¿Vivimos anestesiados por culpa de discursos cargados de demagogia política?

La debatiente de CDU Mercedes López, estudiante de Derecho y Relaciones Internacionales en Loyola, reflexiona sobre profundidad del discurso, polarización y equilibrio entre técnica y comprensión. Y tú, ¿qué opinas?
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Desde sesiones de control y ruedas de prensa hasta vídeo explicativos en TikTok y canciones. Vivimos en un constante bombardeo de discursos políticos emocionales que venden su propia ideología (o buscan desprestigiar la del contrario), pero si miramos la gran mayoría de estos discursos bajo lupa, ¿qué nos queda de ellos? 

De esta dinámica que busca apelar a la emoción para asegurarse el repost en lugar de argumentar razonadamente el porqué de nuevas medidas económicas, no se libra ninguna corriente. Está en tendencia y tiene nombre: demagogia. 

La demagogia es la práctica política que busca ganar o mantener poder mediante concesiones y halagos a los sentimientos de los ciudadanos y, en distintos formatos, podemos observarla en cualquier ámbito de la política española. 

Un ejemplo sería el discurso pronunciado en el Foro de Economía Social y de los Cuidados por la actual vicepresidenta del gobierno Yolanda Díaz en el que defendía una “economía que abraza, que es inclusiva y feminista”. Fuera de lo esperado en un foro de esta clase, en lugar de usar cifras concretas, prefirió utilizar dichos términos ambiguos. Da gusto imaginar una economía así, pero es difícil hacerlo ya que no hay información sobre la que comenzar a construir este sueño utópico. 

En la otra cara de la moneda ideológica, vemos ejemplos como la cantante Angie Corine. No me malinterpreten, en ningún momento esperaría que una cantante utilice su música para describir estadísticas exactas sobre okupación o criminalidad, pero que su música esté siendo utilizada por partidos políticos mediante eventos (“cañas por España” sería el más reciente) para captar el voto joven, solo polariza aún más la sociedad, alimentando tópicos muy sonados sin ahondar en argumentos realmente fundados. 

Igual que necesitamos dejar atrás la demagogia, tampoco podemos volver a los discursos como los de Cristóbal Montoro, que entraba en términos tan específicos que era casi imposible seguirle el ritmo. Es necesario que la ciudadanía comprenda estos discursos, ya que al final somos quienes votamos y necesitamos comprender a qué o a quién. Como un médico jamás va a entender igual que un abogado una ley, ni un abogado entenderá la inflación como un economista, necesitamos discursos no tan técnicos, pero no tan vacíos. 

El problema es que no podemos ser maestros de todo, pero tampoco podemos permitirnos no tener opinión sobre nada. Por ello decidimos quedamos con el “zasca” parlamentario del último martes que escuchamos en los 15 minutos libres que tenemos en el bus. Existen los puntos medios. Gracias a Dios el ser humano aún no ha perdido del todo esa necesidad de saber y de entender más en profundidad la política que mueve su país, y se comienza a ver, poco a poco, interés y preocupación social por estos discursos, ¿o no?

 Así pues, el debate está servido.

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