Iván Arguijo

Cerramos las entrevistas de este curso a lo grande, con nuestro amigo Iván Arguijo, socio fundador y director formativo de Dicentis. ¡Hablamos con él del equilibrio entre el fondo y las formas, la visión y las metas de Dicentis, las preguntas clásicas y más!
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Al igual que en el rol de la introducción, vamos a contextualizar. ¿Dónde nace el Iván debatiente? ¿Cuándo?

El Iván debatiente nace levantando la mano en clase y echándole la bronca a los profesores. Yo creo que la cualidad de debatiente se lleva dentro y acaba saliendo más tarde o más temprano. Mi hermano me cogió de la mano en pandemia y me llevó a debatir. Él ya se iba a retirar y le hacía ilusión debatir conmigo. Yo no sabía lo que era el debate pero «si le hace ilusión, vamos a tirar para adelante», pensé, y la verdad que no he vuelto a debatir con él desde ese momento. Me gustó y ahí empezó el Iván debatiente, y lo echo un poco de menos: debatir con mi hermano, estar con él, esos inicios… porque hasta que llegó Adrián Romero, mi compañero, estuve sobre todo formando y centrándome en otras cosas. 

Al hilo de tu faceta como formador, que es una parte muy importante de tu etapa en el mundo del debate, siendo formador de St. Mary’s, uno de los iconos de la Liga Nacional de Debate Escolar, ¿cómo te definirías como formador? ¿Cuál es tu estilo?

No sé encasillarme en un estilo claro. Creo que si los niños me tuvieran que definir, que son los que me ven como formador, no tendrían una palabra en concreto. Lo que intento transmitirles es tranquilidad y que sean conscientes en todo momento de su progreso. Si me tengo que definir como formador en una palabra, creo que me enfoco más en la gestión de emociones y de equipo, así que me definiría como “emocional”, como la canción de Dani Martín, jaja.

Qué bueno y qué importante es saber ir más allá de lo académico. Pero vamos más allá, porque no sólo formas sino que también eres debatiente y has participado en campeonatos de discursos y oratoria. Esto puede plantear la dicotomía entre el fondo y las formas, ¿cómo crees que se debe dar el equilibrio entre ambas?

Son formatos muy distintos. Pero en ambos hay un objetivo común: buscar la verdad. En el discurso, para transmitir y para tener un equilibrio entre el fondo y las formas tienes que comunicar algo que creas verdaderamente y estés convencido. En debate académico, aunque haya a favor y en contra, posturas que nos gustan más y posturas que nos gustan menos, creo que también hay que buscar esa verdad, porque al final la persona que escucha se siente más identificado con la verdad y hay verdades tanto en una postura como en otra. Entonces, yo creo que el equilibrio y lo que une a esos dos mundos, es la verdad.

Evidentemente tenemos que hablar de Dicentis. Lo que habéis formado ha irrumpido en el panorama de debate. ¿Cómo definirías vuestra misión y visión?

La visión del proyecto es, sobre todo, que toda persona que se sienta dentro sienta que es parte de Dicentis, pero no solo es un proyecto de la gente de dentro, también es de la gente de fuera. Todo el que vaya a un torneo nuestro, o interactúe con nosotros en el circuito… yo creo que en el debate está esa labor de conocer gente, de que la gente encuentre su foro o su lugar para hablar. La importancia de Dicentis no es solo para su gente sino para la gente que va o conoce a Dicentis. Un punto de reunión. Definiría a Dicentis como un punto de reunión. Y la visión es la de llevar el debate a un punto en el que todo el mundo se sienta cómodo, se genere un buen rollo y sea algo positivo.

¿Qué objetivos hay marcados en vuestra hoja de ruta?

Para responder a esto tengo que citar a mi hermano, que siempre me dice que hay que ir poco a poco y con los pies en el suelo. A nivel universitario, hay que crecer, seguir intentando ganar y seguir dando una buena imagen. A nivel de formaciones, que los niños sigan creciendo, es el futuro y yo no concibo el debate si no hay alguien que luego nos releve, que muchos ya estamos mayores. A nivel de nuestros torneos, que sigan siendo un momento para que la gente se sienta feliz, se sienta contenta, se sienta que puede comunicar y, sobre todo, sienta que compite, disfruta y comparte tiempo con sus compañeros de su día a día del colegio, pero también con personas del panorama nacional. Esos serían nuestros objetivos en los tres puntos en los que se puede identificar Dicentis. Aunque, como decía, hay que ir poco a poco, siempre.

Despacito y con buena letra. Ahora vamos a jugar a un juego, un ¿qué prefieres? Te planteamos dos situaciones hipotéticas y tienes que elegir una opción y, por supuesto, argumentar tu respuesta. Vamos con la primera: ¿Qué prefieres, no debatir nunca más o no formar nunca más?

Lo tengo claro, no debatir nunca más. Con los niños siempre acabas debatiendo en clase, siempre acabas viendo cómo ellos crecen, y yo creo que me siento más feliz viéndoles crecer que yo debatiendo. Aunque debatiendo soy muy feliz con mis compañeros, me gusta, y soy un poco picado a veces. Pero creo que soy más feliz formando porque los veo a ellos crecer y no se puede perder eso. Por eso creo que es mejor pensar en el futuro que en uno mismo y en debatir.

Esta te la hemos puesto fácil, ahora vamos con la segunda. ¿Qué prefieres, improvisar en todos los debates o llevar un discurso perfecto pero rígido?

Siempre tiene que haber preparación, pero no concibo el debate sin ese elemento de no conocer al otro, de ver qué te trae y de la improvisación. Si me tengo que decantar entre improvisar siempre o solo tener un discurso rígido, prefiero la improvisación. El debate es juego, es divertirse y, sobre todo, entender a la persona que te está hablando, y tú también dar juego con eso que te está diciendo y adaptarte, y yo creo que si mantienes un discurso rígido, siempre con las mismas respuestas, ataques y argumentos, el debate no es juego, y cuando el debate no es juego no es debate, sino dos discursos que no se escuchan. Acabas encontrando lo que ves en la tele, que nadie escucha a nadie. Creo que para que el debate siga vivo, elijo la improvisación. 

¡Nos has convencido! Seguimos en esta línea de la improvisación como una cualidad fundamental de un buen orador. Para ti, dando una respuesta original y personal, ¿qué hace a un orador ser brillante?

Es una pregunta complicada. La palabra orador es compleja y requiere muchas cosas. Yo destacaría tres aspectos, principalmente.

En primer lugar, la capacidad de trabajar en equipo, de apoyar a las personas que lo necesitan en tu equipo y de potenciar a las que ya son muy buenas. En segundo lugar, ser humilde, porque en el debate, como en otras cosas que nos pasan en la vida, es muy fácil venirse arriba y pensar que estamos por encima de todo, y un buen orador nunca puede sentirse así, porque entonces se encuentra jugadas que no se espera y porque hay que saber escuchar todas las posturas y aprender a darles respuesta. Es muy necesario. Y, en tercer lugar, la competitividad. El hambre, las ganas de querer seguir adelante, esa competitividad innata y no insana sino sana, es necesaria para un buen orador.

Esas tres cosas, tanto el trabajo en equipo, como la humildad y la competitividad, pero siempre sana, son necesarias para ser un buen orador.

Vamos terminando, y no puede ser de otra manera que con nuestras preguntas clásicas. Viendo tus diversas facetas, habrá habido mucha gente que te ha inspirado para diferentes habilidades. Entonces, ¿a quién te gustaría destacar como referentes tuyos?

El hambre y las ganas de competir siempre me la ha dado mi hermano y eso es lo que más destacó de él, es esa manera de competir pero siempre sana y sin pisar a nadie, que yo creo que es fundamental. Claro, encuentro personas tanto dentro como fuera de Dicentis que me inspiran.

Dentro de Dicentis, tengo que destacar a los que considero mis tres compañeros, que son Adrián Romero, Miguel Natera y Sara Bouma. Los valores que decía de competitividad, de trabajo y, sobre todo, de esa humildad y de siempre ir a una es algo que cada uno, en su postura demuestra. Para mí son referentes y cuando son mis compañeros no puedo estar más orgulloso de ellos.

Pero si tengo que mirar fuera de la asociación, yo destacaría principalmente a tres personas, aunque una será la dupla que forman Iván Nogués y Pablo Cartañá. A mí me parece que cómo viven el debate con esa ilusión, cómo afrontan cada reto, esa intensidad, esa ilusión por debatir, incluso esa estrategia aplicada al debate y el amor con el que lo viven, es fundamental. 

En segundo lugar, Miguel González, de Dilema, porque creo que más buena persona no se puede ser, y en el debate es muy importante, y me parece uno de los mejores oradores a nivel nacional, a la vez de uno de los más humildes. Creo que es un referente tanto para mí como para los niños de debate escolar. 

Y, en tercer lugar, destacaría también de Dilema, a Marina Luna, por ser una persona que he podido conocer más este año y he aprendido mucho de ella, sobre todo valoro su valentía.

Por último, con todo lo que llevas recorrido y lo que aún te queda, que te queda, ¿cuál es la huella que quieres dejar en el mundo del debate?

No quiero dejar una huella como tal, porque creo que nadie es tan importante como para conseguirlo. Yo lo que quiero, por lo menos, es que el debate siga siendo esa frescura y que el debate siga siendo, sobre todo, esa gana de entregar a los que vienen detrás todo lo que se pueda. El mayor deseo que tengo con mis niños a los que formo es que sean mejor que yo, que muchas veces me dicen: “Venga ya, Iván”. Yo lo que quiero es que superen pero competitividad sana, no en pisar a nadie. Quiero que me superen en ayudar al resto. No sé si será fácil o difícil, pero lo que yo quiero dejar en el debate es esa idea de que tienes que dejar al de atrás más de lo que tú has recibido. Entonces, que siga creciendo. Para mí es lo más importante.

Muchas gracias, Iván.

Gracias a vosotros, siempre.

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