Muy buenos días. Hoy estamos con Julio Lozano, de la Universidad Complutense de Madrid. Primero de todo, bienvenido.
Muchísimas gracias.
Queremos empezar preguntándote cuál fue tu primera impresión al entrar al mundo del debate.
Entré en el mundo del debate justo antes de la pandemia. Mucha gente dice que entró porque tenía un amigo allí, por conseguir un crédito o por simple curiosidad. En mi caso, yo no hice debate escolar ni nada parecido. Vengo de Cáceres y allí no existía esta disciplina. Sin embargo, yo era de esas personas que ya tenía la curiosidad de saber qué era el debate y me apetecía imaginar cómo sería competir en algo así en la universidad.
Entré en un club muy pequeño, Comunícate, que acababa de empezar. Al principio, mi impresión era que se trataba más de una comunidad que de un circuito competitivo, el cual conocí mucho más tarde. Lo que vi inicialmente era un espacio donde los universitarios empezaban a organizarse, hacían planes y daban clases; lo conocía mucho desde fuera y no entendí todo lo que implicaba el circuito hasta tiempo después.
Empecé en la modalidad de debate académico. Aunque prácticamente todo lo que he hecho en mi vida ha sido BP, comencé con un torneo interno de académico. Lo recuerdo como algo muy pequeño y familiar entre las tres facultades de mi campus en Somosaguas. Mi impresión era la de un espacio cercano donde todos los que debatíamos éramos como una familia. Fue después cuando conocí el circuito de BP con todo lo que implica a nivel nacional.
A lo largo de tu carrera te hemos visto avanzar y, como dices, empezaste en académico pero te has desarrollado mucho más en BP. ¿Qué es lo que te gusta de cada modalidad?
Empezaré por el Académico. He sido una persona crítica con lo que he conocido del circuito, pero tras haber juzgado varios torneos en Madrid (tanto escolares como en colegios mayores), reconozco que es un circuito que ha aprendido algo fundamental que a veces en BP se olvida: orientar el debate para que sirva como una herramienta útil.
El debate no está en la universidad por azar; está aquí porque nos provee de herramientas para el futuro, tanto a nivel laboral como en el sentido de demostrar que la oratoria y la forma en que hablamos sirven para conseguir objetivos, transmitir mejor y fomentar una comunicación y argumentación sana. Aunque a veces se oriente demasiado a lo laboral o al currículum, creo que en BP se olvida que la competición puede volverse tan endogámica que solo tenga sentido dentro de ese espacio.
A veces escucho discursos brillantes de gente de mi círculo, pero sé que si se los enseño a mi abuela, ella no entendería a dónde quieren llegar. Eso es un error. Cuando la competición gira tanto sobre sí misma que pierde relevancia fuera de ella, debemos aprender del académico a hacer algo más vistoso y atractivo para que, al salir del debate, hayamos aprovechado realmente la herramienta.
Por otro lado, el BP ha demostrado una capacidad de crecer y mejorar que lo ha convertido, para mí, prácticamente en un deporte. En BP, especialmente en los últimos cinco años con la pandemia y la renovación generacional, se ha demostrado que la argumentación puede ser un deporte por su complejidad.
Existen tantos estilos y formas de afrontar los debates que uno puede encontrar puntos fuertes y débiles, analizar al rival y prepararse mentalmente como un deportista. En BP demuestras en un entorno competitivo que puedes llegar a la brillantez. Aunque no sea una herramienta de oratoria tan clara como el académico, te enseña a competir al máximo nivel usando tus habilidades. Si tu pasión es debatir, puedes tomártelo como tu deporte. En España tenemos la suerte de contar con un circuito muy desarrollado con más de 10 o 15 torneos presenciales, un mundial anual de máximo nivel e incluso todo un ecosistema competitivo en inglés en Europa y el resto del mundo.
¿Qué es lo más importante para ti a la hora de debatir?
Aunque suene tópico o sin fundamento, lo más importante es disfrutar. Se lo digo a todos los equipos que formo. Y no lo digo solo por pasarlo bien, sino como psicólogo. El debate, sobre todo el BP, requiere estudiar mucho. Es un ocio que a veces es difícil de explicar a los padres, porque tus actividades de tiempo libre consisten en formarte académicamente, y eso es duro.
No es lo mismo preparar un debate sobre un tema que te encanta o un torneo accesible, que tener que estudiar qué es la deflación porque el mundial es en dos meses. Cuando no te lo pasas bien, rindes peor. La cabeza va a otra velocidad cuando te planteas qué haces ahí, si pierdes el tiempo, o cuando el miedo a perder supera al disfrute de ganar.
Cuando disfrutas, tu cabeza piensa constantemente en ideas, en cómo jugar con ellas, en cómo refutar de manera persuasiva porque has visto qué funciona y qué no. Si encuentras placer en desarrollar tus propias estrategias y estilos, alcanzas un nivel superior. Alguien puede ser competitivo por responsabilidad o por tener un buen formador, pero para ser realmente bueno y que los mejores te reconozcan un nivel argumental y dialéctico valioso tienes que disfrutar constantemente de lo que haces. Es tener esa ética competitiva de hacerlo no porque debes, sino porque quieres.
¿Cuáles crees que son las actitudes que puedes seguir mejorando en tu carrera?
El debate es una gran herramienta para trabajar la atención, y es algo en lo que necesito seguir trabajando siempre. Te fuerza a mantener la cabeza en un pensamiento sin distraerte, porque si lo haces, pierdes tiempo para argumentar o responder.
En BP, aunque no puedes usar el móvil, debes interactuar con siete discursos distintos de siete minutos cada uno. Hay mucho «tiempo vacío» o momentos en los que responden a otros equipos, pero tienes que estar atento a todo porque nunca sabes cuándo dirán algo significativo o sobre qué te pedirán feedback. Debes demostrar que tienes en cuenta todo para ser un juez de nivel mundial.
Estamos acostumbrados a la inmediatez, a mirar el móvil cada cinco minutos o a que en clase solo nos importe la parte que entrará en el examen dentro de tres meses. El debate es un contrapeso a esa sociedad inmediata; aquí el objetivo requiere demorar la recompensa y mantener la atención plena durante media hora.
Además de la atención, valoro la responsabilidad. Ahora tengo roles distintos, como jefe de adjudicación o parte del equipo de adjudicación del Mundial. Te das cuenta de que tus consejos o tus ánimos influyen en la carrera de los demás. El debate es un espacio donde se pasa mucha vergüenza cuando te va mal o cuando sientes que no valoran tu esfuerzo. Asumes responsabilidades sobre cómo tus palabras pueden motivar o desmotivar a alguien. Es muy bonito pasar de ser quien recibía ayuda a ser quien la da; ayuda mucho a madurar y crecer como persona.
¿Cómo te ayuda el debate a gestionar los problemas más allá de lo atribuible a la competición?
Te genera una forma de pensar y argumentar mucho más rápida. Detectas antes cuando alguien cambia de tema o te refuta de forma falaz. Al principio esto puede ser un problema, porque tus amigos o padres detectan ese «modo debate» y se ponen a la defensiva diciendo: «No empieces a hablar así, esto no es un debate».
Definitivamente, mi vida sería distinta sin el debate. Te construye una estructura mental que no se aprende en el colegio ni con los amigos. Te ayuda a saber qué quieres en una conversación y cómo llegar a ese objetivo. Una vez que aprendes a pensar con ese ritmo, es como montar en bicicleta: ya no se olvida. Te hace mucho más eficiente en conversaciones laborales o de pareja. Es algo que ojalá se enseñara en las escuelas, nos ahorraría mucho tiempo.
¿Hay alguna intervención que recuerdes con especial cariño?
Te diré dos. La primera es la final del Interpoli 2023. Fue especial porque fue el primer torneo que hice tras el mundial de ese mismo año, donde no nos fue tan bien como queríamos. Fue un punto de inflexión donde pensé que mi carrera competitiva para llegar a una final mundial quizá terminaba ahí. Al ir a este torneo de forma más tranquila y sin presión, hice el discurso al que más cariño le guardo.
Me permitió construir argumentos basados en la psicología y en cosas que me gustan a mí, no porque me las enseñara un formador o las viera en otros, sino porque me apetecía a mí. Debatía con Isabella Vásquez, que venía de ganar el mundial, y a ella también le hizo ilusión la idea. Cambiamos posiciones en la final porque yo quería hacer la extensión y argumentar esa parte. Fue un debate muy emotivo sobre el amor y una herramienta para encontrar la pareja perfecta (o que te decía tus errores en relaciones pasadas). Intenté apelar mucho a la emoción, algo que en BP está infravalorado. Se dice que la forma no importa, pero la forma sí importa para convencer a una persona de que te vote.
La segunda es la final del penúltimo BP Comunícate. Debatí con un alumno mío, Ángel Trujillo. Yo estaba desentrenado, perdimos muchas rondas preliminares y el domingo estuve a punto de no ir a las semifinales. No lo estaba disfrutando y pensé en retirarme allí mismo. Fui por él, para no fallarle ni que pensara que era su culpa.
Fue una final preciosa entre cuatro equipos que éramos muy amigos y nos respetábamos mucho. Nosotros habíamos sido claramente el peor equipo del torneo, pero tuvimos la suerte de ganar la final. Aunque mi discurso no fue el mejor técnicamente porque no estaba a mi máximo nivel, ganar con un alumno y tras una historia tan «imperfecta» me hizo sentir muy orgulloso.
Por último, ¿podrías decirme algún referente?
Tengo muchísimos, pero destacaría a cuatro. Amadeo Gavilano fue mi primer formador. Apostó por nosotros cuando no éramos nadie y nosotros apostamos por él cuando aún estaba creciendo. Fue un acierto total ver su talento y brillantez. Juan Fernández y Zarza me impresionó por lo brillante y persuasivo que puede ser un debatiente incluso para alguien que no tiene experiencia.
Javier Lara es una de las personas más inteligentes que he conocido; es un placer haberle conocido gracias al circuito, y por su puesto, Isabella Vásquez, por todo el proceso de aprendizaje que hemos compartido. Me da pena dejarme a gente, porque después de tanto tiempo muchas personas te enseñan y te hacen mejor.
Pues Julio Lozano esto es todo. Muchísimas gracias por compartir tanto con nosotros.
A vosotros siempre.