¿Es el uso de un lenguaje inclusivo una solución eficiente ante la desigualdad de género?

El leguaje inclusivo es aquel pretende la no discriminación en la expresión oral y escrita, y es un debate que está a pie de calle. Hoy se sirve en el debatiente de la mano de Martina Di Paula, estudiante de 2º de Bachillerato de Ciencias Sociales del Colegio San Estanislao de Kotska.
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Sabemos que hay un debate en la actualidad sobre nuestro lenguaje, pero, ¿cómo nos afecta realmente su sexismo? ¿Es el uso de un lenguaje inclusivo una solución eficiente ante la desigualdad de género?
En cada acto comunicativo utilizamos nuestro idioma. Nadie pone en duda la necesidad de una adecuada comunicación para mejorar cualquier tipo de relación interpersonal. Por tanto, el lenguaje es un reflejo y es la base de la sociedad actual.
Uno de los mayores problemas que afecta a la realidad occidental es el sexismo. El sexismo es, según la RAE, “la discriminación de las personas por razón de sexo” y su máxima expresión es el machismo. Por tanto, hay que luchar contra él, en todos los ámbitos. Y la lengua debería ser uno de los primeros. Poco a poco estamos consiguiendo superar las expresiones sexistas que discriminan indirectamente a la mujer. Aunque queda un largo camino por recorrer. Incluso quedándonos con las definiciones de la misma RAE que tanto utilizamos de referencia nos encontramos con “perra” como “prostituta” y “perro” como “hombre tenaz, firme y constante en alguna opinión o empresa”. 
Hasta aquí todas las personas estamos de acuerdo, la controversia surge al hablar del lenguaje inclusivo. 
El lenguaje es la base de nuestra comunicación. Y nuestro lenguaje generaliza en masculino, por tanto, nuestra comunicación es “en masculino”. La cuestión que da pie al debate actual es qué significa esto. Por qué el masculino engloba a lo femenino y no viceversa. Tanto quien defiende el lenguaje inclusivo como quien piensa que es una ridiculez coinciden en que es cultural. Y, precisamente porque es cultural ¿no deberíamos indagar en esta tradición machista de la que proviene? La sociedad avanza y nuestro idioma la acompaña.
El lenguaje está cambiando con la democratización de la vida social, cambios producidos por las nuevas nociones de libertad, solidaridad y justicia. En nuestra sociedad y en muchas otras, la incorporación de las mujeres a lugares distintos, a actividades que siglo tras siglo sólo se les permitían a los hombres, tiene un impacto directo e inevitable en el lenguaje, el cual se amolda a esa nueva situación, se enriquece con ese avance social. Esto se manifiesta, por ejemplo, en la inclusión en el uso de los femeninos singulares (abogada, profesora, doctora, presidenta, ministra, jefa, jueza, cartera, licenciada, catedrática, investigadora…).
Remontándonos un poco en la historia, el motivo por el cual el neutro masculino se usa para englobar a hombres y mujeres no es casual. Hemos dado pasos agigantados en materia de igualdad y, algunas veces, nos olvidamos de dónde venimos. No hace tanto tiempo, cualquier tipo de texto era escrito por hombres, desde el punto de vista de los hombres y para hombres, por lo que no era necesario incluir ningún otro sexo o género, la cultura no era para mujeres, entonces no se las incluía.
Muchos colectivos feministas defienden la importancia del uso del lenguaje inclusivo como herramienta para lograr una igualdad en todos los ámbitos, sin diferencias entre sexos. Puede ser que no salve ninguna vida hoy, pero su uso dará paso a un nivel de concienciación que no permita más muertes. O quizás no, pero no cuesta nada intentarlo.
Cierto es, sin embargo, que hay problemáticas mucho más perjudiciales y dañinas que decir “todos” en vez de “todas las personas” y que estamos tan acostumbradas a nuestra manera de hablar que gran parte de las mujeres hispanohablantes no se sienten excluidas. Pero si tan igual da ¿por qué genera tanto conflicto? ¿Por qué hay gente que lo considera una ofensa?
Mirando desde otro punto de vista debemos reconocer que tan solo los países occidentales podremos centrarnos en esta reivindicación y, siendo el feminismo un movimiento solidario e internacional, podría centrar sus energías y voces en violencias silenciadas en todo el mundo. El utilizar el masculino “los niños” para llamar a un grupo mixto no le va a generar un perjuicio directo a la niña y utilizar la famosa “neutralización” diciendo “les niñes” solo va a ridiculizar el discurso. Por otro lado también se debe responder a la incógnita de qué ocurre con aquellas personas que no se identifican con ningún sexo o género o que se identifican con ambos, ya que entonces tampoco sería inclusivo decir “las niñas y los niños” porque ¿y si no sientes pertenecía hacia ninguno de los dos colectivos?
Lo que no se ve no existe, o, al menos podría no existir. Pero, por otro lado, se entiende. Por tanto, nos encontramos ante dos preguntas: ¿merece la pena cambiar todo el lenguaje? ¿Por qué cuesta tanto cambiar el lenguaje? La respuesta es la misma. 
 Así pues, el debate está servido.

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