Muy buenos días, estamos con Adrián Ruiz. Lo primero de todo, bienvenido.
Muchas gracias, buenos días.
Para comenzar bien, queremos preguntarte: ¿en qué momento te enamoraste del debate?
Fue totalmente de improviso. Estaba en Bachillerato y una compañera de clase casi a la fuerza me dijo: «Oye, el viernes hay esto y te vas a apuntar», porque por lo visto se me daban bien las exposiciones orales. Me gustó desde el primer momento. Me atrajo mucho el orden que tiene y la libertad de cada uno para argumentar por donde quiera. Entre esa libertad y las habilidades que te aporta, me quedé enganchado desde el minuto uno.
Quizá esto sea algo que no se nos pregunta lo suficiente a los debatientes, pero ¿qué tema te gustaría debatir y por qué?
¡Guau! Hay uno que me gustaría preparar con mucho tiempo: si nos podemos considerar realmente libres o cómo se define realmente la libertad. Creo que es una pregunta súper profunda. A diferencia de otros temas complejos, como la existencia de Dios, donde quizás es más fácil llegar a una respuesta, este puede ser un debate de muchísimo nivel y dificultad que nos deje a todos realmente impactados. Es una cuestión con muchas capas.
¿Qué características debe tener para ti el mejor orador de un torneo?
Tiene que ser una persona súper natural. Las intervenciones que más me gusta ver no son aquellas donde el argumento está mejor construido o la destrucción es más agresiva. La naturalidad es un elemento muy valioso porque es complicado entrenarlo. Cuando veo a un orador con esa capacidad, que parece que te está explicando el tema en el salón de tu casa como si fueseis amigos de toda la vida, me parece algo brillante.
A la hora de educar y formar, ¿qué momento es esencial en la preparación de novatos?
Explicar bien qué es un impacto. En mi experiencia, cuando formas a personas que se acaban de meter en el mundo del debate, a muchos les cuesta relacionar el razonamiento, la afirmación y la evidencia para transformarlos finalmente en un impacto. Ese es el quid de la cuestión y donde más hay que hacer hincapié cuando se prepara un torneo con principiantes.
¿Cómo colabora un club como el tuyo con el circuito del debate?
Intentamos ir a la mayoría de torneos posibles y aportamos nuestro granito de arena a través de las redes sociales. Somos un club bastante presente; nuestra compañera Flor y nuestro coordinador, Miguel, están constantemente subiendo historias, reels y fotos. Esto hace que cada torneo no lo vivan solo los cuatro o cinco que asisten, sino que todo el club participe a través de Instagram o WhatsApp. La difusión es lo que mejor sabemos llevar a cabo.
¿Qué papel crees que están tomando las tecnologías en el mundo del debate?
Es un papel complicado que tendremos que definir de aquí a unos años. De momento, está siendo un factor homogeneizador. Preparar una pregunta compleja puede ser difícil y depende mucho de la suerte si no encuentras las evidencias necesarias. Sin embargo, las nuevas tecnologías y la IA pueden ser muy útiles para un arranque inicial a la hora de buscar información, siempre que se sepa discernir si lo que dicen es verdad o no.
¿Qué importancia tiene el rol del formador?
Es fundamental, sobre todo porque es una figura externa al equipo. A muchos nos pasa que, al preparar una postura, nos acabamos «enamorando» de ella y nos cuesta ver sus fallos. Un buen formador te dirá con espíritu crítico: «Tu postura está bien, pero falla aquí». Sin esa figura, podrías ir a un torneo pensando que tienes la panacea cuando realmente no es así.
¿Qué debate o torneo recuerdas con más cariño?
El primer torneo que preparé bien, aquí en Navarra. La pregunta era sobre si se deberían disminuir las ayudas económicas en tiempos de crisis. Tengo un recuerdo genial porque, aunque éramos chavales de 17 años, los organizadores confiaron en nuestra madurez para atajar un tema tan complejo. Salieron debates muy buenos.
Por último, ¿qué personas te han marcado en este mundo?
Fundamentalmente dos. Primero, Miguel Matellanes, que ahora es formador en la UPNA. Él ha conducido la transformación del club desde un modelo puramente didáctico a uno también competitivo, abriendo vías para que aprendamos más y vayamos a más torneos. Ha sido un gran formador y es un amigo personal.
La segunda persona es Nicolás de Augusto. Ya no está tan activo, pero fue mi referente a nivel de oratoria en mis primeros años universitarios. Al verlo debatir pensé: «Yo quiero debatir así».
Pues Adrián Ruiz, muchísimas gracias.
A vosotros.