¿Es realmente positiva la competitividad académica que existe hoy en día entre los jóvenes?

Javier Domínguez Cabello, alumno del Colegio Cerrado de Calderón de 2º bachillerato, nos habla de una realidad palpable en cualquier aula de tal curso escolar: la competitividad.
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 ¿Competición en las clases? Los últimos estudios reflejan un aumento exponencial de la competitividad entre los adolescentes que roza la barrera de la rivalidad. Frustración, miedo e incertidumbre son algunos sentimientos que azotan a las nuevas generaciones que, tras finalizar su etapa de estudios marcada por la lucha continua con los compañeros, se enfrentan a un mercado laboral sin el mayor de los valores de la competición: la empatía.  

Ante la notoria competitividad que se incrementa sin cesar en nuestros días cabe hacer dos preguntas: ¿los alumnos más competitivos en las aulas están, técnicamente, mejor preparados? ¿Y humanamente?

Pienso que cierta exigencia académica es positiva para fomentar el nivel de esfuerzo de los jóvenes, sin embargo, el problema surge cuando miramos a nuestros compañeros de pupitre como rivales y necesitamos ganar a toda costa y de cualquier manera. Esta actitud deja atrás valores fundamentales e irrenunciables como son la citada empatía, el compartir con los demás, la ayuda y el trabajo en equipo. 

Por tanto, creo que actualmente debemos poner el mismo énfasis en formarnos tanto humana como técnicamente para así poder adquirir una serie de valores básicos que nos permitirán conocer la importancia y la fuerza de la cooperación en todos los ámbitos de la sociedad. No basta con ser técnicamente brillantes, ya que hay ciertos conocimientos que podremos adquirir con el paso de los años, sin embargo, la humanidad se debe fortalecer desde la infancia, desde la cuna, tanto en la familia como en el ámbito escolar. Difícilmente tendremos grandes profesionales si no formamos grandes personas.

Si fuésemos capaces de crear un mundo en el que la cooperación tuviera más importancia que la competición, seguro que se podrían evitar muchos dilemas y desigualdades sociales que actualmente observamos en numerosos países que rivalizan con los demás, con las consecuencias que ello conlleva. 

En conclusión, considero que la competitividad que existe hoy en día entre los jóvenes es un hecho que, bien focalizada, podría tener mejores consecuencias. Ojalá seamos capaces de exprimir las bondades del espíritu de sacrificio y la capacidad de superación sin caer en un individualismo dañino.

Así pues, el debate está servido.

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