¿Es la Economía una ciencia exacta?

La Economía, dice Álvaro Aleñá Burgos, estudiante de Economía y ADE y debatiente de renombre en Cánovas Fundación, es la única ciencia sin laboratorio. ¿Cómo analizamos su exactitud?
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El ciudadano medio español, que cómo es lógico desconoce los entresijos de la ciencia económica, ha de soportar los frecuentes rifirrafes de los líderes políticos a cuenta de la política económica, pero la pregunta que le puede surgir a todo individuo es: si la Economía es una ciencia, ¿por qué hay tanta discrepancia?
En la Economía reciente hemos asistido al surgimiento de un deseo por parte de múltiples autores de tratar de sentar teorías irrefutables. Se ha intentado llegar a consensos similares a los existentes en las ciencias naturales, lograr una ciencia exacta. No obstante, estos intentos siempre han chocado contra una realidad indiscutible, la Economía no es una ciencia natural, es una ciencia social.
Precisamente, ese carácter social de la ciencia económica es el causante del habitual escaso tino de las predicciones de los organismos, instituciones o economistas particulares a la hora de analizar qué nos aguarda el futuro, el lector conoce perfectamente que cuando un economista dice que la Economía va estupendamente, no sabe uno si alegrarse o echarse a temblar. Pero es lógico que estas predicciones fallen, ustedes tienen que tener en cuenta que, cuando un físico o un químico desea estudiar un determinado fenómeno, acude a sus laboratorios, donde pueden experimentar de forma controlada y sin alteraciones externas, pero eso no es posible en Economía. 
En esta ciencia no podemos experimentar (por mucho que a algún que otro Gobierno le divierta), pues no se puede jugar con la vida de las personas. La Economía es probablemente una de las ciencias más denostadas por la sociedad, pero a la vez es la base de su organización. La población ha de ser consciente que en Economía intervienen millones de variables que uno no puede prever y que dificultan al extremo nuestros estudios, pues estos últimos tienen como base al ser humano, impredecible por naturaleza. El “laboratorio” de los economistas es la historia, nos atenemos a lo ocurrido, tratando de evitar los errores del pasado. El economista al fin y al cabo es aquel científico que camina a ciegas por un terreno que desconoce, intentando evitar los baches que se encuentra en base a los que ya ha sufrido.

Todo ello es lo que explica las múltiples diferencias existentes en nuestro campo entre unos economistas y otros. Pero la evolución histórica nos ha brindado de importantes consensos, de forma que hemos ido avanzando, desechando lo fallido y manteniendo lo acertado. Hemos vivido un proceso en el que la Economía ha tratado de automatizarse, de matematizarse al punto de que los errores humanos no intercedan en la misma, es decir de lograr lo inimaginable, que la economía fuese una ciencia exacta, sin dar lugar a ideologías o pensamientos (pocos conocen que grandes economistas como J.M.Keynes eran matemáticos), un ejemplo lo encontramos en el BCE donde “en teoría” los tipos de interés ya no son controlados por los gobiernos europeos a su libre antojo, sino que existe una regla matemática que determina su establecimiento, no obstante, la adopción o no de lo establecido por esta fórmula sigue dependiendo del libre arbitrio de los gestores políticos del Banco.
La pregunta es, ¿llegará algún día en el cual la Economía sea efectivamente una ciencia exacta, sin tener que depender de las decisiones poco acertadas de políticos interesados? Así pues el debate está servido.

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