¿Debe ser el trabajo el centro de nuestras vidas?

Existe un fenómeno, llamémoslo biblioteca (sí, biblioteca, porque X está muy visto) por el cual cuando aprendemos algo, asoma constantemente en nuestra vida. En realidad, siempre ha estado ahí pero no le habíamos prestado atención. Sobre ello nos habla María Caamaño Cebro, estudiante de derecho en la USC y socia del Club de debate Compostela desde hace cuatro años y Secretaria del mismo este curso escolar.
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María Caamaño Cebro

– Anda chulito, no presumas de notas. Niños, no os dejéis impresionar

– Pero María, las notas son super importantes. ¿Tú pasas de todo?

– No, estudio y me esfuerzo, pero la carrera no es lo más importante en mi vida.

– Pero ¿te da igual tu futuro?- No, claro que no. Pero es que mi futuro no es mi carrera y mi trabajo, mi futuro son muchas cosas. […]

Existe un fenómeno, llamémoslo biblioteca (sí, biblioteca, porque X está muy visto) por el cual cuando aprendemos algo, asoma constantemente en nuestra vida. En realidad, siempre ha estado ahí pero no le habíamos prestado atención. Esta conversación volvió a mi vida en forma de profesor de universidad: “trabajocentrismo o vida real”, “recordad que el trabajo no es vuestra vida”.

¿Cómo es posible que el ser humano haya sido reducido a un autómata que ejerce una labor? ¿Como es posible que el resto de nuestra vida (familia, amigos, hobbies, sueños, miedos…) haya sido relegada a un segundo plano? Estamos dotados de libertad, tenemos una dimensión creadora y somos soberanos de nosotros mismos. En definitiva, podemos y deseamos decidir nuestra forma de vida. 

El empleo ocupa un lugar central y nos permite construir todas las demás dimensiones de la existencia. Al obtener un salario con mi fuerza de trabajo, gano independencia económica que se traduce en independencia personal; podré construir mi vida autónomamente de mi familia si así lo deseo. No obstante, el trabajo no es un fin en sí mismo sino un medio para obtener dinero con el que comprar pan. Además, quizá debamos plantearnos que “a través del trabajo consigo dinero”, es una construcción propia de nuestro modelo económico y no un hecho en sí mismo. En una sociedad con sobreproducción de bienes y científicamente avanzada, muchos abogan por la cotización de las máquinas. Un robot que sustituye a un trabajador será objeto de sueldo y pago a la SS por la riqueza generada; de la misma forma que una persona. Así, el ciudadano sustituido y el estado continuaría continuarían percibiendo ingresos. 

Incluso la necesidad de dinero es irreal, inventemos otra forma de distribuir casas, comida, ropa… 

Muchos dirán que a través de mi empleo fijo una rutina y establezco un círculo social, pero parece intuitivo pensar que estos beneficios no los obtenemos por el trabajo en sí sino porque dedicamos a una actividad un número de horas significativo cada día. Una persona que pasa las mañanas en un centro sociocultural, un bar o una parroquia obtiene el mismo resultado (una rutina y una red social). Asimismo, no todos los trabajos aportan siquiera estos beneficios, pensemos en un enfermero a turnos o una asistenta de hogar. 

¿Cómo es posible que ya a los siete años nos sorprendamos al escuchar que lo más importante de la vida no es el trabajo?  

Así pues, el debate está servido.

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