Buenas tardes, debatientes. Estamos con Olivia Salas, presidenta de la Asociación de Debate Dilema Córdoba. Lo primero de todo, bienvenida.
Muchas gracias.
Para empezar conociéndote un poco mejor, cuéntanos, ¿cómo acabas metida en este mundo del debate?, y sobre todo, ¿qué fue lo primero que pensaste cuando viste el ambiente del circuito?
La verdad es que la manera en que yo acabo en debate es bastante curiosa. Mi hermana estuvo ya en debate; de hecho, fue vicepresidenta de Dilema. Yo era pequeña, tenía 10 años y no me podía quedar un miércoles sola en casa toda la tarde, así que como los miércoles eran las formaciones en Dilema, yo me iba con mi hermana.
Entonces conozco el ambiente de debate desde muy pequeña y recuerdo que, cuando ya era adolescente, que iba de manera más puntual a las formaciones, yo decía: «Cuando llegue a la universidad, quiero apuntarme a debate». No tanto por el hecho de aprender oratoria o aprender a hablar en público, porque nunca he tenido mucho problema a la hora de hacer una exposición en clase, que es lo típico por lo que se le dice a la gente que se meta a debate, sino porque yo veía lo bien que se lo pasaba mi hermana. Veía los viajes que hacía, el ambiente que había y, la verdad, eso me daba envidia. Yo quería hacer eso. De hecho, amigos que antes eran amigos de mi hermana por debate ahora son mis amigos. Entonces, eso puede ser lo que a mí más me llamase la atención desde pequeña: el ambiente de debate.
Y luego, cuando ya entré a Dilema, aparte del ambiente súper guay de amigos, más que amigos, familia que se crea, cuando de primeras ves el circuito te impacta. Tú crees que va a ser un mundillo pequeño porque no es tan conocido, pero te das cuenta de todo lo que hay detrás, de la inmensidad de asociaciones que hay, ya no solo por toda España, sino por todo el mundo. Obviamente, con sus más y sus menos, su gente más competitiva y gente menos competitiva, pero al final creo que eso es también lo bueno: que dentro de debate, aunque haya gente muy competitiva, también gente que no lo es tanto. Creo que eso al final puede ser también lo que te llame la atención: que hay gente que se lo toma muy, muy en serio, pero hay gente que va realmente a disfrutar, a que esto sea una parte importante de su vida, pero que no le marque tanto como a otro tipo de gente.
El circuito universitario suele estar copado por perfiles de Derecho, Ciencias Políticas o ADE. Tú, que vienes de Filología Hispánica, ¿cómo crees que estudiar tu carrera cambia o condiciona la forma de entender y construir un debate? Y, por añadir, ¿cómo condiciona que tú debatas a tu carrera, Filología Hispánica?
Hace unos años, cuando yo empecé, me acuerdo de que todo el mundo era de Derecho y ADE, y un amigo y yo éramos de Química y Filología. La verdad es que te sientes un poquito apartada, porque crees que no vas a dar lo mismo que el resto. Piensas: «Ay, mi carrera es más rara; mi carrera no tiene tanto que ver». Pero con el paso de los años, tanto dentro del debate como estudiando la carrera, me he dado cuenta de que mi carrera tiene muchísimo más que ver de lo que pensaba, incluso más que algunas carreras de Ciencias Sociales.
Porque la parte que más me gusta de mi carrera es la Lingüística, la parte del habla en sí. Y lo que más me gusta del debate es la introducción y todo lo que tiene que ver con las palabras, el contexto y las definiciones. Es lo que más se relaciona de ambos mundos. Muchas veces, entre comillas, “me usan” para eso: «Oye, ¿qué palabra es mejor que pongamos para las definiciones?». «Oye, pues mira, es mejor esta, y de este diccionario y no de este, porque conviene más para esta línea esta palabra que esta otra».
Entonces, eso es, al final, una retroalimentación de debate a Filología y de Filología a debate. Y también el debate me ha ayudado dentro de la carrera a saber qué es lo que más me gusta de ella. Porque tienes tus momentos de crisis, de decir «no me gusta la carrera» o «no sé qué hago en la carrera», pero me he dado cuenta de que la parte que más me gusta de Filología es Análisis del discurso, que es muy parecido a juzgar un debate: ver lo que falla, las incongruencias, qué cosas están vacías de significado, la falta de nexo… La verdad que debate me ha ayudado en la carrera, y la carrera me ha ayudado en debate.
Precisamente por esa tendencia a temas muy jurídicos o económicos, a veces el circuito peca un poco de repetir patrones. Y a ti, personalmente, ¿qué tipo de temas o preguntas te gustaría que se debatieran más a menudo en los torneos?
Aunque quede raro, es verdad que he echado en falta preguntas un poco más científicas, como, por ejemplo, las dos últimas que se debatieron en los torneos del Club de Debate Hispalense, que eran preguntas de tipo científico. Más tirando hacia la ciencia, hay poquitas preguntas.
Pero también echo en falta preguntas más filosóficas, en las que sea más difícil aportar evidencias y que sean más “de coco”, más de pensar. Porque, cuando los años de mi hermana, estaban muy de moda también las preguntas jurídicas, pero luego hubo otra tendencia en la que se pusieron muy de moda las preguntas filosóficas. Yo recuerdo que en aquellos años gustaban mucho, y es verdad que ahora noto un poco más de falta de ese tipo de preguntas. A lo mejor, como las que se ponen en el Torneo Costa de Almería.
Es verdad que hay bastante variedad de preguntas, pero hay falta de preguntas de tipo filosófico.
Una cosa es debatir y otra cosa muy distinta es ponerse al frente de un club, cómo surge dar el paso a ser presidenta o a la presidencia de dilema y qué es lo que más te llena al liderar este proyecto?
Yo creo que el paso a la presidencia de Dilema se da, o se puede intuir, en un momento muy concreto que es cuando yo soy novata y estuve en mi primera formación. Y Laura Ortega, que era la presidenta de aquel año, nada más terminé de hablar, me dijo: «¿Tú eres la hermana de Sara?». Y, claro, todo el mundo se quedó impactado porque Sara, mi hermana, fue vicepresidenta. Entonces, ya ahí se puede intuir
Pero siendo una persona que ha estado tanto tiempo en el Club y que conoce muchísimo, muchísimo el Club, desde que soy pequeña hasta ahora, cuando el año pasado Miguel González fue presidente, que Miguel es de mi mismo año y entramos juntos, ya estaba claro que me tocaba ser la siguiente presidenta, porque no había una persona que conociera más el Club que yo. No porque yo lo diga, sino porque es verdad que me lo dice la gente.
Al final, es como un poco lo que tocaba y es bastante guay.
Y más allá de estar al frente de la directiva, tú compites. Nos has adelantado un poco tu rol, pero ¿cómo se define Olivia en el atril y en qué rol o parte del debate es donde realmente disfrutas y te sientes tú misma?
Frente al atril, cambio mucho dependiendo de la postura que haga. Cuando hago conclusión, es verdad que me sale un poquito más ser, según la ronda, más calmada o más pasivo-agresiva.
Pero yo bailo entre prácticamente todas las posturas, aunque últimamente hago más conclusión. Ahora estoy volviendo otra vez a la refutación (R1), que son mis inicios. Pero la conclusión me gusta bastante, porque también aquí está el punto, que se conecta con otra parte de mi carrera, que es el saber manipular el lenguaje de cierta manera: “Estoy diciendo lo que ha dicho el equipo contrario, pero con otras palabras, y lo agarro para mi terreno”.
La conclusión y también la introducción, con las definiciones, el contexto y saber qué responder y qué no en el examen cruzado, me gustan bastante. Al final, la introducción y la conclusión son mis favoritas.
Este año, a ver si pruebo alguna contrarrefutación (R2), que es a la que más pánico le tengo de todas las posturas. En los cinco años que llevo debatiendo no la he hecho y me da respeto, pero quiero probarlo, a ver cómo se me da. Y es cierto que cambio totalmente cuando estoy frente al atril siendo refutadora: me pongo súper agresiva, no sé por qué. Creo que también es lo que pide esta postura: a veces ser un poquito agresiva y, en la conclusión, estar más tranquila. Me adapto bastante a la postura que estoy haciendo.
Todos tenemos en este mundillo a personas que le han marcado el camino. ¿Quiénes han sido tus mayores referentes en el circuito? Esas personas a las que ves debatir y dices: «Quiero aprender de esto».
Pues va a sonar súper cliché, pero la primera persona que podría ser mi referente, obviamente, es mi hermana, Sara Sala. Es verdad que la he visto debatir poco; no me acuerdo mucho porque era pequeña, pero sí la recuerdo debatiendo súper bien con Javi Palomino, que es para mí otro de los referentes.
La complementación que tenían y la manera de debatir que tenían… Para mí, los dos son referentes. Eran muy diferentes en algunas cosas, pero ver cómo lo vivían día a día, ya no solo frente al atril, sino fuera de él, era increíble.
Y más de mi generación, pues Miguel González, Marina Luna, Juan Carlos Casas y mi vicepresidenta, María José Tienda, que nos empezamos a llevar más el año pasado, pero es verdad que es una compañera de diez, ya no solo dentro del debate, sino también fuera de él. En poquito tiempo, ha sido un referente bastante importante para mí.
Para quien vea Dilema desde fuera, en los torneos, ¿cómo sois por dentro y qué sello distintivo crees que tenéis?
El sello distintivo que tiene Dilema es que somos como una gran familia.
Es como cuando estás haciendo las invitaciones para un cumpleaños y, de repente, dices: «No, quiero hacer un cumpleaños pequeño», y empiezas a invitar gente, invitar gente y te acaba quedando un cumpleaños de 50 personas. Es un poco lo que pasa en Dilema.
Más que centrarnos de forma muy directa en el mundo del debate, en que hay que debatir, hay que hacer tal, hay que mejorar la oratoria… creo que funcionamos tan bien porque, de cara a los novatos, cuando año a año nos presentamos para que nos conozcan, nos centramos de primeras más en la parte social. Eso es lo que más llama a los novatos: el «Oye, soy nuevo en esta universidad, estoy solo en esta ciudad, voy a ir a esto, que, por lo visto, la gente se lleva súper bien». Nos centramos, sobre todo con los novatos de primer año, en que hagan amigos, en que conozcan gente, en que estén a gusto. Luego, ya en el segundo año, sí nos vamos centrando en que debatan más. Eso es también un poco lo que a mí me hizo quedarme: aquí puedo hacer amigos, estoy bien y luego ya mejoraré otras cosas.
Entonces, lo que intentamos transmitir desde fuera, y lo que conseguimos, es que Dilema es una gran familia. Bastante grande, la verdad. De Dilema han salido parejas con hijos, gente que se ha casado… Dilema es familia, y para siempre, además.
Para terminar, ¿qué huella personal te gustaría dejar en Dilema cuando termine tu etapa al frente del Club? Y, por último, ¿qué le dirías a ese estudiante que siente curiosidad por el debate, pero que todavía no se atreve a dar el paso y entrar en Dilema?
Pues no sabría decirte exactamente qué huella quiero dejar, porque cada persona que pasa por Dilema deja su granito de arena, su huella, de una manera o de otra.
No es que quiera dejar un gran legado, una huella de «Olivia fue una pedazo de presidenta, fue una pedazo de persona», sino que simplemente que, a veces, cuando la gente esté tomándose algo después de las formaciones, se acuerden de mí y tengan el buen recuerdo de, ya no solo que fue una presidenta guay, que todo fue bien en su año, sino que fui una buena amiga más que una buena debatiente. Prefiero eso: la buena amiga que la buena debatiente. Al final, el debatiente se entrena, pero buena amiga es lo que uno acaba siendo para los demás.
Y a ese que todavía no es novato, a ese estudiante que aún no se atreve a entrar en el mundo del debate y, en concreto, en Dilema, le diría de verdad que viniese, porque es una experiencia que le va a marcar de por vida, aunque solo esté un año. Hay gente que solo está un año en debate y le marca para siempre. Mi jefe de trabajo solo estuvo un año en Dilema y fue allí donde conoció a su mujer, la madre de su hijo. Dilema le ha marcado para siempre.
Al final, es el ambiente y la gente con la que estás, que acaba siendo tu familia. Creo que eso es lo más importante, y que se atreva. Y, obviamente, que mejore su oratoria y su comunicación, que le va a servir para un futuro, tanto por la parte social como por la parte de debate.
—Qué guay. Pues, Olivia Salas, muchas gracias por tu tiempo.
—A vosotros.