¿Los productos culturales mainstream favorecen la visibilidad o la deterioran?

Carolina Cunqueiro Rivadas, estudiante de tercero de Comunicación Audiovisual en la USC y miembro activo del Club Debate Compostela desde hace 2 años, nos plantea esta intrigante pregunta cultural. ¿A qué esperas para leer este interesante artículo?
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El cine, como séptimo arte, ha llevado a las pantallas un abanico de historias que han sufrido variaciones para seguir produciendo ganadoras de Óscars. Las razones detrás del cambio son indisociables de su papel como generadores de beneficio para las industrias creativas, desembocando sus fórmulas de éxito en el uso de culturas ajenas.

Para introducirnos en la cuestión debemos entender cómo nace ese éxito. Los mainstream hacen referencia a producciones que logran un consumo masivo, y consecuencia un mayor impacto en el imaginario cultural. Actualmente, podemos ver representadas en ellos culturas históricamente infrarrepresentadas, ejemplo de ello la turca, japonesa o coreana. Esto responde en gran medida a un agotamiento de las formas occidentalizadas utilizadas previamente, que han acabado consolidándose como clichés repetitivos. En la búsqueda de la innovación narrativa, nace una tendencia que premia el componente “exótico” inspirándose en los movimiento de redignificación culturales en los países minorizados. De la misma forma que el fast fashion utiliza el feminismo para hacer camisetas, la industria audiovisual usa estas culturas, pero, ¿son verdaderas representaciones fidedignas? Responderlo depende de analizar la realidad que reflejan, y ponderar si la mirada que proporcionan mejora la consideración colectiva.

En el empleo del exotismo, los mainstream coinciden en algo: su público objetivo sigue siendo occidental en tanto es el principal inversor en ocio. Así, las representaciones tienden, en muchos casos, a tomar los viejos clichés e introducir elementos culturalmente extraños para enriquecer la imagen del producto. El caso de las novelas turcas es llamativo al ser las más aclamadas aquellas que representaban una clase alta europeizada, donde la realidad del país acerca del conflicto religioso, la pobreza o la sexualidad se ignoraba.

Entonces, ¿qué efectos puede tener en la visibilidad? Estamos viviendo un progresivo acercamiento al “turismo cultural”. Los espectadores se empapan de la cultura procesada de las plataformas streaming, generando una mayor popularidad de estas culturas pero raramente logrando profundizar en su realidad sociocultural. Así, un espectador amante del anime podrá asistir a clases de escritura japonesa, sabrá lo que es el cosplay y tendrá como comida favorita el ramen, pero desconocerá la ideología mayoritaria o la importancia de la familia.

Pesé a todo, visto así podríamos valorar positivamente la visibilidad que fomentan en la medida en que sí cumplen con el propósito de favorecer su presencia, antes nimia. El debate para resolver esta cuestión gira en torno a si esa es la perspectiva más deseable, o si la misma no causa un retroceso en las capacidades de las culturas para crear una identidad internacional independiente. Incluso casos cuasi documentales como Narcos o Fariña, donde como productos audiovisuales mainstream que son han asentado la imagen de que estas poblaciones están absolutamente vinculadas al narcotráfico, hacen un flaco favor a las sociedades en lo que respecta a su redignificación.

Aún así, tal vez la solución para incrementar la visibilización sí se encuentre en el paulatino proceso de aceptación de nuevas culturas en las narrativas audiovisuales. Si bien en la actualidad estás historias no benefician todo lo que podrían estas comunidades, sí han abierto canales que permiten la inclusión futura de personajes que las representen mejor. El tiempo decidirá si el turismo cultural que implantan es precursor de una mejor aceptación, o el estadío máximo de visibilidad al que se puede aspirar.

Así pues, el debate está servido.

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