Buenas tardes, estamos con Adriana Caballero, presidenta de Rhētorica, el Club de Debate de la Universitat Pompeu Fabra. Lo primero, bienvenida.
Muchas gracias, encantada de estar aquí.
Como primera pregunta, queríamos saber, en tu rol de presidenta de Rhētorica UPF, de Barcelona, ¿cómo se gestiona el no ser el único club de la ciudad?
Yo creo que el objetivo principal no es ser el único club de la ciudad; para mí sería mucho peor ser irrelevante, aunque hubiera muchos más. No es la cantidad de clubes, sino la identidad y la diferencia que se construye a través de los demás. Rhētorica y la Pompeu Fabra se reconocen en el mundo del debate en parte gracias al trabajo que hicieron nuestros formadores, predecesores y los que iniciaron el club. Me parece que esta imagen se construye independientemente de en qué ciudad vivas.
También es una ventaja no ser el único club, porque es mucho más fácil poder hacer cosas con gente que está cerca o si necesitas ayuda para alguna actividad. Más que algo malo, para mí es una ventaja. Creo que para todas las personas del club es algo que tenemos en cuenta para bien.
¿Qué sensación debe transmitir un presidente a los novatos?
Para mí lo más importante es transmitir seguridad, porque el debate es la prueba del ensayo y error. Un novato puede equivocarse sin miedo, debe sentir que eres el espacio en el que pueden equivocarse, porque el debate se aprende fallando y es la única manera de aprender. Aunque es importante que esa exigencia también se entienda a la vez que esa seguridad, porque desde el principio el debate no es únicamente probar, sino también aprender esa disciplina. No es una mera improvisación, ni una opinión, ni una suposición. Es un proceso de mejora constante y es importante ir refinándolo, y que ellos tengan la confianza para preguntarse: ¿cómo lo estoy haciendo? ¿Cómo puedo mejorar? Eso es lo principal que debería hacer un presidente con los novatos.
Cambiamos totalmente de tercio y queremos centrarnos más en tu etapa como debatiente. Queríamos preguntarte cuál es la clave para que un razonamiento lógico sea brillante y completo.
Para mí y esto me toca muy de cerca porque yo siempre hago las primeras refutaciones, y pienso que la clave no es la lógica interna ni la forma de mecanizar el argumento. El argumento es brillante cuando es puesto a prueba. Es decir, cuando ya ha resistido todas las críticas y todas las refutaciones, y se adapta; una vez hemos encontrado lo que ha fallado en el argumento, ahí es cuando se hace una verdadera argumentación brillante. Es decir, un argumento es completo en sí mismo cuando no sólo explica la posición, sino que también entiende que otra posición es igualmente válida y, aun así, la supera.
Más allá de la línea y de la argumentación, ¿qué crees que hace un debate?
Para mí, el sabes adaptarse. La adaptación en el debate es algo fundamental y por experiencia propia, creo que muchas veces no nos gana quien está más preparado inicialmente, sino quien mejor reacciona, porque al final el debate es aprender a reaccionar bajo presión, y el que sabe manejar esta situación es quien realmente gana, quien sabe argumentar con impacto, estructura, claridad y respuesta a la oposición. Eso es lo que quizá el juez pondera más allá de algo que tenemos todos, que es precisamente la estructura del debate que todos nos van a explicar en nuestros clubs.
La IA es una herramienta que cada vez más utilizan los debatientes en su día a día y también en la preparación de torneos. ¿Crees que está afectando al potencial del mundo del debate?
Yo opino que sí, porque la gente se está confiando demasiado y las líneas cada vez son menos trabajadas y más artificiales. Sí, artificiales, y todo sigue en la misma línea, son muy intuitivas. La gracia del debate es generar esos argumentos, y la IA te puede ayudar a dar una línea inicial o a saber de dónde puedes sacar conocimiento, pero no puede reemplazar algo que es clave en el debate: la capacidad de pensar bajo presión. El debate es cambio constante y tienes que cambiar tus cosas; no vas a tener la inteligencia artificial en el debate. Por lo tanto, a la hora de improvisar, de defender estas ideas en tiempo real, la inteligencia artificial no te va a ayudar realmente.
Para mí, el reto sería utilizarla como herramienta de entrenamiento, pero no puedes sustituir el razonamiento, además porque no es eficiente: siempre se pasará del tiempo, no explicará lo que tú quieres de manera simplificada y entendible. Además, ¿quién va a conocer mejor la línea que tú para poder desarrollarla bien? Al final, no debate la IA, debates tú.
¿Cuál dirías que es tu seña debatiendo?
Yo creo, después de haber hecho muchos debates, que quizás lo que más me caracteriza como debatiente es el carácter. Soy una debatiente que suele expresar sus ideas no únicamente con claridad, sino con convicción. Me subo a la tarima aparentando mucha seguridad, cosa que quizás me gustaría que todo el mundo hiciera, y es algo que siempre intento transmitir a los novatos: que aunque parezca que el debate va a caer en tu contra en cualquier momento, siempre con la cabeza alta y segura de todo lo que estás diciendo. Al final, como primera refutadora, suelo intentar que parezca que la línea la tengo interiorizada como si fuera mi fecha de nacimiento. Creo que eso es lo que más me caracteriza.
Por último, ¿cuál es tu mejor anécdota en un torneo?
Yo creo que mi mejor anécdota fue justo cuando empecé a debatir, en la primera Liga a la que fui, que fue la de Salamanca, el Foro de Igualdad. Fue una época en la que estábamos en segundo de carrera, creo, y empezaba el trimestre y los exámenes. Hicimos toda la línea y nos dimos cuenta de que no acababa de encajar. En un trayecto de nueve horas en tren de Barcelona a Salamanca, rehicimos toda la línea porque veíamos que no iba a funcionar. Luego nos dimos cuenta de que olvidamos una parte de la pregunta; al principio caímos en el caos, pero luego realmente no era tan relevante a la hora de la verdad y se podía cambiar con dos palabras y ya se adaptaba perfectamente porque lo habíamos enfocado bien. Fue un momento de mucha tensión, y ahí aprendí y dije: «Bueno, esto no se puede hacer así». Pero me hizo aprender muchísimo, la verdad.
Pues, Adriana Caballero, muchísimas gracias por tu tiempo.
Gracias a vosotros.