
Es verano. Estás tumbado boca arriba, observando el cielo nocturno, las mismas estrellas que veían tus antepasados. Mundos diferentes, pero un mismo gesto: mirar más allá. Ha cambiado tanto y a la vez tan poco.
Toda esta curiosidad se ve reflejada en la exploración espacial, una industria en la que desde hace décadas el ser humano invierte millones en el desarrollo de nuevas tecnologías que nos permiten cada vez saber más y llegar más lejos. Es aquí donde entra el debate, pues una gran parte de la gente considera estos gastos millonarios como innecesarios. Para responder a esta pregunta hay muchísimos factores a tener en cuenta, así que comencemos ya, que se nos va el tiempo.
El argumento más usado a la hora de alegar que la carrera espacial es un lujo, es la existencia de problemas sociales mucho más pertinentes aquí en la tierra. Y es un argumento válido no os voy a mentir. Vivimos en un mundo muy variado donde, aunque no lo veamos en nuestro día a día, hay hambre, pobreza, enfermedad, guerras… Ante esta realidad, resulta comprensible que mucha gente piense que el dinero usado en investigación espacial, podría perfectamente destinarse a solucionar estas problemáticas sociales.
Sin embargo, plantear el debate de esta forma quizá sea simplificar la cuestión demasiado. Nos encontramos ante un falso dilema: “o destinas el dinero a solucionar problemáticas sociales o lo destinas a explorar el universo”. ¿Por qué no buscar un punto medio? ¿Por qué no gestionar mejor nuestro dinero?
Y es que la exploración espacial, no se reduce solo a hacer cohetes e ir a la luna, es algo mucho más profundo y amplio.
En primer lugar, es una industria sin la que hoy, no sabríamos vivir: GPS, meteorología, comunicación… Todas estas cosas serían inútiles si no dispusieramos de satélites, y como ya sabéis, los satélites están en el espacio. Y no solo eso, si no también los avances que están por llegar: se han planteado nuevas formas de aprovechamiento de la energía solar, defensa planetaria (para detectar amenazas) y misiones para neutralizarlas… Y mucho más. La exploración espacial no solo mira por el futuro, también mira por el presente. Y como habéis podido comprobar, está muy incorporada en nuestro día a día.
Dejando a un lado lo tangible, me gustaría centrar el final de este artículo en algo mucho más humanista: La curiosidad. Si tuviera que elegir el adjetivo que mejor nos definiese sería este. Sin curiosidad no habríamos salido de las cuevas, no habríamos atravesado océanos, no seríamos nosotros. Somos pioneros movidos por una adicción a las respuestas que no podemos evitar. Así pues amigos, ¿que es una necesidad sino algo de lo que no se puede prescindir? ¿Puede el ser humano realmente prescindir de su curiosidad? En mi opinión, si llegáramos a ese punto, no habría mucho ya que nos diferenciará del resto de animales.
Así pues, el debate está servido.