¿Existe una dependencia electrónica en los jóvenes?

Al caminar, al hacer ejercicio, al comer, al charlar... Siempre tenemos un teléfono en la mano. ¿Nos estamos volviendo dependientes? Íñigo Vallejo Achón, estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas, propone este debate.
Teenagers using cellphones

Caminas por la calle y, difícilmente, cruzas la mirada con otros ojos. Lo mismo ocurre en el Metro, en la oficina, en el gimnasio, en la biblioteca… todos los ojos, van en la misma dirección: hacia un teléfono. Llámalo teléfono, tablet, ordenador, smartwatch, cualquier dispositivo electrónico cuenta. Cualquiera de ellos se adhiere a las manos de la persona que lo lleva y, de ahí, no se escapa. 
Cuando en algún momento alguien se da cuenta y reflexiona sobre lo anterior, aparece entonces la gran pregunta (a veces crítica y enjuiciada) en aquellos que, lejos de entenderlo, sospechan: ¿han creado los jóvenes dependencia hacia los dispositivos electrónicos? Puede que la respuesta varíe en función de lo que interpretemos por dependencia, ya que podemos entenderlo como una relación de conexión o una subordinación de un elemento ante otro. Pero siendo sinceros, todos sabemos que cuando se habla de la dependencia electrónica de los jóvenes, no se hace en relación a una conexión sino al “control que ejerce la tecnología sobre ellos” (tal y como abogaría una parte de la población).
Es cierto que entendemos la tecnología como un elemento rutinario en nuestras vidas, (o si no, cuéntame, ¿dónde estás leyendo esto?). Es un hecho innegable. Concebimos la tecnología como un elemento facilitador: no transportamos agendas de un sitio a otro porque toda esa información está en nuestros teléfonos, a veces ni llevamos reloj porque directamente miramos la hora en el móvil, nuestros cajones de papeles amontonados ya no son tal porque ahora tenemos una inmensa carpeta que encierra miles de documentos ordenados alfabéticamente, de hecho, ya no hace falta ni que recordemos los cumpleaños porque Facebook (ese amigo tuyo que sabe todo de ti) ya nos lo recuerda a las 09:00 de la mañana.
Si le preguntamos a alguien posicionado en contra de esta dependencia seguramente nos contestara “claro que es malo porque como se te rompa el móvil o el ordenador, a ver qué haces, ahí sí que tienes un problema”. Sin embargo lo que unos consideran problema es en realidad una solución, la tecnología vuelve a adelantarse y todo aquello que teníamos guardado y creemos haber perdido está en un disco duro en la nube (esa gran desconocida y extraña). El calendario, los contactos, los cumpleaños, las fotos, los documentos, los trabajos…, por “arte de magia” se han guardado para nosotros y se mantiene nuestra información configurada para cada uno de nuestros dispositivos. Todo esto nos confirma que existe cierta dependencia electrónica con el fin de tener una vida aparentemente más cómoda. 
El argumento a favor siempre se encuentra en el uso controlado de cada uno de nuestros actos, entre ellos, el de las tecnologías o el de las relaciones sociales. Alguno puede pensar “pero estás con el móvil y no hablas con la persona que tienes delante” pero… ¿acaso no es cierto que puedes estar hablando con 234 personas en ese momento a través de cualquier red social aunque estén a miles de kilómetros? Hace tan solo unos años hablábamos con quién nos encontrábamos o con quién podíamos quedar porque vivía a una distancia prudencial y ahora hablas con quien quieres cuando quieres. Y, sobre todo, afrontas temas muy diversos. 
Entonces, ¿la tecnología crea dependencia o es un nuevo, pero no único ni exclusivo, formato de vivir y comunicar? ¿Acaso son excluyentes? Sin esta tecnología no existiría el debatiente tal y como lo conocemos y, de hecho, puede que no hubieras leído nunca este artículo. Y eso… ¿es bueno o malo? 
Porque lo cierto es que esa dependencia puede que no se base en que lo necesitemos para vivir, sino porque nos hemos acostumbrado a vivir mejor con estos elementos. Sin embargo sabemos (o deberíamos saber) desconectarnos de ello a veces, aunque en numerosas veces lo hagamos por necesidad (de desconectar) y no por simple gusto. Pero la decisión, solo depende de ti.

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