Buenas tardes, debatientes. Estamos con Estreya, presidenta de la Asociación de Debate de la Universidad de Zaragoza. ¡Bienvenida!
Hola, muchas gracias.
Para empezar, cuéntanos, ¿quién es Estreya dentro y fuera del mundo del debate, cómo llegaste y, sobre todo, qué hizo que te quedaras?
Estreya, tanto dentro como fuera del mundo del debate, es la misma persona. Me considero una persona bastante normal. Soy la típica persona que no destaca, por así decirlo; no sobresalgo en muchísimos ámbitos. Pero sí que es verdad que el debate encendió algo en mí hace muchísimos años. Yo empecé en ADUZ sin saber lo que era el circuito de debate, ni que existía el debate universitario, absolutamente nada. En mi instituto jamás llegó el debate y me perdí esa oportunidad. Sin embargo, siempre que hacíamos actividades de oratoria, de pensar o algún debate improvisado, yo era la primera en salir. Me encantaban ese tipo de actividades. Llegué un día a la universidad súper desubicada, sin saber qué me esperaba de la carrera ni de nada, y de lo primero que me enteré fue de que existía la Asociación de Debate de Zaragoza; ha sido el punto más importante de mi entrada en la carrera, porque ha sido mi constante, de decir: «Esto es lo que tengo seguro al cien por cien. No sé cómo me va a ir en la carrera ni en la vida, pero lo que tengo claro es que voy a entrar en esa asociación, porque me encanta hablar, me encanta discutir y me encanta llevar la razón muchas veces. Y quiero aprender a formularlo de la manera adecuada, por así decirlo».
Llegué a este mundillo de rebote, porque me gustaba la oratoria y me gustaba muchísimo hablar. Y me quedé porque, dentro de la universidad, vi una dinámica con los profesores que no me terminaba de convencer en comparación con lo que había vivido en el instituto. Allí los profesores eran muy cercanos, que estaban contigo todos los días. Llegas a la universidad y hay un distanciamiento bastante grande, no tienes esa cercanía y te sientes bastante alejado. Llegué al debate pensando que me iban a dar clases profesores y me encontré con alumnos como yo, que habían pasado por el mismo trance que yo, y que daban clases con toda la naturalidad del mundo, te animaban a participar y no te juzgaban absolutamente por nada. Y yo aquí encontré una comunidad y pensé: «Es que esta es mi comunidad». Después de cinco años, es mi familia, y creo que entrar en ADUZ, quedarme y seguir formando parte de ella ha sido una de las mejores decisiones que he podido tomar.
Ahora que estás al frente de la asociación, ¿cómo describirías el club a alguien que todavía no lo conoce?
La primera palabra que se me viene a la cabeza es familia, porque yo he hecho familia aquí, de amigos sobre todo. Para mí, ADUZ es como una segunda casa. Es una entrevista escrita y no se ve pero, por ejemplo, ahora mismo estoy en el aula de debate y me paso todo el día aquí. Estoy todos los días con la misma gente y, al final, he creado una comunidad preciosa. Para alguien que no nos conoce y que tenga esa curiosidad por probar la oratoria, perder el miedo a hablar en público, etc., ADUZ es una asociación muy pequeñita. Poco a poco vamos creciendo, cada año, y somos muy familiares, y sobre todo apostamos por hacer mucha piña entre nosotros y apoyarnos, independientemente de la carrera que estudiemos. Es verdad que la inmensa mayoría somos de Derecho, pero eso no importa. Cuando llegué, mis formadores fueron como mis segundos padres. Me acogieron, me tutelaron y, gracias a ellos, creo que sigo con la carrera a día de hoy. No solo me ha dado las herramientas necesarias para mejorar en el ámbito de la oratoria, sino que además me ha permitido encontrar esta segunda familia. Para alguien que no conozca ADUZ, creo que la única palabra que podría describirlo es familia, y también un ambiente muy natural. De hecho, muchísimas veces no tengo palabras para expresar lo que significa esta asociación.
Los días 18 y 19 de septiembre celebrasteis vuestro segundo Torneo Nacional. ¿Qué supone para vosotros organizar una cita así y qué balance hacéis de esta segunda edición con respecto a la primera?
Para nosotros es un honor que la LEDU vuelva a contar con nosotros en una segunda edición. En la primera se nos dio la oportunidad de formar parte del circuito después de muchísimos años. El año pasado, gracias al esfuerzo de muchísimas personas que estaban detrás de la organización, se hizo un torneo maravilloso en el que salió todo estupendamente bien. Gracias a ese trabajo, han vuelto a confiar en nosotros para organizar un torneo de calidad, en el que no solo vengas a una competición extrema, porque al final es un circuito muy competitivo, sino también a Zaragoza a pasártelo bien, a estar con la gente y a generar un espacio seguro en el que todos podamos encontrarnos en el objetivo que nos une, que es la oratoria.
Lo que más hemos aprendido de la primera a la segunda edición es la importancia de la calidad del equipo. Si el equipo de ADUZ y las personas que hay detrás no estuvieran tan implicados, el torneo no seguiría adelante a día de hoy y no se hubiera dado igual. La calidad de la gente que hay detrás y todo el esfuerzo que dedica es lo que realmente ha hecho posible que se celebre una segunda edición. Esperamos que también haya una tercera edición y que podamos mantener un legado muy bonito, porque tenemos personas que realmente se implican, a las que les encanta este circuito y se dejan la piel durante muchísimos meses para que, durante dos días, cientos de personas se reúnan aquí y pasen uno de los mejores fines de semana del año.
La pregunta del torneo fue «¿Es positiva la normalización de las operaciones estéticas en la sociedad?». ¿Por qué decidisteis abordar ese tema y por qué os interesaba que los debatientes reflexionaran sobre él? No es una pregunta muy normativa y está alejada de las típicas preguntas relacionadas con el Derecho y la Política. Ante ello, ¿cómo han respondido los equipos?
Yo te diría que romper un poquito con el esquema que se suele seguir, con las mismas temáticas de siempre, permite que llegues a un torneo en el que, para empezar, abordas un tema de actualidad, porque las operaciones estéticas están a la orden del día. Por otra parte, creo que supone cierto alivio y cierta desconexión: puedes abordar un tema totalmente diferente y hacer una investigación más profunda sobre cuestiones que no se tratan tan a menudo. Además, invita a reflexionar sobre un tema que está muy presente actualmente en la sociedad y que afecta muchísimo a los jóvenes de nuestra edad. La gente se fue con muy buenas sensaciones, que la pregunta gustó y que, en general, el feedback que recibimos fue muy positivo.
Hablemos un poco de tu faceta como debatiente. ¿Cómo definirías tu estilo a la hora de debatir y dirías que tienes alguna seña de identidad?
La postura en la que más cómoda me siento, aunque después de tantos años he pasado por todas las que hay, son las refutaciones. Sin duda, es el rol que más disfruto. La refutación es el rol que más natural me sale, por el mismo motivo por el que me metí en la asociación: una de mis grandes pasiones es discutir, pero discutir con sentido y con criterio. Al final, las refutaciones, las segundas intervenciones (en BP) o incluso una contrarrefutación en académico me han enseñado muchísimo a cómo canalizar esa discusión en un debate centrado y en mejorar mi oratoria.
En cuanto a mi seña de identidad, me considero la típica debatiente a la que le gusta increpar, hacer preguntas, hacer ruido, hacerse oír… por eso me encantan las refutaciones y darle juego al debate.
¿Qué es lo que más te cuesta cuando te enfrentas a un debate?
La incertidumbre de no saber con quién o con qué me voy a encontrar. Pese a que llevo años en la asociación y he pasado por varios torneos, siempre me entra ese nervio de no saber qué equipo me voy a encontrar, cómo me voy a sentir ese día o si me van a salir las palabras que quiero que me salgan. Esa incertidumbre, sobre todo en los minutos previos a salir a un debate, es lo que más me cuesta gestionar, aunque con los años he aprendido a controlar mucho mejor los nervios, el miedo escénico y todo lo que conllevan. De hecho, he aprendido a solventarlo quedándome en blanco, sin saber responder. Forma parte del proceso: quedarte en blanco, que te avasallen en un debate y no saber qué decir. Pero de ahí aprendes. Después de un debate viene otro, y otro, y otro, y al final esos nervios se mitigan. Una vez que entro en el debate, cuando ya estoy en el atril, y empiezo a hablar y a expresarme, todos esos nervios desaparecen, porque soy yo frente al equipo contrario y ya no tengo nada más que pensar. Lo que más me cuesta son esos minutos previos al debate, por los nervios y la incertidumbre.
¿Tienes algún referente dentro del mundo del debate? Y, sobre todo, ¿qué es lo más valioso que te han enseñado a lo largo de tu trayectoria?
Podría mencionar a bastantes personas porque, gracias a Dios, durante estos años me he movido bastante por el circuito y he conocido a gente maravillosa que me ha enseñado muchísimas cosas. Pero la primera persona que se me viene a la cabeza es Raúl Ortega. Fue mi formador, la persona que me apadrinó y que me enseñó todo. También fue quien hizo que siguiera viniendo cada día, porque hubo un momento en el que estuve a punto de desvincularme del debate, ya que me costaba compaginarlo con la universidad. Hasta que un día llegó Raúl y me dijo: «No, tú te vas a quedar, porque a ti esto te gusta y se te da bien». Y, de repente, me encontré en el primer BP ADUZ sin saber muy bien cómo, y gracias a él sigo aquí. Es la persona que me ha enseñado a formar, a seguir y, sobre todo, a investigar por mi propia cuenta, porque cada vez que Raúl hacía una demostración o debatía, me inspiraba muchísimo. Es la persona que más me ha inspirado porque tiene un nivel de oratoria impresionante, y no es solo el nivel de oratoria que tiene, sino lo que transmite y cómo llega a la gente, porque todas las personas que han conocido a Raúl Ortega y han pasado por la asociación de debate se han quedado porque es, literalmente, el padre de ADUZ o, por lo menos, para mí lo ha sido. Yo creo que sin él no estaría aquí.
Mirando atrás y teniendo en cuenta todo tu recorrido, no solo dentro del mundo del debate, sino también a nivel personal, ¿qué crees que pensaría la Estreya de hace diez años si te viera ahora mismo?
Se asustaría un poco de todo en lo que me he metido, porque la Estreya de hace diez años estaba entrando recién en el instituto. Le pasó un poco como en la universidad: entró en un sitio en el que no conocía absolutamente a nadie, no sabía si iba a tener amigos, no sabía dónde se iba a meter y no tenía nada claro. Si me viera diez años después, se asustaría, pero en el buen sentido, al pensar en cuántas cosas me he metido, cómo he llegado hasta donde estoy y cómo sigo aquí. También por la carga de trabajo que llevo, en general, no solo con el debate o los estudios. Estaría muy contenta, porque la Estreya de hace diez años no tenía claro nada, ni siquiera si iba a tener su grupito o si encontraría su sitio. Verme ahora rodeada de gente, formando parte de una comunidad y estando en el lugar en el que realmente quiero estar, luchando por lo que quiero conseguir el día de mañana, creo que, aunque estaría un poquito asustada, también estaría muy orgullosa de hasta dónde he llegado.
Para terminar, ¿qué os gustaría aportar como club al mundo del debate en los próximos años?
La esencia de ADUZ no es solo el debate de alta competición, que también, porque gracias a Dios, en los últimos años hemos formado una cantera de gente muy implicada que está saliendo a torneos y consiguiendo logros que quizá hace siete años no imaginábamos que pudiéramos alcanzar.
Realmente, nuestro propósito es hacernos oír y hacernos ver. Que se vea que Zaragoza existe, que hay una asociación y que hay gente con muchísima ambición fuera de las grandes ciudades. Queremos dejar huella, de alguna manera, tanto por calidad humana en los circuitos como a nivel competitivo, y hacernos un pequeño hueco dentro de este gran circuito, estar cada día un poquito más dentro y asentarnos para quedarnos, crecer y conseguir que cada vez se nos conozca más. También que cualquier persona que tenga incertidumbre sobre si venir o no a la Asociación de Debate de Zaragoza, que no se lo piense. Porque aquí no solo le vamos a enseñar debate y oratoria, sino que nuestro objetivo principal es que encuentre su sitio y una comunidad en la que sentirse acogido y, sobre todo, seguro de que Independientemente de lo que pase fuera del aula de debate, dentro de ADUZ siempre vas a tener un pequeño sitio, estés donde estés.
Pues Estreya, muchas gracias por tu tiempo.
A vosotros.