Juan Pablo García Pinzón

Estudiante de 6º de Derecho + ADE por la UMA. Trabajador de Legalbono, startup del sector legaltech. R2 por naturaleza. Subcampeón la Copa Máster de FEDEJ, mejor orador en otros torneos y campeón del III Moot Internacional de Negociación y Mediación. Este debatiente todoterreno es Juan Pablo García Pinzón
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Bueno Juanpa, como siempre y por el principio: ¿Cómo y cuándo entraste en el mundo del debate?

La primera vez que supe acerca de este mundo fue al leer un reportaje sobre el club de debate de Comillas que hizo un medio de prensa nacional, en el que aparecía María Ayuso, una antigua compañera del colegio. Poco después, en 2015, mientras cursaba segundo de carrera, escuché que algunos compañeros de clase como Alejandro Pena o Beatriz Picardo hacían debate. Tras coincidir con Ale en un trabajo de grupo de una asignatura, me comentó que la Escuela de Debate Cánovas Fundación, en la que él debatía, había abierto inscripciones. 

Me animé a probar suerte y me apunté junto a mis amigos Toni y Juanan, también compañeros de carrera. Lo demás es historia.

En estos 4 años que llevas, ¿cuál es el momento más divertido que has vivido en debate?

No puedo elegir uno solo, pero me alegra que me sea imposible responderte, porque eso significa que lo he pasado muy bien debatiendo estos años.

Lo que sí te puedo decir es que, sin duda, el torneo en el que mejor me lo he pasado y más me he reído fue el INJUVE, en 2018. Existen muchas anécdotas sobre ese torneo, pero, si de verdad quieres oír una historia divertida, podrías empezar por preguntarle a Nacho García Descalzo sobre su trayecto de ida al mismo. No tiene desperdicio. 

Ya que has probado bien los dos, si te diesen a elegir… ¿Académico o BP? ¿Por qué?

Para pasármelo bien, BP. Para lo demás, Académico.

El BP es divertidísimo, porque tratas muchos temas diferentes (algunos de ellos disparatados) en muy poco tiempo, con una preparación de 15 minutos y el correspondiente subidón que eso supone. Vas al grano de la cuestión y te olvidas de las formas, lo cual tiene sus ventajas. 

Debatir en BP es muy estimulante y es donde puedes realizar un mayor ejercicio de argumentación y contraargumentación. Sin embargo, también requiere de mucha preparación y trabajo. Tienes que estar al corriente de la actualidad, dominar temas muy variados y leer muy bien el debate para aplicar la estrategia adecuada al mismo. 

A pesar de todo ello, el Académico potencia otros aspectos como el trabajo en equipo, el lenguaje no verbal (las formas en general) y el uso de evidencias que te ayudan a desarrollar esas habilidades que normalmente se identifican con hablar bien en público, ya sea, por ejemplo, a la hora de hacer una presentación o un discurso. 

Al final, el objetivo de la retórica no es otro más que comunicar y persuadir, y el formato académico explota más la parte persuasiva. 

Ya que veo que tienes experiencia, ¿qué crees que le falta y le sobra al mundo del debate?

Importancia, en ambos sentidos. Externamente le falta, pero internamente hay veces que le sobra. Me explico:

Para las personas de fuera del mundo del debate, que como es lógico consiste en el grueso de la población, el debate puede parecer una afición más. Eso con suerte, pues la mayoría nunca ha oído hablar de él o desconoce de qué va exactamente. 

La realidad es que el debate es algo más que una afición. Es un medio para desarrollarte, no solo profesional, académica y personalmente, sino también como ciudadano. 

Debatir no es solo hablar bien en público, que también es importante, es desarrollar el pensamiento crítico, cuestionarte el porqué de las cosas, ver las dos caras de la misma moneda, razonar, investigar, poner ideas en común, aplicar a la práctica tu imaginación y creatividad, desarrollar tu tolerancia y empatía, aprender a sintetizar, a persuadir, a comunicar, a redactar y a trabajar en equipo (de verdad, no como si fuera hacer un PowerPoint para ‘X’ asignatura). 

Es superar obstáculos y ganar confianza, conocer gente y lugares nuevos, crecer y conocerse mejor a uno mismo. Consiste en un aprendizaje educativo activo, que te estimula y choca con el aprendizaje pasivo que recibimos desde niños.

Creo firmemente que una sociedad mejora cuando los miembros que la componen desarrollan virtudes como las que precisamente potencia el debate. De ahí que considere que el debate sea importante.

Sin embargo, si le hablas sobre el debate a algún conocido, lo más probable es que obtengas un “qué bien” por respuesta o alguna broma relacionada con la política. En el imaginario colectivo se percibe como algo positivo, pero no pidas una profundidad mayor, porque no la encontrarás. Como mucho, alguien te dirá que eso está muy bien porque hablar en público es muy importante y a él/ella le cuesta/costaba mucho, seguido de alguna anécdota. Algunas universidades y colegios tienen clubes de debate, pero la mayoría no.

Esto es triste, porque muestra que la importancia que tiene actualmente no se corresponde con su importancia real, y eso se traduce en desconocimiento, que en última instancia implica un enorme desperdicio. Desperdicio de estudiantes que, de haber conocido el mundo, habrían desarrollado numerosas habilidades y disfrutado en cantidades inmensurables. 

Especialmente, entristece en el ámbito universitario, porque, de no ser por actividades como el debate, los universitarios perderíamos la oportunidad de desarrollar esas competencias tan necesarias que las instituciones fallan en brindarnos. Hoy día, hablando desde mi propia experiencia y con honrosas excepciones, la estimulación intelectual que uno encuentra la educación superior es, cuanto menos, escasa. La mayor parte de ésta consiste en atender a “lecciones magistrales”, que es el término edulcorado para referirse a estar horas delante de un lee-diapositivas, y memorizar por memorizar o hacer tareas por hacer. Se olvidan los porqués, la crítica y la creatividad para dejar lugar al mero consumo de un contenido ya preestablecido. El protagonista, en vez de ser el alumno, es el profesor.

Si al debate se le diese la importancia que merece, seguramente éste sería el espejo al que los planes formativos mirasen para modificar su enfoque y metodología, algo de lo que todos nosotros nos enriqueceríamos.   

Afortunadamente, el panorama cada vez mejora más, gracias principalmente a organizaciones privadas, con o sin ánimo de lucro, que extienden y defienden la importancia del debate como herramienta educativa. 

Por otro lado, también considero que a veces le sobra importancia, pero esta vez para aquellos que estamos dentro del mundo del debate. Es fácil dejarse arrastrar por sus virtudes y quedar absorbido, hasta el punto de que tu mundo gire en torno a él y alteres tu orden de prioridades. Al fin y al cabo, pasas mucho tiempo con otra gente con inquietudes parecidas a las tuyas, con los que vives experiencias que pueden ser muy intensas y compartes viajes, alegrías y tristezas. 

Aún así, hay vida más allá del debate y para mí es un error hacer de una sola cosa el centro de tu vida. Personalmente, me resultaría muy aburrido que la mayoría de mis amigos, intereses amorosos, metas o viajes estuvieran relacionados con el debate.

También creo que debemos relativizar lo que pueda suponer destacar o ganar X reconocimiento o torneo. A la larga, a nadie le importa. 

De hecho, normalmente esa visión distorsionada de la realidad es la que saca a relucir los aspectos más negativos del mundillo, como son las luchas de egos, la soberbia, el clasismo o la competitividad llevada al extremo. Y esto último definitivamente sobra no solo en el debate, sino en cualquier ámbito. 

Hay otro ámbito del que no tanta gente tiene experiencia y me gustaría que me contaras un poco sobre él ¿Cómo se vive desde dentro un MOOT de mediación?

Te lo resumo en dos palabras: Intensidad y diversión. 

Si te gusta el Derecho, el MOOT de mediación es una oportunidad excelente para pasarlo en grande y aprender con un enfoque muy práctico que no obtienes de otro modo. Te permite un acercamiento único al mundo del derecho de los negocios.

En mi caso, disfruté como un niño. La temática de la edición en la que participé era Startups, la cual me apasiona, y los casos estaban basados en conflictos reales. Por ejemplo, tratabas situaciones como conflictos entre los accionistas de una compañía a raíz del pacto de socios o posibles vulneraciones de contratos de outsourcing. 

En estas competiciones no solo argumentas, sino que tienes que negociar e intentar llegar a un acuerdo. Esto lo hace muy diferente al resto de formatos, en los que la confrontación siempre es directa. 

Al constar los casos de una información genérica y otra confidencial, que solo recibe cada parte y que difiere una de otra, se asemeja mucho a jugar una partida de póker. Tiene un planteamiento muy estratégico, en el que debes escuchar muy atentamente al otro para averiguar qué quiere exactamente, hasta dónde está dispuesto a ceder o qué podría beneficiaros a ambos. Debes preparar muy bien los casos, las posibles estrategias a seguir y las contingencias, planear cómo usar tu tiempo y dónde poner el foco en la negociación, qué puedes ceder, qué no, qué crees que hará la otra parte… Esto se traduce en un trabajo brutal y en la necesidad de tener en la cabeza numerosos datos e información todo el tiempo. De ahí que sea tan intenso. 

Recuerdo que, para la fase final, como recibes el caso justo la tarde de antes (tanto semifinal como final, si clasificas), pasé toda la noche en vela trabajando en ambos casos. Y mereció la pena.

También tienes que compenetrarte muy bien con tu compañero y no dejar ni un solo flanco sin cubrir. Para mí, esto último fue muy fácil, pues participé con Beatriz Jiménez Pérez, quien, aun sin ser estudiante de Derecho (doble mérito) fue la compañera ideal durante toda la competición, entendiéndonos solo con una mirada o un gesto de mano. 

Por último, lo mejor del MOOT es el feedback que te dan abogados, mediadores y profesionales del Derecho tras asistir a tus sesiones, así como visitar las sedes de los despachos y empresas colaboradoras. 

Voy a preguntarte casi por cada formato existente, pero ¿cómo se vive desde dentro el debate jurídico?

Exactamente igual a como se vive el debate académico, solo que si eres estudiante de Derecho se trata de una experiencia enriquecida. 

La temática legal te permite aprender más sobre temas que quizás escapan de lo estrictamente reglado en tu plan de estudios, pero que están estrechamente ligados con el mismo, completando tu formación y permitiéndote una mayor profundización en el fondo de la pregunta. 

Para mí, lo más importante es que te hace plantearte el estudio de una cuestión jurídica desde sus cimientos y hacerte preguntas que normalmente no te harías, por ejemplo, si la preparas para un examen: ¿Por qué se redactó esta ley? ¿Qué cuestiones éticas quedan implicadas? ¿Qué pretendía el legislador? ¿Es eficaz? ¿Es aceptada socialmente? ¿Qué solución se le ha dado históricamente o en otros sistemas legales? ¿Se me ocurre una solución alternativa?

También te fuerza a consultar jurisprudencia, comparar doctrinas y realizar interpretaciones creativas de la ley, con el objetivo de persuadir siempre en mente, lo cuál es fundamental dominar si decides dedicarte en el futuro al ejercicio de la abogacía. 

Pero de nuevo, sin duda, lo más interesante del formato judicial es el acercamiento a profesionales del sector legal, los cuales generosamente te regalan parte de su escaso tiempo para ayudarte a mejorar con su feedback, así como las instituciones que visitas. Debatir en lugares como el Congreso de los Diputados, el Senado, el Ayuntamiento de Madrid o el Parlamento Europeo es una experiencia única y un premio en sí mismo. 

Y en un ámbito un poquito más apartado de debate, aunque relacionado… ¿Te gustan las simulaciones políticas de debate (tipo SIPA, SICODI…)? ¿Por qué?

No. Probé la SIPA en 2016 y, aunque me lo pasé muy bien en el Mamajuana, en algunas intervenciones y en las comidas, no he repetido la experiencia. 

La razón es que, desde el punto de vista de la actividad en sí, el número de participantes es altísimo y el ritmo de esta es más lento en comparación con el resto de los formatos. La duración también es mayor, lo que implica poner en pausa durante 5 días tu vida, algo que a medida que pasa el tiempo se hace cada vez más complicado. También suele interesarme menos la temática. 

En definitiva, prefiero el debate, con ese subidón de adrenalina que te da hacer 5 rondas en un mismo día.

No obstante, creo que las simulaciones políticas, como tales, son muy positivas, porque nos acercan a las instituciones democráticas y a su funcionamiento. Aprendes más sobre la labor legislativa y escuchas puntos de vista muy diferentes sobre las mismas cuestiones, forzándote incluso a defender posturas con las que ideológicamente estás en las antípodas. Recomiendo a todo el mundo que, al menos, lo pruebe una vez y vea si es lo suyo o no. La gran mayoría termina repitiendo. 

Ya que hemos visto que eres un debatiente todoterreno, de entre todas las ramas que has probado (Moot, Académico, BP, Jurídico, Simulaciones…) ¿cuál es la que más te gusta y por qué?

Me quedo con el Moot, porque me parece la rama más interesante desde un punto de vista práctico. El debate, tanto académico como BP, tiene ganadores y perdedores. Es un juego de suma cero. Sin embargo, me parece un efoque poco realista. Son raras las ocasiones en las que esto es así en el mundo profesional, suele suceder (o debemos buscar) lo contrario: colaboración antes que confrontación. Un resultado ganar-ganar.

El Moot pone el énfasis precisamente en esto. Requiere no solo de tu capacidad de persuasión y argumentación, sino también de negociar, de usar la escucha activa para identificar los intereses en juego y la creatividad para encontrar soluciones que aporten valor a todos los implicados. 

Por experiencia, que veo que no te falta, si tuvieses que dar un consejo a la gente joven que va a empezar en debate, ¿qué les dirías?

A debatir se aprende debatiendo. Aprovechad todas las oportunidades que podáis; es mejor estar agobiado que aburrido, porque el tiempo es escaso y cuando te lo pasas bien, pasa muy rápido. Dad siempre lo mejor de vosotros, pero no os obsesionéis con los resultados, siempre existen variables que escapan de tu control. Lo importante es tener la conciencia tranquila, y eso solo lo da el trabajo bien hecho. 

Y recordad: Ganéis o perdáis, no seáis unos capullos.

Y ya que hablamos de aprender, ¿cuál dirías que es tu persona referente en el mundo del debate?

En argumentación y razonamiento: Javier de la Puerta, Gonzalo Herreros y Antonio De la Cruz.

Para mí estas tres personas tienen una claridad y una velocidad mental envidiable, además de una lógica implacable. Esos dones no solo les convierte en grandes debatientes, sino también en excelentes jueces, algo fundamental para el mundo del debate. 

En forma: Miguel García Martín, Carlos Valverde y Antonio Fabregat. 

Miguel es la elegancia y solemnidad hecha persona en sus intervenciones, Carlos es magnífico dando discursos o contando historias, de esas personas que captan tu atención y la retienen sin esfuerzo y Fabregat es simplemente el mejor debatiente que he visto.

En actitud: Antonio David Durán. 

Toni es la persona con la que más he debatido y más competiciones he preparado, por lo que sé bien de lo que hablo. De él admiro que nunca se da por vencido, su confianza, su foco en el objetivo, cómo se crece ante la presión, y su compromiso y lealtad con el equipo. Simplemente sabes que no fallará, así que es alguien a quien siempre quiero en mi equipo y del que intento aprender constantemente. 

Y como siempre y para cerrar, si tuvieses que concluir toda tu vida en el debate con una frase ¿cuál sería?

“People rarely succeed unless they have fun in what they are doing”. Dale Carnegie. 

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