¿Es el transmedicalismo una postura coherente dentro del colectivo trans?

Y ponemos fin al número de hoy con la opinión de Ari Varela Gutiérrez estudiante de Historia de UniOvi y licenciado en Global Studies por la Universidad de Salamanca. Además forma parte del Club de Debate de Asturias e Indalo y en sus 4 años en este mundillo se ha proclamado bicampeón de la Copa BORU en el formato Master y cuenta con varias menciones a mejor juez. ¿Por qué posturas te decantas?
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En las últimas dos décadas podemos encontrar, con cada vez más frecuencia, posturas que defienden ideas marginales, y generan fuertes debates en espacios online que rara vez se replican fuera de las redes. El transmedicalismo es una de dichas ideas marginales que surge y gana relevancia en la segunda mitad de la década de 2010. No obstante, es necesario profundizar en qué es el transmedicalismo.
El transmedicalismo defiende la idea de que la identidad de una persona transgenero está vinculada a una realidad médica, la de la disforia de género. Se entiende la disforia de género como la sensación de malestar física y psicológica generada por la incongruencia que una persona siente cuando su cuerpo no corresponde con su identidad de género, concretamente con sus organos sexuales y características que puedan denotar el sexo de una persona (voz, pelo, altura…). Los transmedicalistas entienden, pues, que una persona, para lograr identificarse como transgénero, debe presentar sintomas de disforia de genero o tener un diagnostico de ello. Ven una necesidad de transicionar médicamente o mostrar voluntad fehaciente de ello para ser considerado como alguien trans.

Quien defiende esta postura lo hace desde un punto de vista utilitarista, exponiendo que, la patologización de la identidad ayuda al acceso a tratamientos médicos necesarios, junto a una facilidad de identificación social. Es decir, ante el dilema de reconocerte a ti mismo y al resto de personas, la identidad basada en la enfermedad es un criterio concreto para cerrar el colectivo. Otro argumento surge en contraposición del aumento de personas que se identifican como trans recientemente. El transmedicalismo propone que este aumento se debe a un entendimiento vago de lo que significa ser trans, realmente no hay un entendimiento colectivo de lo que se supone que es ser transgenero, y esta es la solución, aportar un criterio médico a la comunidad, evitar que la gente se apresure a identificarse cuando no lo sabe con certeza, o no tiene criterios claros para hacerlo.

Sin embargo, ¿es necesaria esta identificación? ¿Realmente existe una duda ante la identificación personal si no viene dada por una enfermedad? La problemática de ver la disforia como un elemento determinante para la identificación es que limita esta capacidad de identificarse, después de todo, no todo el mundo que afirma ser trans siente disforia, simplemente se siente como un género contrario al que se le asignaron al nacer. El transmedicalismo acorta la definición de lo que es el genero con un criterio arbitrario de sufrimiento, entiende que, para ser transgénero, debes sufrir, y si no sufres, es que estas “haciendo tu identidad mal”. La dificultad del acceso a la transición médica, siempre ocurrirá, siempre estaremos condicionados por nuestras capacidades económicas o nuestras posiciones sociales para acceder a ella.

¿Es realmente necesario excluir a personas que no tienen disforia de poder identificarse, formar parte de comunidades o espacios? ¿Es coherente con una comunidad que abandera la inclusión el buscar reducir quien puede incluirse?

Así pues, el debate está servido.

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