Buenos días. Estamos con Miguel González, presidente de la Asociación Juvenil de Debate Dilema. Lo primero, ¡bienvenido!
Muchísimas gracias por invitarme, la verdad que es un placer. Llevo muchos años leyendo vuestros artículos, leyendo a mis veteranos opinando y ahora para mí es un honor estar aquí.
Queríamos empezar preguntándote cómo recuerdas tus primeras sensaciones en el mundo del debate.
Pues mira, es una historia curiosa. Yo siempre digo que para mí el debate ha sido como una de las mayores coincidencias de mi vida, porque soy estudiante de Ciencias, estudio Química en la Universidad de Córdoba… para mí no hubo una captación de novatos como tal, porque normalmente se centran en las facultades de Derecho. Cuando una amiga mía me dice que ha ido a una formación y que ha conocido a una muchacha rubia que es un solete y que está todo el rato llamando la atención, que se llamaba Laura Ortega, yo dije: «Pues mira, vamos a ir a conocerla». De repente me encontré en una facultad que no conocía, en una clase que no conocía, en una formación de segunda refutación y fue como un poco flechazo, la verdad.
Desde el primer momento me enganché. Las primeras sensaciones que recuerdo, probablemente, eran de estar muy nervioso constantemente. El Miguel que conoció Dilema en primero de carrera era muchísimo más introvertido, muchísimo más tímido y prácticamente asustado de sí mismo. Ha sido gracias a la oratoria y al debate, en concreto a mi club, que poco a poco me he ido abriendo, he ido conociendo a mucha gente, viendo que no soy el único que se engancha con los temas de actualidad, que está continuamente buscando el porqué la gente dice algo, por qué opina de una forma o de otra… Y he conocido a mucha gente muy buena.
Ahora eres presidente, seguro que gestionaréis un montón de cosas, tanto a nivel presidencia como a nivel junta. ¿Qué es lo que más disfrutas de gestionar Dilema?
Probablemente, lo que no disfruto es la gestión del papeleo y de la organización y de contactar con instituciones, correos interminables, etcétera. Pero todo eso merece la pena cuando cada miércoles a las 19:00 llego al aula 8 de la Facultad de Derecho y tengo la oportunidad de ver a los novatos, a los debatientes, mejorar cada vez. Al final, si todas las semanas practicas algo un poquito y te esfuerzas a hacer esa pequeña exposición, a practicar esa primera refutación, esa conclusión… entonces es imposible que no mejores. Y es muy chulo ver cómo personas a las que el primer día les temblaba la voz, que eran incapaces de, simplemente, estar 15 segundos hablando, cuando termina el año son capaces de hacer grandes intervenciones. Así que sí, lo que más disfruto probablemente es ver la evolución de las personas y forjar vínculos en el camino, la verdad.
Hablando de grandes intervenciones, ¿qué características crees que debe tener un buen refutador? La pregunta del millón, probablemente.
Muchas veces me pasa cuando voy a los torneos escolares, que algunos chicos de la ESO o bachillerato me preguntan: «Oye, ¿cuál es el secreto para la refutación perfecta?». Si yo lo supiera, probablemente no estaría aquí, ¿no? Un buen refutador tiene que escuchar más que hablar. Muchas veces nos pasa que escuchamos una palabra clave en un argumento y decimos: «Ya está, he escuchado la palabra, por ejemplo, ‘recurso’ en una pregunta geopolítica, así que mi refutación de ‘recurso’ allá que va». Probablemente eso no es lo adecuado. Hay que escuchar tanto al contrario como a tu propio equipo. Creo que algo que también les pasa mucho a algunos refutadores es que se centran simplemente en lo que ellos están pensando. Un buen refutador también tiene que ser capaz de tener esa colaboración dentro del propio equipo, saber qué puntos se están ganando más, qué puntos se están ganando menos, y saber ver un debate en el amplio espectro. Creo que es algo esencial para un buen refutador. Luego ya podríamos entrar al aspecto más técnico, te podría hablar de las comparaciones que son esenciales, etcétera. Pero así, de modo general, escuchar más que hablar probablemente sea algo esencial en un buen refutador.
Eres un debatiente de los veteranos y de los reconocidos. ¿Hay algún momento de tu historia como debatiente que recuerdes con un cariño especial?
Me hace gracia que ya se me considere de los veteranos, porque yo todavía me siento un poco novatillo. Puede ser que me sienta así, de los que todavía están empezando, porque la mayoría de grandes recuerdos que tengo como debatiente son en mi primer año. Probablemente una persona que me acompaña en muchos de ellos sea Juan Carlos Casas: fue mi primer formador, me acompañó en mi primer torneo y siempre ha sido una persona que ha estado constantemente conmigo. Así que junto con Juan Carlos, probablemente un momento muy especial será también ese momento en mi torneo Tres Culturas, que al final es uno que solo se puede vivir una vez en la vida, cuando conseguí tener el premio a mejor segunda refutación, que además fue Juan Carlos la persona que me lo dio. No tanto por ganar el premio, porque honestamente a esta altura ya el premio no es tan relevante, pero el hecho de que una persona que me enseñase a refutar y que me enseñase a enamorarme del propio Dilema me diera ese premio, pues me hizo especial ilusión y siempre lo recordaré con cariño, la verdad.
Retomando tu faceta como presidente, ¿cuál es el mayor reto para ti en este segundo cuatrimestre?
A ver, en Dilema, aunque en realidad pasa en todos los clubes, siempre siento que el mayor reto de una asociación es conseguir novatos. Y no solo para tener un valor numérico de y batir un récord, sino conseguir que haya no solo cantidad sino calidad. Con esto no me refiero a que sean buenos debatiendo: calidad de novatos es que se enamoren de la asociación, porque verdaderamente una asociación puede llenar vitrinas de premios, de menciones… pero si no es capaz de llenar un aula de personas que estén enamoradas de la asociación, esa asociación estará condenada a desaparecer.
Para mí la figura del novato es la más importante dentro de un club, porque ahí está esa esperanza de perpetuarse en el tiempo. Por tanto, el mayor reto, sin lugar a dudas, es no solo mantener a estos novatos, sino conseguir que se enamoren de la asociación. Y para eso no hace falta simplemente dar formaciones extraordinarias, sino que cuando acaban las formaciones, podamos juntarnos con ellos, poder tomarnos algo en algún bar, etcétera. Poder conocerlos de verdad. Yo siempre recordaré de la junta dirigida por Laura Ortega y Marina Luna esa capacidad que tenían de no solo compaginar mil y un eventos que organizaron durante su año, sino esa capacidad de, después de organizar todo eso, quedarse con los novatos, conocerlos mejor y hacer que no solo las admirásemos en el plano académico, sino también en el personal. Ese punto de: «Guau, qué guays son mis veteranos, quiero ser como ellos». Yo creo que si consigues generar esa sensación dentro de tu club, has triunfado.
Y luego, si queréis que me enfoque en el segundo cuatrimestre, pues te voy a dar la respuesta que a lo mejor esperas. Al final de este año tenemos la suerte de organizar la XVI edición de nuestro Torneo Nacional de Iniciación al Debate Tres Culturas. Este año también tenemos la suerte de poder decir que somos un torneo muy numeroso, así que es un reto increíble: no solo organizar un torneo nacional, sino un torneo nacional para novatos. Y en concreto este Tres Culturas, que siempre queremos dar ese pasito adelante, ese pasito más allá. Todavía no se ha terminado el primer cuatrimestre, pero ya tengo unas ganas increíbles, ya estamos empezando la organización del evento. Así que sí, los mayores retos son nuestros novatos y que los novatos de otras asociaciones disfruten el evento.
Eso es lo mejor. ¿Qué claves crees que son importantes para dar una buena formación?
Probablemente me hubiera encantado saberlo antes, creo que lo he aprendido a base de prueba y error, pero primero es saber qué quieres transmitir en la formación. Es muy sencillo, en la formación básica de cómo funciona la introducción, la refutación o las conclusiones, transmitir el qué tiene que hacer un rol, etcétera, pero conocer el perfil del debatiente que te va a escuchar y que va a participar, y poder materializar la explicación. Creo que estos son los dos aspectos fundamentales. Al final, las formaciones son unos turnos muy largos de intervención. Así que, ¿cuáles son los aspectos principales de una intervención? Conocer a tu público, entender bien qué les quieres transmitir y poder materializarlo, que no se quede en el aire. De la misma forma que muchos argumentos se quedan como aviones que no aterrizan, muchas formaciones también se quedan como aviones que no aterrizan. Encontrar formas de materializar, de ejemplificar todos y cada uno de los aspectos que estás dando, me parece esencial. Porque muchas veces, y a mí me pasa que yo soy un «chapa», estoy todo el día hablando constantemente, así que cuando empiezo a hablar sobre: «No, es que este nexo es importante, porque si no la comparativa la puedes perder en caso de que alguien te refute equis…», muchas veces le veo las caritas a mis novatos y digo: «Bueno, ¿cómo podemos ver esto en el mundo real?». Creo que ese pasito, de la misma forma que hacer ese ejemplo en un debate para que se entienda y para que el juez no simplemente vea, «ok, no entiendo lo que me estás contando», también puede ser muy útil en las formaciones.
¿Cuál crees que es el error más común a la hora de debatir?
Hay muchos errores comunes, así que creo que voy a ir por partes. Perspectiva del debatiente sobre sí mismo: Un error muy común, que a mí me pasa y me sigue pasando, es no sentirte capaz de hacer cierto turno o cierta calidad de tu turno. Incluso ahora que tengo bastante experiencia, no puedo quitarme años de debatiente. Me pasa que muchas veces me enfrento a equipos que admiro y pienso que no tengo posibilidades de ganar, y eso me limita completamente en mi intervención. Un error muy común es no sentirte capaz de ganarle a ciertas figuras que te parecen increíbles.
Desde la perspectiva del orador: el tipo de muletilla, que muchas veces utilizamos al alargar las frases, la famosa ‘e’ que a lo mejor nos suena, y ese aspecto.
Desde el punto del contenido: creo que lo que más nos pasa es el hecho de no graficar [no hacer tangible]. Muchas veces no materializamos lo que decimos. Como bien nos pasa en las formaciones, también nos pasa a los debatientes, que en nuestra cabeza tiene muchísimo sentido, pero que a la persona a la que se lo estamos contando, incluso al equipo contrario, probablemente no se esté enterando de nada, porque se está hablando de un punto muy hipotético: «No, claro, es que en esta pregunta de inmigración, este aspecto puntual es relevante por X e Y». Y eso en la reunión por videollamada que tuviste con tu equipo hace dos semanas tenía sentido, pero ahora mismo la gente te está mirando con una carita que probablemente no.
Creo que un ejercicio muy sencillo que muchas veces yo hago, sobre todo cuando hago la introducción, es coger a mi madre, que la pobre tiene el cielo ganado, y decirle: «A ver qué entiendes de esta introducción». Mi madre me escucha y dice: «Bueno, más o menos la entiendo». Y digo: «Bueno, pues si la entiende mi madre, está todo perfecto». Porque si muchas veces nos metemos en «debatilandia», empezamos a dar vueltas y vueltas: «Bueno, este nexo es súper importante, porque este agente es súper vulnerable y es súper relevante para el debate», y probablemente estamos en “debatilandia” y no en el mundo real.
Pues sí: materializar en el mundo real, cuidado con las muletillas y cuidado con cómo te percibes a ti mismo, porque eres muy capaz de ganar a esos grandes equipos.
Pasamos ahora a un par de preguntas algo más personal. Aunque todo esto es un poco abstracto, ¿qué es lo que más te gusta del debate?
Estoy muy tentado de dar la respuesta promedio y decirte que estoy completamente enamorado de las personas que conoces en debate, que estoy completamente enamorado de la posibilidad de viajar, y eso probablemente sea cierto y sea la respuesta correcta, pero voy a intentar dar un poco de variedad. Creo que uno de los puntos que más me gustan, porque últimamente es de los más necesarios, es que para mí el debate, y en concreto quiero enfatizar en el debate académico, se hace un ejercicio de empatía que no encuentro en ningún otro lugar.
Yo cuando llegué al mundillo tenía unas ideas propias, y eran bastante firmes, no voy a decir extremistas, pero era muy firme lo que opinaba. Creo que gracias a obligarme a no solo defender opiniones diferentes, sino a entender por qué las personas opinan de forma diferente, se hace un ejercicio de empatía que creo que no hay ninguna forma de igualar. Debatir con temas que pueden ser muy polémicos —yo he debatido de gestación subrogada, he debatido de inmigración— y muchas veces ves opiniones muy distantes a las tuyas y dices: «¿Cómo es posible que alguien opine esto?». Y luego ya cuando te metes en el mundo entiendes que, muchas veces, las personas somos vulnerables de todo lo que hemos vivido, de toda nuestra experiencia, etcétera, pues eso me afecta a mí, te afecta a ti, nos afecta a todos, y puedes acabar en una opinión que muchas veces se simplifica y se exagera, pero tiene todo un motivo, que puede ser más o menos justificado, puede ser más o menos correcto incluso, pero no es algo sin sentido. No es algo que la gente de repente se levanta una mañana y decida tener una opinión súper extrema. Al final todo tiene un contexto y todo tiene un porqué. Y eso del debate, la verdad, es uno de los puntos que más me gusta: el poder entender y aprender por qué las personas opinan de forma muy diferente a la mía.
Por último, no queremos desaprovechar la oportunidad de saber quiénes son tus referentes en el mundo del debate.
Aquí yo entiendo y he leído mucho que la gente suele barrer para casa, y yo no voy a ser menos, la verdad. Probablemente mis primeros referentes fueron Álvaro Martínez, que fue la persona que dio la primera formación a la que yo asistí, de segunda refutación, y Laura Ortega. Fueron como los dos grandes segundos refutadores del club en ese momento, y era como «¡Guau! Yo quiero ser como ellos». Pero ya habiendo barrido para casa y habiendo entendido durante mi experiencia como debatiente, he aprendido a admirar de formas muy diferentes. Al principio siempre te deslumbra esa explosión de talento, esas personas que son completamente brillantes y que dices: «¡Guau! Me parece imposible poder hacer un turno de este nivel». Aquí tengo que mencionar personas como Capi, desde el primer momento; yo cuando entré ya estaba empezando el boom de Capi, que fue un retumbar en el circuito. Tengo que mencionar a debatientes legendarios como pueden ser Andrea Zurera o Belén Osorio. Ya en el norte he conocido un montón de gente extraordinaria: Joana Moso, Erik Romero, son increíbles.
Con el tiempo tengo que decir que he aprendido a admirar no solo ese talento espectacular, sino personas que son como hormiguitas, súper trabajadoras, incansables, que hacen un esfuerzo titánico y que son capaces de esforzarse más allá de lo que yo creo. Aquí tengo que barrer otra vez para casa y mencionar a Marina Luna. Es una persona que es capaz de esforzarse mucho más de lo que yo pensaba que sería posible, capaz de sacar tiempo de donde no lo hay, y no solo para ella, para sus torneos, sino para todo en conjunto y para mejorar el club. Así que para mí es una gran referente por esa capacidad de esforzarse continuamente y porque tiene un Google que es capaz de buscar evidencias que yo puedo estar toda la tarde buscándolas, que ella en tres minutos dice: «Aquí tienes el gráfico de barras». Sí, probablemente he aprendido a admirar el talento y el esfuerzo patagónico y eso también es algo que le agradezco desde niño.
Pues Miguel González, muchísimas gracias por habernos acompañado.
Muchísimas gracias a vosotros.