Automatización sin apocalipsis: el futuro de la economía tras la irrupción de la IA

Aunque la Inteligencia Artificial está transformando el mercado laboral y automatizando ciertas tareas, no parece destinada a sustituir masivamente a los trabajadores humanos, sino a redefinir sus funciones. Esta idea y otras como la dependencia, los riesgos y los posibles escenarios. en este interesante análisis que nos trae Carmen Coronas, Máster en Economía por la Erasmus University Rotterdam.
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Una vez normalizado el shock inicial derivado de los chatbots y las aplicaciones de generación de vídeo, el mundo ha comenzado a preguntarse si la Inteligencia Artificial (IA) supone realmente la amenaza que algunos empresarios, políticos o sociólogos preconizan.  Según diversas encuestas y estudios, más de la mitad de los españoles consideran que la IA destruirá más trabajos de los que puede crear, y cerca de un tercio se muestra preocupado porque la IA pueda hacer redundante sus tareas.  En otros países como Estados Unidos, cuna de las grandes empresas de la industria tecnológica y líder global en desarrollo de la IA, el 70% de los ciudadanos considera que la IA reducirá las oportunidades laborales de los humanos.1

La historia económica muestra que las grandes revoluciones tecnológicas rara vez eliminan el trabajo humano de forma masiva: la mecanización del trabajo desplazó trabajadores agrícolas, pero creó empleo industrial; la creación de Internet eliminó ciertos puestos tradicionales, a la vez que abrió millones de nuevas oportunidades.  Incluso tecnologías como los cajeros automáticos, en un principio sustitutos del empleo bancario, transformaron las funciones de los trabajadores en este sector.  Son cada vez más los economistas y sociólogos que consideran que la IA seguirá el mismo patrón: aunque ciertas tareas cognitivas se automaticen, también se generan nuevas oportunidades laborales, como ingenieros de agentes de IA o entrenadores de modelos de lenguaje (LLM).  

Asimismo, las últimas tendencias demográficas parecen validar la coexistencia del empleo humano y tecnológico. Existe una escasez estructural de trabajadores cualificados que probablemente será más determinante que la automatización misma. Cada vez son más los países con población activa decreciente o experimentando caídas de la natalidad, o incluso economías como China o Japón donde estos procesos demográficos parecen estar acelerando.  Así, automatizar no debería verse únicamente como una amenaza, sino también como una forma de sostener la productividad y el crecimiento en sociedades donde cada vez habrá menos trabajadores disponibles.  Solo en el sector manufacturero en Estados Unidos, se estima que 1,9 millones de puestos podrían quedar vacantes en 2033 por falta de trabajadores cualificados, especialmente en tareas que requieren capacidad física, resolución inmediata de problemas o juicio humano, difíciles de automatizar.

Los desarrolladores de software figuran, por ejemplo, entre los empleos más frecuentemente mencionados a la hora del riesgo que corren a causa del avance de la IA.  Uno de los primeros usos de la IA fueron los “asistentes de código”, como Cursor, Microsoft Copilot, o el más reciente Claude Code.  El resultado inmediato fueron páginas web y aplicaciones desarrolladas en pocos días u horas por personas sin formación previa en informática.  Frente a esto, son algunos desarrolladores los que, meses después de experimentar con la IA, han percibido como todo este “output” procedente de los asistentes de código carece de la riqueza (y de la seguridad) que caracteriza el trabajo humano. Pese a hacer más sencillo el trabajo de los desarrolladores, la inteligencia artificial parece que no los reemplaza. 

En este sentido, economistas como Tim Hartford entienden que el riesgo asociado a la IA en el entorno laboral no es el desempleo, si no la intensificación del trabajo.  De la misma forma que el correo electrónico sirvió para facilitar la comunicación instantánea, también multiplicó los mensajes y extendió el trabajo a cualquier hora del día.  Investigadores de la Haas School of Business de UC Berkeley observaron que muchos trabajadores tecnológicos sienten que la IA los vuelve extraordinariamente productivos en tareas concretas, pero también más ocupados, dispersos y menos capaces de desconectar. Es decir, la IA contribuiría a una mayor eficiencia en microtareas, pero también a más expectativas, multitarea y presión constante. Además, incluso los sistemas más avanzados siguen dependiendo de supervisión humana. La figura del “human in the loop” se vuelve central precisamente porque la IA todavía necesita personas que validen resultados, entrenen modelos, corrijan errores y tomen decisiones en contextos ambiguos. 

Dado que la IA aún no nos deja predecir el futuro, solo nos queda observar el presente y el pasado para entender que la realidad puede ir en dirección opuesta al discurso apocalíptico. Aún no parece que haya empresas colgando el cartel “No contratamos humanos”. Por el momento, la IA y la automatización no parece que eliminen la figura humana pero sí están cambiando el lugar desde el que participa. La adaptación del empleo a este nuevo paradigma dependerá de nuestra capacidad para formar a una sociedad enfrentada a exigencias educativas cada vez más complejas.

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