¿Debería legalizarse la prostitución?

¿Sigue teniendo lugar la profesión más antigua del mundo o en pleno siglo XXI o es un reducto del pasado? Patricia Liébana Gálvez, Estudiante de 1º de Bach, nos sirve el eterno debate.
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Hablemos de sexo.
Hablemos de cómo nosotros somos los que hemos llenado de perversiones al sexo y no al revés, como podríamos pensar en un principio.
Entendemos la prostitución como una actividad donde se mantienen relaciones sexuales a cambio de dinero. Ahora bien, siendo conscientes de que no todo ejercicio a cambio de una retribución económica es un trabajo ¿Podemos considerar la prostitución como una ocupación laboral más? 

De no ser así ¿Cómo debemos enfrentarnos a una economía sumergida que constituye el segundo negocio más lucrativo del mundo (APRAMP)?Para entender el abanico de perspectivas que se plantea cómo abordar la industria del sexo de pago primero es necesario analizar las dos caras de la moneda: prostitutas y prostituidores. 

Una de las principales diferencias entre corrientes regulacionistas y abolicionistas es la visión que se tiene de los motivos que llevan a una mujer (hablaré en femenino puesto que es una realidad feminizada de manera constatable y constatada) a ejercer como prostituta. Desde los sectores más liberales se aboga por la defensa de la autonomía y la libertad sexual de las mujeres para decidir si quieren o no vender su cuerpo, ignorando cualquier condición material a la que éstas estén sujetas y que les coacciona a optar por esta vía.El perfil medio de las mujeres que ejercen dicha actividad en España no supera los 35 años, la mayoría carecen de estudios secundarios, son responsables de varios menores, víctimas de episodios de violencia anteriores (el 70% de los casos) e inmigrantes según EFE. 

Cabría plantearnos viendo esta realidad si, siendo además una práctica que genera en un 68% de las mujeres que la ejercen síndrome de estrés postraumático, es cuestión de vocación o elección y no de necesidad, si estamos hablando de un trabajo o de explotación y vejación de los derechos humanos.Ante las premisas hasta ahora comentadas surge la corriente abolicionista, cuyo objetivo último es eliminar las condiciones y estructuras socioeconómicas que dan lugar y sustentan la mercantilización del cuerpo femenino y su explotación sexual y que está radicalmente en contra de cualquier legalización o regulación de la prostitución por considerarla ineficaz y contraproducente.
Frente a las críticas de las corrientes regulacionistas, que recrimina al movimiento abolicionista no escuchar a las prostitutas, lo cierto es que este último sí que tiene en cuenta ese pequeño porcentaje de practicantes freelance y plantea cómo, al tratarse de una actividad sujeta a una realidad material concreta, no puede evaluarse según la excepción, sino según la mayoría, y que el principal problema no viene de la existencia de prostitutas “libres” sino de la demanda. 

Y es que mientras exista demanda existirá la trata ya que no hay un número suficiente de mujeres que ejerzan libremente la prostitución como para soportar dicha industria. Dicho de otra forma, el cliente que no quiera/pueda pagar por una prostituta de lujo lo hará por una de la calle.Llevando a la práctica el planteamiento a favor de la legalización y la regulación del sexo de pago encontramos casos como los de Alemania, que aprobó una ley en 2002 que pretendía convertir la prostitución en un trabajo como otro cualquiera. El Estado pensó que el problema no era la prostitución en sí misma, sino la discriminación que sufrían las mujeres prostitutas por parte de la sociedad y la falta de derechos que tenían. 

Al ser trabajadoras, debían tener los mismos derechos que cualquier otro trabajador que tiene su propio negocio o que es contratado en alguna empresa; como tener seguridad social o la posibilidad de emprender acciones legales si sus derechos no son respetados. El Estado no quiso imponer ninguna regulación a las prácticas sexuales, argumentando que nadie puede estipular cómo se deben mantener relaciones sexuales. Así pues, se eliminaron las restricciones sobre publicidad respecto a este nuevo negocio, aunque eso sí, se prohibió el proxenetismo.¿Los resultados? Alemania se ha convertido en el paraíso de los proxenetas y el tráfico sexual, en lugar del negocio clandestino ahora tenemos grandes empresarios que alquilan habitaciones de hotel a las prostitutas, de forma que acaba saliéndoles más rentable trabajar en la calle que como autónomas o de forma regulada. 

También es destacable como, de las 400.000 mujeres que, se estima, trabajan en la prostitución alemana, actualmente un 95% proceden de otros países (antes de la ley el 80% eran nativas).Todo este análisis está basado en una charla que dio la Doctora alemana Ingeborg Kraus sobre el modelo alemán, quien además es psicoterapeuta de víctimas de trata y prostitución.
Ahora bien, pasemos a analizar a aquellos que hacen posible que exista este fenómeno:
El 72,8% total del sector masculino español opina que si una mujer se prostituye es porque, de algún modo, la obligan a ello a través del uso de la fuerza o a base de amenazas. Sin embargo, un 39% de los hombres españoles ha consumido/consume prostitución, de los cuales 2 de cada 3 no la consideran una forma de violencia.
«A los hombres que pagan por sexo les cuesta asumir las consecuencias reales de sus acciones, les cuesta verse reflejados tal y como son en realidad. Consideran que las mujeres obligadas a prostituirse, las mujeres víctimas de trata, son siempre las otras, no aquellas que ellos ven. Se autoconvencen de que las prostitutas que ellos frecuentan no tienen para nada ese perfil. Son muy, muy pocos los que tienen conciencia al respecto», asegura Carmen Meneses, antropóloga de la Universidad de Comillas y directora del estudio que recoge lo que opinan sobre la prostitución los hombres españoles, especialmente los que recurren a ella.
Según las leyes básicas del mercado, sin demanda la oferta o no existiría o acabaría fracasando. Y sin embargo en nuestro país es un negocio que, según las estimaciones del INE, mueve el 0’35% del PIB. Igual tendríamos que hacer autocrítica y reflexionar si estos porcentajes vienen de la nada o son consecuencia de la estructura patriarcal de nuestra sociedad y si son lo más adecuado para un negocio sexual sano, si aspiramos a ello.
Viendo que ni la vertiente prohibicionista, que penaliza y criminaliza a la prostituta, de forma que este mundo queda sumido en la clandestinidad y las prostitutas en el desamparo; ni la regulacionista, anteriormente comentada, parecen solucionar realmente el problema de la trata y la precariedad de las prostitutas parece vislumbrarse una alternativa viable en el modelo nórdico sueco.
Este modelo no persigue a la prostituta, no prohíbe la prostitución sino que criminaliza al los prostituidores: a los clientes y proxenetas, de forma que las mujeres que se encuentren en una situación como la descrita anteriormente no tengan que preocuparse de ser señaladas como parte del problema y puedan ser apoyadas para salir de esa vida ofreciéndoles, por ejemplo, una especie de Seguridad Social o formación profesional.Con todo ello es, según la propia ONU, el más eficiente de los modelos hasta ahora aplicados para abolir este problema.
Ahora bien, habiendo analizado el concepto de prostitución, así como las relaciones de poder entre prostitutas y prostituidores (proxenetas y clientes) y las principales corrientes al respecto con dos de los casos prácticos más sonados, el modelo alemán y el modelo sueco, es momento de que juzguen ustedes mismos.
¿El fracaso del modelo alemán viene dado por una mala praxis o en sí por la legalización de la prostitución?

¿La industria sexual está condenada a esta situación? 

¿La prostitución es o no es un trabajo? 

¿Qué solución, de ser necesaria, consideráis que se debería aplicar?
El debate pues, está servido.

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