Muy buenas tardes. Estamos con Iván Díez, presidente de CDA. Primero, bienvenido.
Muchas gracias por invitarme.
Entre el debate académico y el modelo BP (British Parliament), me has comentado que prefieres el BP. ¿Qué es lo que más te gusta de este modelo?
Creo que el BP tiene algo de lo que el académico carece: un alma propia. En el formato académico, al fin y al cabo, ya conoces lo que te van a preguntar con mucha antelación; puedes investigarlo, pero hay mucha menos flexibilidad. Si te presentan una línea argumental que no has previsto y no tienes evidencias preparadas, estás perdido.
Sin embargo, el BP es mucho más flexible. Tengo varias anécdotas de estar completamente atrapados, con nuestra línea de extensión rota, y decidir en dos minutos cambiar el rumbo para terminar ganando el debate o quedando en una buena posición. Siento que en el académico eso no funciona; no existe esa capacidad de improvisación. Además, la habilidad que te otorga para contestar preguntas o desarrollar nuevas líneas de manera rápida es algo que el otro formato no ofrece.
No quiero decir que el académico no aporte nada. A mí, personalmente, me venía bien para aprender a hablar más despacio, enfocar los temas o mejorar la expresión corporal, que también es muy importante. Pero prefiero el BP; considero que su dinamismo es algo intrínseco que ojalá no se pierda.
¿Qué torneo o momento de tu carrera recuerdas con más cariño?
Probablemente el Santiago de Compostela de hace dos años o el Aquinas Roncalli. Gané el Aquinas Roncalli con Mateo Morales López, quien era mi pareja de debate en ese momento.
Del torneo de Santiago de Compostela recuerdo que nos alojamos con Abel Recio en un hotel de cinco estrellas; fue una experiencia increíble y algo extravagante. No sé cómo se financió aquello ni qué gestiones hizo el entonces presidente, pero allí nos plantó. Nos reímos mucho y lo pasamos muy bien porque estábamos todos juntos. Abel es el alma de la fiesta y lo recuerdo con mucho cariño.
También hago una mención de honor al Interpoli. Hace tres años fue uno de mis primeros torneos serios. Llegué a la final de novatos con Pablo Menéndez. Curiosamente, me enteré este año de que la final se retrasó media hora por mi culpa, aunque en aquel momento no lo sabía.
Eres del CDA, una escuela del norte con esa elegancia que os caracteriza. ¿Qué diferencias crees que hay entre la escuela del norte y la del sur?
Es una pregunta complicada porque los estilos han evolucionado. Creo que en el norte tenemos formaciones muy recurrentes, pero poco versátiles. Nos centramos mucho en un estilo de debate concreto donde el enfoque constante es comparar, comparar y comparar.
Siento que, a veces, en los circuitos tenemos cierta carencia a la hora de establecer líneas nuevas u orientaciones distintas. En cambio, los clubes del sur son mucho más versátiles, quizá porque hay más clubes o influencias distintas. Pueden presentarte un enfoque documental completamente inesperado o manejar temas de los que, a priori, no sabrías qué extraer. En general, noto que las personas del sur tienen una mayor versatilidad que las que tenemos por aquí.
Eso seguro que halaga a una parte importante de nuestros lectores, por supuesto. ¿Podrías contarnos alguna experiencia graciosa o formativa en el mundo del debate?
La historia más graciosa me ocurrió en el Interpoli que mencioné antes. El día anterior a la final de novatos —yo acababa de empezar hacía un par de años— salimos de fiesta. El torneo se celebraba en un centro cultural y yo estaba agotado, con resaca.
Me tumbé en una hamaca unos diez minutos y, al levantarme, se me acercó un señor que era pintor y me dijo que él y otros cuatro artistas me habían estado retratando mientras dormía. Me pidieron que me quedara quieto un poco más y siguieron pintando. Yo no me enteraba de nada por el cansancio. De repente me avisaron de que ya había salido el draft (el emparejamiento), y yo pedí que me avisaran cuando saliera la moción porque estaba allí mismo.
Para mí el tiempo pasaba de otra forma. Al final me regalaron dos cuadros; ahora los tengo en Burgos. Lo más divertido es que, un par de años después, me enteré de que mi sesión de modelaje retrasó el proceso cuarenta minutos.
Ahora estás en Asturias. ¿Cómo se está adaptando la región al mundo del debate?
En los últimos años, sobre todo desde CDA, estamos impulsando grandes cambios. El primero es una apuesta mayor por el formato académico. Aunque prefiero el BP, hay una demanda local y nacional, e incluso la propia universidad nos pide que nos centremos en esos espacios. Llevamos tres años ganando el torneo interno de la Universidad de Oviedo y nos animan a dar el salto a torneos externos.
Estamos en una fase de transición. Hablamos con el Vicerrectorado de Extensión Universitaria para ver cómo profesionalizar este salto. También hemos contactado con el Principado para juzgar torneos autonómicos de BP y académicos para bachillerato. Mi objetivo este año es asentar a CDA, formar a jueces e informar a las nuevas generaciones. A veces, un cartel en la facultad de Derecho no es suficiente; la gente pasa de largo o le da vergüenza preguntar. Queremos consolidar lo que ya funciona, como el torneo de La Regenta.
¿Cuál es la parte más abrumadora de dirigir un club de debate?
Sin lugar a dudas, la coordinación. A mí me gusta compartimentar el trabajo: asignar tareas específicas a cada persona. Sin embargo, a veces unos trabajos dependen de otros realizados previamente y la falta de sincronización complica las cosas.
He pasado semanas enviando correos a muchísima gente. Además, como estudio Matemáticas, tengo mis manías. A veces alguien entra en el correo, queda marcado como leído y luego se olvida responder, lo que genera problemas de comunicación. Por suerte, cuento con el mejor vocal del mundo, Rubén Manzanares. Si pudiera, lo haría presidente permanente. Es proactivo, trabajador y siempre se adelanta a lo que necesito. De hecho, en WhatsApp lo tengo guardado como «Rubén Dios».
¿Qué retos tiene el CDA para lo que queda de curso y para el próximo?
Para lo que queda de este, queremos cerrar los acuerdos con la universidad para entrar en el circuito académico y consolidarnos como un club relevante. Este año el premio de La Regenta ha sido una inscripción a FEMUD, lo cual ha sido y es un gran esfuerzo para nosotros.
Para el próximo curso, el reto es seguir creciendo. Muchos de nuestros veteranos se han ido de Erasmus este año y el grupo ha quedado algo reducido. Necesitamos llegar a más personas y mantener la estructura que hemos construido.
Por último, ¿qué sueños te quedan por cumplir en el debate?
Me gustaría ganar un torneo importante. Gané el Roncalli en categoría de novatos y he llegado a rondas eliminatorias en varios torneos, pero me falta ese gran título. Quizá ganar La Regenta o algún torneo de Madrid, como el Comunícate, el próximo año.
Iván Díez, muchísimas gracias por tu tiempo.
A vosotros.