Álvaro Pineda

Álvaro Pineda, debatiente y miembro de la junta directiva de la Sociedad de Debate de la UC3M, ganador de diferentes torneos y reconocido como mejor orador en varias ocasiones, nos habla del debate más allá de la competición, destacando las cualidades de un buen debatiente, la transformación del miedo en seguridad y la importancia de disfrutar de las amistades y de pasarlo bien debatiendo. ¡Entrevista imperdible!
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Buenas tardes, Álvaro. Más o menos te podrás dar una idea de por dónde van los tiros. Para empezar, ¿cómo empezaste en el mundo del debate? Cuéntanos tu origen.

Yo empecé en el colegio de forma algo desprevenida. Estábamos en clase y una alumna pasó diciendo que necesitaba un grupo para debate. Al principio no me apunté porque siempre me había dado mucha vergüenza hablar en público, pero vi que mis amigos, gente de mi clase, se apuntaron. Siempre he sido muy competitivo, y cuando los veía ir a los torneos en tercero de la ESO, competir contra otros colegios, preparar los torneos y ganar, pensé que aquello me gustaba bastante. Probé un día, me encantó, el profesor me dijo que me quedara, y me llevaron al siguiente torneo. Así desde tercero de la ESO hasta ahora.

Y cuando llegas a la universidad, ¿cómo fue el cambio?

Justo ese año entré a la universidad con una amiga que también hacía debate conmigo en el colegio. Nos apuntamos juntos y el cambio se notó. En el colegio teníamos a un profesor que nos guiaba y un grupo de amigos muy determinado con el que trabajamos bien. En la universidad tuve que adaptarme a nuevos compañeros, nuevas formas de trabajar y nuevos torneos con muchísima más dificultad. El cambio fue duro, pero positivo.

¿Entraste directamente en la Sociedad de Debate de la Universidad Carlos III (UC3M)? Todos estos años que has estado ahí, da la sensación de que el club y tú habéis crecido a la vez. ¿Cómo has vivido ese doble crecimiento?

Sí, sí, directamente entré, me apunté a la Sociedad de Debate y hasta ahora. A mí me tocó vivir el primer y el segundo año en la forma de organización que teníamos antes en la UC3M. A partir de segundo de carrera, unos alumnos decidimos cambiar la denominación del club, de la Sociedad de la UC3M, y evolucionar, efectivamente, a medida que evoluciona el club. Estamos muy orgullosos de lo que hemos construido y de lo que seguimos construyendo día a día.

¿Cuál es tu rol en ese cambio de organización?

En la Carlos III nos organizamos con una junta directiva. Somos cinco alumnos los que organizamos la sociedad de debate. Tenemos una estructura jerarquizada con un presidente. Estos últimos años he pertenecido a la junta directiva, y este ha sido mi último año, pero vienen nuevos compañeros que también lo van a hacer muy bien. Organizar un club implica labores como preparar torneos, formaciones, etcétera.

¿Qué referente tienes de este club? ¿Con quién has aprendido? ¿Quién te ha inspirado?

Esta pregunta la he pensado bastante y, al final, he decidido que, como admiro a tanta gente dentro del mundo del debate y he tenido tantos referentes, voy a ir a lo básico, a la respuesta fácil: decir que mis referentes siempre han sido Víctor Ramos, Adriana Lado, Rocío Membrives e Ignacio Blanco. Además de ser mis referentes, he tenido el privilegio de poder debatir con los cuatro, de formar equipos con ellos. Sin duda alguna, son personas que no solo me han enseñado a debatir, sino que me han enseñado a hacer todo, literalmente: saber cuándo tienes que defender tus ideas y tus pensamientos, luchar por ellos. Me han enseñado muchísimo, de verdad. Diría que ellos son mis referentes.

También admiro mucho en BP a mi formador de este año, Javi Lara. Es una de las personas más brillantes que conozco.

Yendo a lo personal: te vemos tanto en Académico como en BP. ¿Qué consideras que te aporta cada uno? ¿Qué utilidades les ves?

Yo diría que son distintos, pero se parecen más de lo que pensamos, porque evidentemente todos sabemos las diferencias obvias que tienen los formatos. Al final, ambos te acaban enseñando pensamiento crítico, oratoria, necesidad de salir del paso e improvisar. Es cierto que el debate parlamentario (BP) te esfuerza más a conocer distintos temas y a formarte de manera constante en diversas áreas. No es solo prepararte una pregunta y ya está: tienes que estar constantemente leyendo y estudiando si quieres realmente competir a un nivel alto. Diría que no hay tantas diferencias, pero sí que, por ejemplo, te obliga a estar un poco más en constante estudio si quieres llegar a un nivel considerable.

En base a lo que dices, ¿cómo consideras que se está afrontando los retos que surgen del acercamiento entre estas dos modalidades? Hay más gente compitiendo en ambas y se están juntando las maneras y las formas. ¿Cómo ves este panorama?

Yo creo que, por ejemplo, en el formato BP, desde mi propia experiencia, se valora bastante la buena oratoria. Un ejemplo increíble es Luis Felipe, que tiene una oratoria brutal. La verdad es que se premia bastante la persuasión, que también existe en el formato BP. 

Creo que el análisis que puede aportar el académico es bastante importante. De hecho, teniendo en cuenta que son formatos completamente distintos y que evidentemente no podemos juzgar el formato académico con las normas del BP, sí que nos viene bien, desde lo académico, abrazar ciertas partes del BP, porque, bajo mi punto de vista, tiene unas normas o criterios de adjudicación de los debates mucho más constantes o más justificados. En el formato académico, siento que al final un debate se puede ganar o perder por muchos criterios, mientras que en el BP está más establecido cuáles son esos criterios y es mucho más fácil justificar un resultado.

Creo que más que verlos como formatos completamente distintos, que lo son, debemos coger lo bueno de ambos mundos y aplicarlos a ambos formatos porque creo que crecerían y que serían mucho mejores los dos.

¿Crees que está pasando así?

Yo diría que todo depende del torneo y de los jueces que juzgan. Creo que sí hay una tendencia, cada vez más, a llevar jueces de BP al ámbito académico, porque aportan una perspectiva completamente distinta. O, por ejemplo, jueces del ámbito académico que también hacen BP y aportan esa forma de pensar. Al final, como todo, hay torneos en los que hay jueces del ámbito académico y otros en los que hay gente que lleva muchos años debatiendo. Dependiendo del torneo, hay unos jueces u otros, lo cual no me parece estrictamente malo. 

Centrémonos en el debate académico. Haber estado tantos años te ha permitido probar todos los roles. ¿Qué cualidades crees que hay que tener para desarrollar esa versatilidad?

Yo, al principio, era conclusor o primer refutador en el colegio, pero luego, cuando entras en la universidad y te das cuenta de que tienes que compartir equipo con gente mucho mejor que tú, al final toca adaptarse. Lo que yo tenía era que no me daba miedo probar otros roles. Si iba a debatir con un equipo buenísimo y me decían «te toca hacer X», pues hacía X y punto, ¿sabes? Entonces yo creo que se trata de tener ganas de aprender, ganas de probar otras posiciones y no tener miedo. Yo, como he dicho, siempre he tenido el lujo y el valor de probarlo todo.

Has comentado que al principio tenías miedo a hablar, cosa seguro que ha sorprendido a muchos de los lectores. ¿Cómo has conseguido ganar esa seguridad como orador?

Yo todavía me sigo poniendo muy nervioso, de no poder comer el día del torneo o incluso el día de antes, incluso salgo temblando a hablar. Pero creo que eso es algo bueno, ya que, sin esos nervios un torneo pierde sentido. Yo creo que es con práctica: al principio era incapaz de controlar mis nervios y ahora con el tiempo, aunque me ponga nervioso, es controlable. Eso se consigue haciendo muchas intervenciones y yendo a muchos torneos. 

Para ti, ¿qué es lo más importante que debe tener un buen orador?

Un buen orador debe saber trabajar en equipo, trabajar en sí mismo, identificar en qué debe mejorar y cuáles son sus puntos fuertes para aportar al grupo. Sus capacidades brillan cuando se junta con un buen equipo, especialmente si ese equipo son sus amigos y tanto ellos como él saben sacar lo mejor de cada uno. Se necesita capacidad de trabajo, capacidad de análisis personal y saber disfrutar y pasarlo bien, que no deja de ser el objetivo.

Has conseguido múltiples títulos y premios. ¿Eso significa que lo has conseguido todo en el debate?

Depende de qué consideremos todo. Evidentemente existen muchos más títulos que puedes lograr, es muy difícil ganarlo todo, muy poca gente lo ha conseguido. Por ejemplo Tomás Aparicio sí ha logrado la mayoría de títulos, es un crack. Pero yo sí que considero que he logrado casi todo. He ganado torneos, ha habido otros que no, pero bajo mi propia experiencia haberlo conseguido todo es pasarlo bien cada vez que debato, haber hecho amigos por todas partes de España con los que he tenido el placer de debatir, haber conocido personas increíbles, he podido formar y desarrollar este club de debate, formado a personas nuevas, etc.

¿Significa que te retiras?

Ya me queda hacer el máster el año que viene, haré algún torneo para cerrar el ciclo y ya no debatiremos más. Lo que quede el año que viene, unos cuantos torneos y ya.

Siguiendo esto de que se acerca el final, ¿qué huella te gustaría dejar en el debate en general?

Que se lo pasen bien, que formen un buen grupo de amigos, que se lleven a las personas de debate. Eso es lo más importante que hay.

Muy bien, esto es todo lo que queríamos preguntarte. Muchísimas gracias por tu visión y tus respuestas tan humanas.

De nada. Es la verdad.

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Estudiante de Periodismo y becaria en la sección de economía de OkDiario. Debatiente desde escolar con mucho recorrido en todo el panorama nacional. Ganadora del Torneo Séneca y del MOOT de Mediación Civil y Mercantil, así como subcampeona del I Torneo de debate de la UAB y del V Torneo de debate de la URJC (poco para todo lo que se merece).
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Estudiante de Derecho y ADE, contrarefutador, 2 veces mejor orador en V y VII Torneo Cánovas, mejor orador última edición de la SIPA y semifinalista del CMUDE 2017 Guatemala junto a Bea Valcarce
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