¿Es la discriminación positiva un instrumento legítimo para conseguir la igualdad?

Juan José Tello Porcuna, debatiente de CDU y estudiante de 4º curso en Doble Grado Derecho + ADE en la UCO, trae a debate la institución jurídica que pretende la acción positiva para paliar el supuesto de desigualdad entre sexos.
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Vaya por delante todo el respeto del mundo a la hora de tratar uno de los temas quizás mas escabrosos hoy, no obstante, creo que el debatiente, quizás uno de los individuos más preparados en cuanto a análisis de la situación actual, parece que ejerce un mero juego de rol cuando acude a un atril y que sin embargo da por buenas ciertas medidas que quizás requieran de una mayor reflexión. He aquí la humilde opinión de uno de ellos, que no trata sino de aplicar todo lo aprendido.
Primeramente, creo que habría que hacer algunas matizaciones, mientras que todos tenemos claro lo que implica la acción positiva (que no deja de ser un eufemismo), el concepto de igualdad quizás se nos queda un poco más cojo en este sentido. La discriminación positiva es la acción de los poderes públicos que trata de paliar una desigualdad existente. Igualdad lo es de oportunidades, que no de resultados. Algo que puede parecer bastante obvio pero que va a tener importantes implicaciones en lo que está por venir. Por otra parte, igualdad no es uniformidad, sino la consideración de que nadie es menos que nadie por los aspectos que son eminentemente personales.Hoy día (ya era hora), nos hemos dado cuenta de que la mencionada igualdad de oportunidades era un asunto para nada baladí que implicaba nada menos que a la mitad de la sociedad, pero no solo, también a porcentajes minoritarios de la población como los minusválidos físicos o psíquicos. Hasta aquí todo bien, no tanto, sin embargo, cuando vemos las medidas que se utilizan para alcanzar dicha igualdad. Y es que, si la desigualdad es un hecho, no menos notorio es el debate que se ha trazado en cuanto a los medios para lograrla.
La pregunta es bien sencilla, ¿el fin justifica los medios? Para mí, rotundamente no. Las mujeres o los minusválidos (beneficiarios de estas medidas) no tienen culpa de haber nacido como tales y menos de la discriminación que puedan sufrir, pero, no podemos acudir a un medio que es igualmente injusto para parte de la sociedad que no ha causado el problema, que no participa de él y a la que tampoco se le pueden pedir responsabilidades por el hecho de nacer de una determinada manera en el seno de una determinada sociedad. Los seres humanos no somos seres atemporales, con lo que no deberíamos hacernos cargo de las irresponsabilidades o las malas conductas de nuestros antepasados e incluso de nuestros contemporáneos, únicamente de los que nosotros como individuos perpetuemos sean buenos o no, con lo que tampoco vale quedarse parado, pero ¿si no es culpa mía, por qué he de sufrir las consecuencias de ello? En este punto hay un aspecto importante que es la incongruencia de la sociedad. Cuando un musulmán atenta, en seguida tachamos de radical a todo aquel que con consignas racistas y discriminatorias le cuelga un sambenito al colectivo islámico en su totalidad (y lo tachamos con razón), es más, seguramente haya parte de la sociedad que en un pozo de ignorancia se sienta insegura en un transporte público con un musulmán, si esto no lo hacemos sino que lo vemos discriminatorio e infundado en contra de todas las normas de la lógica, ¿por qué sin embargo sí que lo vemos como aceptable, deseable y legítimo cuando se trata de excluir hombres?
Ojo, creo que en este punto es importante resaltar un aspecto, ¿nuestra discriminación ante ciertas personas por el mero hecho de lo que son (física o psíquicamente) es legítima? Cualquiera diría que el hecho de ser mujer, bajito, o negro no puede suponer un hándicap ante una situación de igualdad de capacidades. Sin embargo, en el caso concreto de las empresas que se dedican a la imagen, discriminan por razones físicas. A nadie se le ocurriría contratarme a mi como modelo o como portero de discoteca ¿es eso discriminación por mi físico? Estricto sensu, deberíamos decir que sí. Me sirve sin embargo para introducir otro punto de vista y es la libertad que tiene un empresario de contratar libremente a quien quiera. En este punto se presenta una carga importante, no mía de demostrar que no hay discriminación, sino de quien la afirma que implica demostrar que esta es debido a un factor discriminatorio que favorece al hombre blanco en detrimento del resto de agentes de la sociedad porque le cree superior. La pluralidad de factores que puede incidir en casos como, por ejemplo, el mayor número de hombres en puestos de dirección es inmensa, por citar alguno, que la mayor presencia histórica de hombres en el trabajo (que es probablemente machista) haya derivado en una mayor probabilidad de que los mismos haya ocupado puestos de poder, por razones meramente estadísticas. Y de nuevo volvemos al asunto de la culpabilidad de estos de la sociedad en la que les ha tocado vivir.
No obstante, los Estados moderno, por las funciones que tienen atribuidas, entre ellas, la de asegurar la igualdad de oportunidades y suponiendo que esa discriminación existe, no deberían quedarse impasibles. La solución es bien compleja y teniendo en cuenta que no es legítimo ir en detrimento de quien no es culpable, quizás pasaría por que los poderes públicos establecieran medidas que permitieran que, ante una igualdad de capacidades se ofreciera un distinto trato para que hubiera una igualdad de oportunidades. No veo lógico contratar a quien es “peor” para ese trabajo frente al que es mejor, pero sí que lo es ante una situación de igualdad competencial, beneficiar al que de base cuenta con menores posibilidades. 
Sin duda, la igualdad de oportunidades es uno de los grandes objetivos que debería perseguir la humanidad. Servidor no tiene ni idea de cómo lograrlo, pero creo que la discriminación positiva entendida como lo es hoy no es adecuada, de eso estoy seguro, y sin duda es mayúscula la dificultad del asunto. Que lo difícil del problema no nos detenga en la búsqueda de soluciones.

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