, lo que me ha hecho ver el club, y me refiero especialmente a la dirección, es tener en cuenta que hay que ser muy cuidadoso con cada uno de los aspectos y hay que mimar cada uno de los puntos. Hay que ser obsesivo, siempre con mucho tacto y teniendo en cuenta que estamos aquí para pasarlo bien, pero también teniendo presente que las cosas no son siempre tan sencillas.

De lo que más me he dado cuenta es de que un proyecto entero lleva mucho trabajo, tiene mucha carga, pero lo importante es que, mientras sepas disfrutar y te apasione lo que estás haciendo todo ese esfuerzo merece la pena.

¿Cómo afrontáis la competitividad en el mundo del debate? 

Pues nosotros, como somos un club joven, tenemos como prioridad cuando vamos a un torneo, y actualmente esa es un poco nuestra piedra angular, nuestro valor fundamental, no tanto la competitividad en el sentido de ganar, sino la competitividad en el sentido de aprender, de llevarnos buenas experiencias y de conocer gente que en otro lugar no vas a conocer. Cuando vas a un torneo, tenemos como objetivo ganar, pero, sobre todo, llevarte una experiencia en la que hayas aprendido más que en un aula. Nuestro club, dentro de lo que son nuestros objetivos, ahora que este es nuestro tercer año, tenemos sacar las mejores experiencias posibles e ir conformando poco a poco una juventud debatiente que tenga ganas y que avance hasta llegar a la profesionalización que nos gustaría. Pero, dentro de nuestros objetivos principales, están la experiencia y el aprendizaje.

Si tuvieras que destacar alguna experiencia en el mundo del debate, ¿cuál sería? 

Uno de los primeros torneos en los que participé fue un torneo internacional que se celebraba en mi universidad, en el que participaba gente de Latinoamérica e Hispanoamérica. La verdad es que fue un torneo que mi compañera y yo preparamos en tres días. Lo que más me sorprendió, una vez que nos pusimos a redactar y a preparar el discurso, fue la capacidad de utilizar correctamente las palabras y de armonizarlas de tal manera que nuestro discurso tuviera un sentido espectacular. Eso nos permitió ganar, de manera sorprendente, ese primer torneo en el que participamos. Fueron dos días y dos noches. Voy a fijarme mucho en las noches porque fue todo bastante imprevisto. La experiencia me dejó un sabor de boca bastante dulce y me animó a participar en otros torneos, así como a animar a otras personas a participar en ellos.

Hablando un poco más de tu faceta como debatiente, ¿qué crees que debe tener un buen orador? ¿Y hay alguna cualidad que, para ti, marque la diferencia entre alguien que habla bien y alguien que realmente consigue conectar con quien le escucha?

Yo creo que un buen orador, sobre todo, tiene que ser natural. Cada persona es distinta, cada uno tenemos una forma de comunicarnos completamente diferente. Podemos fijarnos en modelos y en otras personas que tienen su propio estilo, y aunque eso nos puede ayudar a definir nuestro propio modelo, nunca hay que intentar ser alguien que no somos. Siempre hay que intentar comunicar de la mejor forma posible a través de nuestro propio estilo, porque esa siempre va a ser la mejor comunicación que podremos hacer.

Intuyo que, aparte de estar al frente del club, también formarás a los nuevos alumnos que se incorporan.

Sí, efectivamente. Este es mi último año formando porque dentro de poco tendré que hacer las prácticas y el TFG, pero ahora mismo estoy junto a un compañero mío, con el que comenzamos en el club, impartiendo la formación de oratoria. Sobre todo, nos fijamos en que muchas veces como venimos de casa con determinados datos e informaciones, hacemos las cosas de manera mecánica, incluso robótica. Lo primero que hacemos es olvidarnos de todo y, simplemente, decirles: «¿Cómo habláis con vuestro compañero de clase, con vuestro amigo o con vuestra novia?». Se trata de ser naturales, de ser vosotros mismos. A través de eso se mejora muchísimo.

Si mañana entrara una persona nueva en vuestro club y tuvieras que enseñarle una sola cosa antes de subirse a una tarima o de empezar su primer debate, ¿qué sería y por qué?

Le diría, primero de todo, que fuera él mismo y que tuviera en cuenta que la mejor versión de sí mismo será la que muestre cuando esté en la tarima. Si ya tiene las ganas de dar ese paso al frente y de querer dar un discurso delante de gente que no conoce absolutamente de nada, entonces ya está yendo por el camino correcto.

Para terminar, ¿qué legado te gustaría que permaneciera en el club incluso cuando tú ya no estés al frente?

Me gustaría, sobre todo, que permaneciera un legado de «buenrollismo», de gente que, sin conocerse de nada, ha sabido conectar a través del debate, ha decidido aprender un poquito más. Y fuera de aprender a comunicar, tener una experiencia muy interesante en la universidad. Es, sobre todo, llevarse a personas en el corazón que seguirán tanto durante la vida universitaria como, y confío que sí, durante el resto de sus vidas. Gente que te va a cambiar, a la que tú vas a cambiar y que, gracias a ellos, vas a ser mucho mejor.

Pues muchas gracias, Daniel, por tu tiempo.

Muchísimas gracias a vosotros, la verdad. Ha sido un placer poder hacer esta entrevista para El Debatiente y, para cualquier cosa, estamos dispuestos y a tope con el debate.

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