Muy buenas tardes. Estamos con Jessica Avelar, del Aula de Debate de la Universidad de Jaén. Lo primero de todo, bienvenida.
Hola, muchas gracias por esta bienvenida.
Queríamos empezar preguntándote: ¿cómo entras al mundo del debate y qué hace que realmente te quieras quedar?
Bien, yo empecé en el mundo del debate en El Salvador, porque yo soy de El Salvador. En mi último año de bachillerato apareció un torneo de debate; allí no es tan común como aquí, por lo menos. Me gustó y, cuando viajé a España para empezar mi carrera, vi que en mi universidad tenían un aula de debate. Siguiendo la misma línea del mundillo me apunté y la verdad es que me gustó mucho, sobre todo por el entorno.
En la UJA, por lo menos, se genera un ambiente muy de compañerismo; para mí ha sido un espacio en el que me he sentido muy bien recibida. Al final eso es muy importante de cara a crecer, no solo en el debate, sino como persona: ver qué habilidades te aporta, aprender a valorarlas y a identificarlas. Me quedé por eso: por la gente, por el ambiente y por todo lo que he aprendido y sigo aprendiendo.
Hablando justamente del ambiente de la UJA, ¿qué crees que la distingue de otros clubes o aulas?
De otros clubes conozco poco, aunque mi hermana está en el CDUGR. Creo que aquí destaca esa sensación de unión. Este año que he estado en la junta directiva intentamos ver cómo acercar a los novatos, no solo para «venderles» la idea de apuntarse a debate, sino para que se sientan cómodos. Todos participamos en integrar a la gente y luego surgen naturalmente esas quedadas para salir un viernes. Sobre todo destaco ese espíritu de compañerismo y de pertenencia; es algo que identifico mucho en la UJA y que me parece muy bonito.
¿Qué importancia crees que tiene aplicar la práctica en las formaciones?
Es muy importante. De hecho, este año hemos intentado ampliar la parte práctica en nuestras formaciones porque el debate solo se aprende haciéndolo. Puedes ver un millón de vídeos, pero si no te pones en un debate real contra otra persona, no desarrollas la capacidad de escuchar, razonar o defender tus opiniones. Decidimos ampliar la práctica y reducir la teoría para que la gente aprenda el formato, se adapte y no pierda la motivación. Si pasas mucho tiempo escuchando y esperando tu turno sin intervenir, te desmotivas. El debate es práctica y solo practicando se aprende.
¿Qué rol consideras el más complicado y por qué?
Para mí hay dos roles complicados. El primero es la segunda refutación, porque requiere estar muy despierta, muy atenta y conocer perfectamente la línea y las evidencias para reaccionar rápido. El segundo es la conclusión. Es un rol en el que tienes que tener muy presente todo lo que ha pasado en el debate. Hace poco escuché a Sara Bouma (Dicentis) decir que «ser conclu es como ser juez en mesa», y es cierto. Tienes que sintetizar lo ocurrido y llevar el resultado a tu terreno. Tener esa capacidad de sintetizar, resaltar los puntos clave y balancear a tu favor un debate parejo es muy complicado. A veces no se le da tanta importancia a la conclusión, pero la tiene.
¿Qué cualidades debe tener un buen introductor?
Un buen introductor tiene que ser capaz de atraerte no solo con su exordio, sino con toda su intervención. Si desde el principio logra vender y convencer con las líneas argumentales que se han preparado durante un mes, facilita el trabajo del primer refutador y de los demás. La labor de convencer al jurado comienza ahí.
Debe tener buena oratoria, chispa y carisma para mantener enganchada a la audiencia. Además, necesita capacidad de reacción para el examen cruzado tras la introducción: conocer bien su línea, interiorizarla, defenderla y responder al momento, sin limitarse a memorizar un discurso.
¿Cuál es tu estructura ideal para hacer una refutación?
Mi estructura ideal sería: identificar la premisa: señalar qué están diciendo y por qué es incorrecto; contraargumentar: explicar las razones por las que no es correcta; evidenciar: respaldar la refutación con un ejemplo o un estudio si es posible; y concluir la refutación: dejar claro por qué el argumento del equipo contrario ha caído.
¿Qué le dirías a un orador que, después de una ronda malísima, quiere tirar la toalla?
Me he encontrado en esa situación un par de veces, tanto en persona como al ver a chicos que he formado sentir que no sirven para esto. Les diría tres cosas: primero, que una mala ronda no los define; segundo, es la excusa perfecta para seguir aprendiendo; tercero, que nadie nace aprendido. Una mala intervención puede deberse a los nervios o a enfrentarse al vigente campeón de la LEDU, entre muchos otros factores. No es razón para abandonar. La única forma de mejorar es volviendo a intentarlo.
Recuerdo estar en un feedback con unas chicas que estaban muy preocupadas pensando que las iba a regañar. Les dije que lo importante era que lo habían hecho y que había habido debate. Las cosas a mejorar se revisan en el feedback, pero no hay que perder la motivación.
Por último, ¿cuál es tu recuerdo favorito desde que entraste a debate?
Creo que mi primer torneo interno. Llegué sin conocer a nadie y las personas que conocí ahí hoy son mis amigos. Fue un choque emocionante: prepararme con desconocidos, responder a una pregunta nueva, hacer roles que nunca había hecho y defender posturas en las que quizás no creía, buscando evidencias intensamente.
Ese primer contacto con el mundillo del debate es un recuerdo que atesoro mucho. Hoy me da tranquilidad ver cómo ha cambiado todo y la experiencia de la que disfruto gracias a haber pasado por ese momento. Es lo que intento transmitir a los alumnos de primero que van a tener pronto su torneo interno. Recordar el origen es muy especial.
Pues Jessica Avelar, muchísimas gracias.
Muchas gracias a vosotros.