Muy buenas tardes. Estamos con José Sánchez, debatiente de Séneca Córdoba. Lo primero de todo, bienvenido.
Muy buenas, muchas gracias por la invitación.
Queríamos empezar con la última vez que hablamos contigo, que fue como ganador del Cánovas el pasado noviembre ¿qué has aprendido desde ese momento a lo largo de este año?
El Cánovas nos dejó muchísimas enseñanzas y muchísimo aprendizaje como equipo y como oradores a nivel personal. Pero yo creo que algo que aprendimos, o que acentuamos mucho más en el Cánovas, fue cómo gestionar un feedback. Cómo gestionarlo cuando te dicen que parece que eres muy bueno o cuando parece que eres muy malo; o mejor dicho, no lo que te digan, sino cómo tú lo interpretas.
Muchas veces nos pasaba, hablo a nivel de equipo y también en lo personal, que nos sugestionábamos mucho por las valoraciones. Algo que nos enseñó el torneo es que un feedback tienes que tomarlo siempre de manera constructiva, sin sentirte atacado a nivel personal. Hay que entender que el juez realmente busca que mejores y, aunque te sientas criticado, lo que busca es que en la siguiente ronda seas mejor orador y tu línea sea más fuerte. Por lo tanto, creo que eso fue lo más importante: gestionar bien los feedbacks y aprender a mejorar dentro del propio torneo.
Dices «nos enseñó» y hablas de tu equipo. ¿Es difícil gestionar esa presión grupal?
No. Evidentemente siempre hay rencillas a la hora de preparar una línea. Hay tensiones porque algunos pensamos una cosa y otros otra. Pero nosotros la verdad es que siempre nos hemos compaginado muy bien. Siempre hemos sido «muy equipo» a la hora de preparar las líneas. Es verdad que hay momentos tensos, pero nunca hemos tenido una discusión que vaya más allá de un «yo diría esto» o «yo no diría aquello».
Yo creo que la clave es que somos amigos. Además, mi pareja está en mi equipo, pero somos amigos a la hora de debatir y fuera del debate. Nunca hemos ido más allá; nunca nos ha costado gestionar lo que es verdaderamente el equipo.
Hablando ya más sobre la función de orador, ¿qué crees que diferencia a un refutador bueno de uno excelente?
Me voy a tomar la potestad de decir qué los diferencia: yo creo que lo principal es saber qué no decir. Muchas veces ocurre que, al escuchar el turno del rival, tienes infinitas ideas que crees que encajan como refutaciones. Pero lo bonito del debate es que tienes un tiempo limitado. A menudo, y soy el primero al que le pasa, elegimos mal el aspecto que queremos refutar o, por cabezonería pura y dura, queremos desarrollar una idea que no sabemos cómo explicar bien. Yo creo que los mejores refutadores saben qué decir y, aunque consideren que algo encajaría, lo dejan fuera porque no es el momento de decirlo. Eso es lo que distingue a un orador magnífico.
Y hablando de organizar, ¿cuál es tu manera ideal de estructurar una línea argumental?
Creo que la manera en la que nosotros desarrollamos nuestras líneas no es la «ideal», pero es la que nos funciona: es un poco de prueba, error y volver a probar. Nos gusta mucho desarrollar las líneas y debatir entre nosotros mismos cómo las refutaríamos. Es la manera más intuitiva de saber si una línea tiene puntos débiles.
Al final, todas las líneas pueden ser refutadas, pero desarrollarlas en base a sus fortalezas y debilidades te ayuda a investigar ambas posturas. Esto hace que tu línea sea muy fuerte porque te antepones a lo que pueden decirte los rivales. Aunque siempre hay aspectos que te pillan por sorpresa, muchas cosas ya sabes que van a salir.
¿Qué manía o ritual tienes antes de debatir?
Soy una persona bastante maniática. Normalmente, hago todos los debates del torneo con el mismo bolígrafo. Cogí esa manía cuando empecé en la escuela; si con un boli me iba bien, seguía con ese. También me gusta tener siempre dos bolis y dos tarjetas encima de la mesa; me gusta que sean números pares. No es por nada en concreto, pero se ha quedado como un ritual.
¿Cuál es la etapa de tu carrera que recuerdas con más cariño?
El otro día leía la entrevista de Miguel González, de Dilema, y veía que él se consideraba «novatillo». Bueno, yo me considero novato de manera rotunda, porque este es solo mi segundo año como debatiente. Aun así, he tenido muy buenas experiencias en el debate universitario. Te diría que mi primer año es el mejor recuerdo que tengo.
Si tuviese que elegir solo una experiencia, elegiría el último torneo Cánovas, no solo porque lo ganamos como equipo, sino porque tuve la suerte de ganar el premio a mejor orador. Si uno nunca olvida su primer torneo, imagina ganar tu primer premio individual ese mismo fin de semana. No obstante, también recuerdo con mucho cariño la etapa de debate escolar porque era más liviano, un disfrute total donde ganar estaba siempre en un segundo plano.
Por último, ¿qué anécdota nos podrías contar?
Hay una muy graciosa del año pasado en el Indalo con Miguel y Martina. A la hora de comer nos tocó al lado de Bogdán. Creo que no hace falta decir lo que significa estar más de una hora y media seguida con él. Llegó un momento en el que toda la mesa había terminado y nosotros seguíamos con la comida intacta porque llevábamos todo ese tiempo llorando de la risa. Nunca he visto a una persona hacer tanta gracia a un grupo de gente; era increíble. Miguel incluso se tuvo que levantar de la mesa porque le dolían las costillas. Fue el momento «top» del torneo, sin duda.
Pues José, muchísimas gracias por tu tiempo.
Muchísimas gracias a vosotros, espero que nos veamos pronto.