Nápoles: Youth Committee for the Future

El proyecto Youth Committee for the Future ofreció a un grupo de jóvenes debatientes la posibilidad de embarcarse hasta Nápoles y vivir toda una experiencia del parlamentarismo europeo.
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Camisa, chaqueta, pantalones, paraguas, cámara, comida para el viaje… Una vez revisado todo lo que me tenía que llevar cerré la maleta y emprendí camino al aeropuerto. Iba a participar en un proyecto de Erasmus +, llamado Youth Committee for the Future, haciendo ejercicio de mi maravilloso inglés. Allí me encontré con casi todos los participantes españoles del proyecto: Amalia López, Alba León, Juan Pablo García, José Rubio, Sara Martín, Alberto Luque, Marina Escalona, Ana Somavilla y Rodrigo Soriano. Nos quedamos un rato charlando hasta que abrieron la puerta de embarque y nos subimos al avión.

El primer trayecto lo hicimos de Málaga a Roma. Una vez nos bajamos del avión fuimos a buscar a Alejandro Ibáñez, que había venido directamente desde Madrid. Ya todos juntos nos pusimos a buscar la puerta de embarque del segundo vuelo, de Roma a Nápoles. Fueron dos trayectos cansados, más de uno lo demostró pegándose una buena siesta, y cuando llegamos solo pensábamos en cenar e irnos a dormir.

Cogimos tres taxis desde el aeropuerto hasta el hostel “La Controra”. Imaginad nuestra cara al llegar, después de diez minutos de trayecto, y que el conductor nos dijese trentachinque. No llevábamos ni trentacinque minutos y ya nos la habían colado, pero al menos pagamos por la anécdota que nos acompañó el resto del viaje. Cuando entramos al hotel la recepcionista fue super simpática y nos ayudó a pedir unas pizzas para cenar todos juntos en la sala común. Después entramos a las habitaciones, que compartíamos entre diez participantes de varias nacionalidades, y nos fuimos a dormir porque el día que nos esperaba tenía pinta de ser duro.

Nos despertamos sobre las 7 de la mañana, aunque algunos se quedaron un poco más pegados a las sabanas todas las mañanas. Me di una ducha, me vestí con mi usual atuendo business casual y me bajé a la sala común a desayunar en el pequeño buffet que nos ponía el hostel. La verdad es que el café estaba bastante mejor que el de Mollina (guiño guiño).

Después nos recogieron los organizadores del proyecto y andamos hasta el Jardín Botánico de Nápoles, donde nos dividimos por parejas para conocer mejor a los integrantes de otros países con los que estábamos participando, aunque el día se nos pasó un poco por agua, y había unas cuantas boybands de incautos ocupando los paraguas del resto de participantes. Después todo el grupo nos desplazamos a Mediateca, dónde nos repartimos entre las 5 comisiones que se encargarían de realizar un draft, con diferentes propuestas para solucionar algunos de los desafíos más importantes de la Unión Europea. Los temas para elegir eran Demography, Digital Society, Future Literacy, Migrations y Work Automation. Yo elegí trabajar en demografía, y discutimos sobre el futuro de las tasas de natalidad, la sostenibilidad del sistema de pensiones, la estructura dependiente de juventud de la economía, y unas cuantas cosas más. Con un lunch break y un cappuccino en el Grand Café il Duomo entre las dos sesiones de trabajo en comisiones, acabamos el día y nos fuimos a cenar al “Ristorante E Pronto o Mangia”. Después nos acercamos al bar “Kestè” a tomar unos cuantos refrigerios y a demostrar nuestra validez como mineros con el pico y pala (if you know what I mean), y cuando acabamos volvimos en metro al hostel para descansar.

El tercer día fuimos al Palazzo delle Arti Napoli, donde recibimos durante todo el día las charlas de diferentes expertos sobre los temas que habíamos tratado el día anterior. Más concretamente las charlas fueron: Robotics moving closer to humans por Bruno Siciliano, The MOOC challenge / Redisigning University Education por Mauro Calise, Ageing Population: a social challenge por Vincenzo de Luca, Automation and work por Riccardo Campa y The Five Stars Movement por Paolo Mossetti. Hicimos un pequeño break para comer en el que descubrimos una comida típica napolitana, que bauticé como bocazza, porque consistía en un bocata dentro de un pan hecho con masa de pizza. Si, lo sé, soy un genio del humor. El caso es que después de todas las charlas nos fuimos a cenar, aunque pasamos antes por el Castillo del Huevo. Cuando acabamos de cenar nos dividimos en dos grupos, uno que iba al hostel y otro que iba al bar a disfrutar de algo de baile y un buen refresco. Aun así, los que volvimos al hostel sí que nos tomamos algo en el bar que había dentro antes de acostarnos, y prepararnos para el siguiente día.

El cuarto día volvimos al Palazzo delle Arti y escuchamos las dos charlas de expertos que nos quedaban, International migrations and intercultural cities: the experience of Naples por Elena de Filippo y Teaching and making future: Impactscool por Andrea Geremicca.

Tras las charlas tuvimos un break para comer y después nos pusimos a redactar los drafts con todas las propuestas, separándolas por puntos principales y debatiendo sobre cuáles eran las más importantes para el futuro de la UE. Por la noche, destrozados después de todo el trabajo en comisiones fuimos a cenar a la “Pizzería Jenny e Gianni” y luego fuimos en grupo hasta el hostel, donde nos pasamos gran parte de la noche jugando a un Yo nunca o como se dice en inglés Never have I ever.

El quinto día era el más importante porque votábamos y hacíamos enmiendas todos juntos a los drafts propuestos por las diferentes comisiones. Adivinad quién se quedó completamente dormido. En fin, después de la SIPA tenía práctica para prepararme en 10 segundos, así que agarré mi maleta y mi cámara y corrí hacia la estación de metro. Una vez allí se abrió la simulación de votación de la eurocámara y comenzamos a realizar enmiendas. La votación continuó hasta la tarde, con una pausa para comernos un bocazza, y al final aprobamos todos los drafts (no sin antes haberlos debatido bastante).

La última actividad oficial fue la conferencia de prensa de una europarlamentaria miembro del Movimiento Cinco Estrellas y de un profesor catedrático de derecho internacional, aunque durante la mesa redonda hubo una acalorada discusión tanto entre los participantes de esta como con el público. Cuando acabó y nos dieron algo de tiempo volvimos al hostel y comenzamos a preparar la comida que íbamos a llevar a la fiesta de la noche internacional. Allí probamos de todo, pero si yo tuviese que dar un ganador claro de entre los platos que pusimos en la mesa, creo que el salchichón de Málaga sigue siendo difícil de superar. Lo mejor de la noche sin embargo no fue la comida, sino el ritmazo que les metimos en el cuerpo los españoles al resto de participantes de otros países entre sevillanas y bachatas. Cuando nos echaron de la parroquia donde estábamos celebrando la fiesta, (sí, una parroquia), nos volvimos al hostel y estuvimos de fiesta en el bar, pero nos acostamos tempranito porque sabíamos que teníamos que estar frescos para la vuelta.

El sábado era el último día y por la mañana llamamos unos taxis, asegurándonos de que esta vez no nos cobraban trentacinque euros, y tomamos rumbo hacia nuestra España querida, a la que incluso después de una despresurización de la cabina y un aterrizaje de película llegamos sanos y salvos.

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