VIII Torneo Nacional Cánovas Fundación

Cánovas Fundación nos sorprende cada año mejorando inmejorables torneos y esta edición ha hecho debatir a los participantes incluso fuera de las aulas...
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Escucho un pitido intermitente. Es la alarma del despertador. Es viernes y me estoy levantado a las seis. Está justificado, hoy es un día grande. Reviso el grupo. 1, 2, 3, 4, 5, 6… 6 personas. Es el equipo más grande que hemos tenido hasta ahora, y no me extraña. Me pongo el traje, cojo las llaves y salgo de casa. Ha comenzado la cobertura del VIII Torneo Cánovas.

Me coordino desde el autobús con el resto de mi equipo. Todos siguen aún dormidos. Uno de ellos se despierta. «¿Qué carajo haces yendo para el torneo a las seis si empieza a las cuatro de la tarde?» — me dice en un audio con la voz aún ronca. «Es verdad, soy imbécil» — pienso, mientras apoyo mi cabeza en una de las barras del bus.

Buscando en mi cabeza algún plan para hacer algo más que estar sentado en una cafetería se me ocurre una idea. La sede de Cánovas no está lejos del Colegio SEK (donde se celebra el torneo). Igual allí hay alguna historia que contar. Y vaya si la había. Al llegar cerca de las siete y media esperaba encontrar el sitio vacío. Para mi sorpresa ya hay gente moviendo cajas con acreditaciones, sudaderas, cronos, hojas, carpetas… Es el equipo de organización del torneo. Mientras tanto yo permanezco quieto, mirando perplejo como la gente corría de un sitio a otro. «Vamos un poco cortos de manos, ¿te importa ayudarnos a llevar todo esto?» — me dice Chándani, la jefa de staff. Cojo una de las cajas y comienzo a bajar las escaleras. Lleva algo que esa. Una copa quizás. ¿Quién sabe?

Andando de camino voy hablando con algunos de los staff que habían venido a ayudar. ¿Les merece la pena estar aquí tan temprano? — pienso mientras los miro sonreir. Incluso si es para cargar cajas tienen ganas de levantarse y venir. Y me tomo un momento para admirar en silencio mientras seguimos andando hacia el colegio. Cuando llegamos allí encuentro a mi equipo. Están montando el trípode, adaptándose a la iluminación, charlando con el staff que ya estaba montando mesas, acondicionando la sala… El equipo no paraba, y empecé a animarme.

“Tenemos las contraseñas de redes de Cánovas” — me avisan. Todo va sobre ruedas. Me siento en un banquito. Ahora solo tienen que llegar los participantes. Inevitablemente sonrío. Vienen 24 equipos de sitios de toda España a debatir. La presión es enorme. Las cosas tienen que salir bien. Mientras reflexiono los equipos vienen llegando por goteo. Cada vez que recogen sus acreditaciones les hacemos una foto y les indicamos que vayan a la sala de vídeo. Allí, debatientes que llevaban tiempo sin verse, y otros que se ven quizás demasiado a menudo, se abrazan y charlan sobre las elecciones, la pregunta, y ambas al mismo tiempo. ¿Sería conveniente volver al bipartidismo en España?

Las conversaciones callan cuando Pablo Sánchez, director del torneo, alza su voz. Varios avisos. Sale la representante de prensa. “¿Tú no serás Ana la de El Debatiente, no?” — resuena desde el público. Pablo avisa. “Podéis identificar al equipo de prensa porque llevan las acreditaciones con lazos amarillos”. Los debatientes se ríen. Nos mola la independencia de la prensa, en la otra no entramos. Va a saltar la primera ronda. Todo el mundo se silencia al mismo tiempo. La calma antes de la tormenta. La pantalla no funciona. Cantan la ronda, y los debatientes salen en tromba hacia las salas. Comienza la acción.

En las rondas eliminatorias del viernes empiezan a decidirse las cosas. Solo hay tres pero marcan que equipos irán en cabeza y cuales tendrán que luchar por clasificarse a los cuartos. En los descansos, los oradores nos cuentan cómo han visto las rondas. Muchos están cansados después del viaje pero lo están dando todo. Y se nota en los turnos. Para cuando acaba el día ya nadie puede articular una palabra más. Los participantes se van a casa a descansar. Prensa sigue funcionando. “Hoy hay que dejar preparados los diseños para mañana” — dice uno de los compañeros. El Debatiente no duerme. Como de costumbre.

El sábado por la mañana la tensión aumenta. Ahora todos están pendientes de lo que ocurra en las tres rondas antes de la comida. Incluso las palomas quieren entrar a ver los debates, aunque algunos oradores no estén del todo cómodos con su presencia. En las salas se respira competitividad, aunque también postureo. Desde argumentos que ocupan casi cuatro minutos, hasta sesiones fotográficas dentro de sala. Para cuando quiero darme cuenta las rondas eliminatorias han acabado y nos dirigen al patio. Huele a paella desde las escaleras del edificio. Como rápido, hay que prepararse para cuartos.

Cuando acaban todos vuelven a la sala de vídeo. Las caras son dispares. Unas de angustia. Otras de confianza. Alguna de necesitar una buena siesta. Pero cuando Pablo avisa a los equipos todas cambian. Ahora están atentas a la pantalla. Sale la clasificación y solo han pasado ocho equipos. Aun así, los equipos no se van. Las salas se llenan de los participantes que se han quedado fuera. Quieren escuchar los debates que se originan de allí en adelante.

Los cuartos dan dos resultados. Primera semifinal: Cánovas Madrid – UCO. Segunda semifinal: UAM – CDU 2. En la primera, para Beatriz Jiménez el debate tiene demasiado piqui piqui piqui. “Te boté quizás sería una canción más acertada teniendo en cuenta que las elecciones son mañana” — pienso. Pero la banda sonora no es lo importante. Lo importante es quién pasa. Mientras que esperamos los staff corren. Están preparando el museo. Se acerca la final. 

Y llega. Los dos equipos que han ganado las semifinales se van a enfrentar. UCO contra UAM. No hay nada decidido. En la final vemos nervios. Vemos sonrisas. Vemos abrazos. Vemos amistad. Vemos confianza. Vemos deportividad. Vemos debate. Y acaba.

Ahora hay que mencionar un ganador del torneo. Pero antes hay algo que hacer. Sacan aquella caja que había cargado. Llaman a Paco Valiente. Van a entregar algo. El premio de la Liga Nacional del Debate. Al levantar la copa algunas bocas se abren más de lo que hubiera parecido posible. Es casi tan grande como la sonrisa de Paco al recibirla. 

El año que viene habrá otra. Pero ahora eso no es lo importante. Con el trofeo entregado solo quedan los resultados del torneo. 

El equipo ideal:

Intro: Miguel García-Granero (CMU Alcalá)

R1: Sofía Aroz (CDU 2) y Javier Ruiz (UCO)

R2: Juan Antonio González (Cánovas-UMA 1)

Conclu: Àlex Esteve (ESADE 3) y Alberto Perea (Cánovas-UMA 1)

Mejor orador: Juanjo García Amorós (UAM)

La expectación es máxima. El alcalde sube al atril. Tras un breve discurso anuncia al campeón. La Universidad Autónoma de Madrid ha ganado el VIII Torneo Cánovas. Se dan un abrazo con los subcampeones de la UCO. Cristina Oñate, R1 de la UAM sonríe. “Para que luego digan que la UAM no sabe debatir académico”. Acaba el torneo.

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