¿Es la cesión de competencias a la Unión Europea perjudicial para los Estados miembros?

¿No se ha demostrado durante estos últimos años, con la pandemia y la invasión rusa a Ucrania, que los Estados necesitan de la ayuda de los otros para prosperar y superar las crisis que surjan? Santiago Luceño López, estudiante de segundo año del doble grado en Derecho y Relaciones Internacionales y miembro del Club De Debate en la Universidad Loyola Andalucía (Sevilla) nos sirve un debate de actualidad.
EU Flags at the European Commission Building

En la actualidad, el panorama global cuenta con instituciones y organizaciones internacionales que han trascendido las fronteras de la tradicional idea del Estado-nación. Estos organismos están conformados por multitud de Estados que ceden parte de su soberanía en ámbitos como la política monetaria, sanidad o PESC.

La Unión Europea (UE) es el referente de organismo supranacional pues se transfiere la soberanía de ciertas competencias por parte de los Estados miembros para actuar de forma uniforme, proporcionando una respuesta colectiva que comprenda objetivos y valores compartidos.

Debido a esta cesión de soberanía, surge el “euroescepticismo”. Este movimiento critica las medidas de la UE basándose en que la cesión de competencias perjudica a los Estados. Los euroescépticos sostienen que los intereses nacionales deben prevalecer sobre los comunitarios, rechazando la política común, sobre todo en términos económicos.

No obstante, es indudable que la cesión de competencias a la UE tiene un efecto positivo para sus Estados miembros. Para empezar, a causa del marco jurídico común, pues gracias a la redacción de una normativa común de obligado cumplimiento (Tratado de la UE y Tratado de Funcionamiento de la UE), los ciudadanos de la UE gozan de una serie de derechos como la libertad de circulación o la protección frente a otros Estados y de un sistema eficaz para la defensa de los propios Derechos Humanos.

Por otro lado, no podemos olvidar que la cesión de soberanía ha supuesto una mejora sustancial de las relaciones entre Estados miembros, así como de la calidad de vida de los ciudadanos de la UE. Lo anterior se manifiesta en el reconocimiento de derechos de carácter social, laboral o económico (libre comercio). Y, lo que es más: estos derechos son defendidos por el Tribunal de Justicia de la UE, lo que dota de seguridad a los ciudadanos para que se aplique la normativa común en sus respectivos Estados, dificultando así el surgimiento de despotismos.

A nivel económico, la existencia de un mercado único, basado en la libre circulación de bienes y servicios, contribuye a que los países con mayores problemas financieros puedan contar con la ayuda de otros países más prósperos económicamente, tal y como ha sucedido con la reciente crisis sanitaria. Además, la creación de una moneda única ha propiciado una mayor facilidad a la hora de entablar relaciones comerciales entre Estados.

En definitiva, debemos ser conscientes del contexto actual, donde la globalización es irreversible y los desafíos que afronta la humanidad son supraestatales. Por consiguiente, estimo necesario que los Estados deleguen competencias en organismos supranacionales como la UE para establecer hojas de ruta realistas y eficaces, actuando conjuntamente y formando una comunidad basada en los mismos principios y la ayuda mutua. ¿No se ha demostrado durante estos últimos años, con la pandemia y la invasión rusa a Ucrania, que los Estados necesitan de la ayuda de los otros para prosperar y superar las crisis que surjan?

Así pues, el debate está servido.

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