VIII Torneo Séneca

Es curioso que sea un torneo que versa sobre historia el que innove en todas sus ediciones. Este año, Séneca no ha dejado indiferente a nadie con sus ideas y cambios...
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— ¿Te imaginas que llegamos ambos equipos a la final?

— Buah, ojalá. Pero dudo mucho que pase.

— Oye, ¿no estaría gracioso que en el caso de que llegásemos debatiésemos una moción de BP?

— Venga ya. 

— Sí. Sí. Yo lo veo. Esta casa cree que Rusia fue positiva para la humanidad.

Todo son bromas hasta que se convierte en realidad. Y lo que en tu cabeza una tarde de preparación de un torneo empieza siendo una ida de olla, puede parecer muy plausible una vez que pasas cuartos. Pero que no se adelanten las manecillas del reloj en esta crónica, que aún estamos en el coche de camino a Córdoba.

El VIII Torneo Séneca está a punto de empezar. Con vistas a la mezquita, en la Facultad de Filosofía y Letras esperan las acreditaciones a encontrarse con sus respectivos dueños y dueñas. Un equipo entra. Mira alrededor. Hay poca gente. Todavía faltan equipos. “Perdón, ¿aquí es el debate?”. Retumba en toda la sala con un tono de timidez. Siempre pasa. Cuando aún no se ve ningún chico trajeado, carpetas con evidencias o maletines, empieza la preocupación.

Pero pronto aparece un staff. “Ya podéis ir pasando. Va a empezar la inauguración”. Empieza el momento de los saludos. Buscar caras conocidas. Abrazos que solo se repiten de torneo a torneo. Pero entre saludo y saludo, se activa un micrófono. Empieza el torneo. “URJC, Complutense 1, Complutense 2, Cánovas, CDU, Dilema, …” Todos los equipos van levantando las manos conforme los nombran. Falta uno. Babel llega tarde al roll call. “¿Alguien sabe dónde están?”. Toda la sala se mira. Nadie sabe nada. Aquí empiezan las historias del torneo. 

Publican los enfrentamientos de este primer día. Quedan tres rondas. Tres rondas donde los equipos sabrán sus resultados. No hace falta hacer cálculos. Aunque he descubierto una aplicación que te hace los cálculos para no tener que pensar en cuántos equipos pasan el break y con cuántos puntos. Lo que una descubre en cada torneo mientras que se come pizza. Sí, la comida del primer día se basa en una dinámica del estilo “Los Juegos del Hambre”, y nunca mejor dicho.

Refutaciones. Evidencias. Nexos. Los enfrentamientos terminan en abrazos y apretones de manos. Y sin darnos cuenta, se ha hecho de noche y todos salen a los balcones y ventanas para hacer fotos a la vista oscura de Córdoba. 

¿Sabéis cuál es la mejor manera de acabar un primer día de torneo? Debatiendo sobre la legitimidad de Israel, pero sustituyendo el atril por una jarra de cerveza. Aunque yo tendría que irme pronto. Ya quedará tiempo de salir el sábado. Por ahora lo que queda es volver a la residencia.

Me alegro de la decisión que tomé. Sábado. Empezamos otro día más. Solo quedan dos rondas. Esta vez, las rondas son ciegas. Y hasta después de comer no sabremos qué equipos pasan a cuartos. Hay tiempo aún para cambiar líneas e intentar remontar la falta de victorias del día anterior.

“¡Es que en cuatro minutos no me da tiempo a refutarlo todo!” se escucha una voz que baja por las escaleras. Algo de verdad tiene. Los debates de fases acaban muy rápido, por ello, (y pese a tener una tercera refutación).

Ya no quedan ni cuatro minutos. Se anuncia break. Se enciende el proyector. Se anuncian salas. Se anuncian enfrentamientos. Y estos son los equipos:

Los enfrentamientos saltaron de cuartos a semis, sin ni siquiera pestañear donde se enfrentaron: 

Los murmullos en la sala retumban como un redoble de tambores. Pero nadie está preparado para el anuncio de los finalistas. “Los equipos que se enfrentarán en la final de esta VIII edición del Torneo Séneca son: Complutense 1 contra Complutense 2”. Presenciamos un bonito fratricidio.

Una final llena de complicidad, bromas y un gran ambiente de equipo. No se enfrentan dos equipos. Son uno solo. Les da igual. No les importa quien gane. Complutense ha llegado y todo queda en casa.

Por desgracia esa loca idea de debatir una moción de BP para la final que surgió una tarde de preparación no se pudo hacer realidad. Pero lo que sí se ha cumplido es que ambos han llegado a la final.

Al terminar la final, toda la sala empieza a hacer sus apuestas. “A ver, se lo queda la complu cien por cien”. Bromea un grupo de gente sentada entre dos filas de butacas. Mientras, la complutense se abraza en el escenario. De fondo un “¡OH!” en coro por parte del público.

Todos sentados. Los premios sobre la mesa. Si más preámbulos se anuncia. El equipo que se alza con la victoria es Complutense 1 (Iván Bejarano, Manuel Fukuda, Lucía Quiroga, Miguel Serrano y Raúl Viñas). La emoción embarga al equipo ganador, hasta el punto de que Raúl Viñas no es capaz de controlarse y agarrando el trofeo con ansias, lo mancha dejando todas sus huellas. El equipo subcampeón, Complutense 2 (Abel Recio, Jon Díez-Iriondo, Omar Khalil, Pablo Pallás y Alonso Corral), sube a recoger su premio y acompaña en el escenario a sus compañeros. ¿Y quién se lleva a mejor oradorManuel Fukuda. Todo se queda en la Complutense. 

Se empiezan a apagar las luces. Se funde la despedida en aplausos. Este torneo ha acabado. Para los participantes, sin embargo, el fin de semana no acaba aquí. Gracias a que la organización nos tenía preparado una gossip box y una entrega de premios algo más despreocupados. ¿Qué se dirá? ¿Qué pasará en la fiesta? ¿Cómo volverán nuestros debatientes? ¿Qué se comentará a la mañana siguiente?

Hasta aquí puedo leer. Pero si tenéis ganas de más, nos vemos la semana que viene.

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