¿Perjudica el actual sistema de pensiones a las nuevas generaciones?

Dado el debate reciente sobre las pensiones, los jóvenes nos preocupamos ante un futuro cada vez más incierto y desconcertante. Hoy, Tomás Aparicio, miembro del Club de Debate Retórica de Vigo, nos brinda su opinión en ese aspecto.
pensiones

Acostumbra a decirse que, tras la tormenta, siempre llega la calma. Sin embargo, la deuda económica que pesa sobre España impide, o eso parece, ver algo de luz.

Una de las brechas que está surgiendo con más fuerza en los últimos meses es, paradójicamente, la generacional. Ahora que representantes de uno y otro signo defienden la equidad intergeneracional, esta distancia parece que aumenta cada vez más y más.

El último golpe sobre la mesa ha sido la reforma del sistema de pensiones. A comienzos de este año entró en vigor la nueva reforma de las pensiones, que establece que éstas se revalorizarán cada año teniendo en cuenta la evolución de la inflación. La pregunta que surge es: ¿cómo se va a asumir este aumento?

La respuesta se encuentra en el denominado mecanismo que equidad intergeneracional. Esto implica que tanto las empresas como los trabajadores pagarán más en sus respectivas cotizaciones sociales. Si bien es cierto que, aparentemente, un aumento de las cotizaciones no es malo, puesto que ello debería tener como consecuencia mejores pensiones para los jóvenes del futuro, la realidad es algo más gris.

La pirámide generacional en España está invertida. Esto significa que, a medida que pasa el tiempo, hay más personas mayores que jóvenes. Por tanto, si cada vez hay menos población activa y más población mayor de 65 años que ya no trabaje, el esfuerzo que tendrá que hacer la gente joven será, progresivamente, cada vez mayor. Si tenemos en cuenta que, en los próximos años, una buena parte de la población perteneciente a la generación baby boom se jubilará, la situación sólo puede continuar agravándose.

La deuda, no obstante, como indican algunos expertos, no es necesariamente mala. Sin embargo, no estamos contrayendo deuda para invertir en mejorar nuestra productividad y el futuro de los jóvenes, sino en aumentar unas prestaciones sociales que, por definición, cada vez, serán sostenidas por un menor porcentaje poblacional.

La calma, como decía, parece que va a tardar en llegar. Ante la situación actual, todo pasa por tener una visión que abarque el mayor número de escenarios posibles; una visión que contemple no sólo el presente sino el futuro que se cierne sobre nosotros. Es necesario que las nuevas generaciones tengan certezas no sólo a corto , sino también a largo plazo. Los proyectos familiares y de vida pasan por ahí; por tener unas garantías que nuestros padres pudieron disfrutar y que nosotros no sabemos si podremos.

El sistema de pensiones, antes o después, llegará a su fin. La pregunta es: ¿perjudica a los jóvenes? Y si es así ¿cómo podemos mejorarlo?

Así pues, el debate está servido.

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