¿Necesita la sociedad actual recuperar la cultura del esfuerzo?

La cultura del esfuerzo se basa en la perseverancia y en el trabajo. Paula Sanchiz, estudiante de Derecho y ADE en la Universidad de Códoba y Vicepresidenta de CDU, nos plantea recuperarla poniendo sobre la mesa este debate.
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Decía Gandhi que nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total, es una victoria completa, sin embargo, a veces parece que la sociedad rechaza este paradigma.

Sin duda, la presente era moderna, tecnológica y social reúne un sinfín de avances con el objetivo de buscar la comodidad y la inmediatez ¿Para qué esperar por ese abrigo una semana, si puedes pagar para que te llegue mañana?, plataformas como Bizum, Amazon o Glovo son ejemplos de cómo podemos tener todo al alcance de nuestra mano sin ni siquiera salir de casa.

A su vez, estos avances han transformado por completo nuestra forma de vivir, los valores y lo que se considera ético y moral en los últimos años.

La ética cortoplacista actual se basa en una forma de vida cambiante y efímera, que busca la recompensa inmediata en todo lo que hacemos. Esta ética puede verse reflejada en nuestras relaciones personales que acaban convirtiéndose en breves episodios, en los que prima la búsqueda del beneficio personal. ¿Para qué pasar por la angustia de conquistar a alguien cara a cara si puedes dar “like” y llamar su atención de una forma más fácil? Cuando no basta con reaccionar a una historia para llamar la atención de alguien, en la mayoría de los casos se pierde el interés, y no se lleva a cabo el esfuerzo necesario para conocer a esa persona.

También ocurre en la educación, donde se está deteriorando la meritocracia del alumnado al tener la posibilidad de pasar de curso sin límite de asignaturas suspensas, transmitiendo así el mensaje de buscar el camino fácil para alcanzar el éxito.

Nos dejamos llevar por la gratificación inmediata y desplazamos el valor que tiene el sacrificio del trabajo perseverante, sin embargo, las recompensas a corto y a largo plazo no son equitativas. Y es que lo que se consigue de manera fácil y efímera tiende a ser de menos valor que aquello que requiere un esfuerzo constante que, tras un período de dedicación, nos permite alcanzar metas más gratificantes, estables y duraderas en el tiempo.

Somos afortunados al vivir en el siglo en el que impera el estado de bienestar y confort merced a un deslizamiento en la pantalla de nuestro móvil, pero ¿hasta qué punto somos conscientes de las consecuencias del desvanecimiento del esfuerzo? ¿Merece la pena optar por la gratificación instantánea en perjuicio de la recompensa obtenida en un largo plazo?

Así pues, el debate está servido.

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