Muy buenos días. Estamos con Matteo Venettoni, presidente de la Asociación de Debate UAL. Bienvenido, lo primero de todo.
Muchas gracias.
Queríamos empezar con un juego: cierra los ojos y trasládame a tu primer recuerdo en el mundo del debate.
Mi primer recuerdo en el mundo del debate es el debate escolar; concretamente el torneo provincial organizado por la Junta de Andalucía. Se hizo aquí, en Almería, con un equipo de amigos míos del instituto y una profesora de filosofía con muchas ansias por enseñar y transmitir el debate. Estoy aquí gracias a ella. Su nombre es Luna Hernández y le debo prácticamente todo lo que soy.
Cuando pasamos al ámbito universitario, tuvimos una primera toma de contacto online, porque yo soy de los que empezó el primer curso de carrera en el año de la pandemia, tras ver un anuncio en Instagram del Aula de Debate. Entré e hice un par de debates online en los que conocí a los que serían mis posteriores compañeros de equipo. Pero la primera toma de contacto real, en la que tú dices «¡guau, esto es debate!», fue precisamente en el Torneo Cánovas. Fue en la edición de noviembre de 2021. Vas por primera vez a un torneo nacional, ves de verdad lo que es enfrentarte a gente, a universitarios, jueces y profesionales, y entiendes la ilusión que es competir e incluso la emoción de «breakear» por primera vez.
Como presidente de la Asociación de Debate de la UAL, ¿qué consideras que es lo más difícil de gestionar en un club así?
Quizá lo más difícil, pero a la vez lo más bonito y gratificante, son las personas. Como siempre he dicho, considero que estoy en debate por dos motivos: el primero, porque soy un friki increíble; el segundo, porque amo a la gente que hay en el circuito y a las personas que forman parte de él. Concretamente, en Almería, adoro a mis «niños»; muchos de ellos ya no son amigos, han pasado para mí a la categoría de hermanos. Es precioso trabajar codo a codo con gente a la que quieres, pero también es lo más complicado porque, bendito problema, cuando quieres tanto a alguien y a esa persona también le importa tanto un proyecto, es normal que surjan roces, discusiones o visiones contrapuestas.
Sin ir más lejos, con uno de los que mejor me llevo, con Jesús, tenemos la broma de que siempre acabamos discutiendo por alguna tontería ridícula del torneo. Pero es por la relación personal que tenemos. Diría que lo difícil es ser consciente de lo que necesita todo el mundo, darles el espacio que merecen por su trabajo y saber gestionar ese ambiente para que todos tengan voz y pertinencia. El debate me ha enseñado a trabajar con personas. También están las relaciones institucionales; trabajar con entidades es complicado porque tienen requerimientos que, quizá por nuestra juventud o inexperiencia, nos cuesta compartir, aunque entendamos que son necesarios.
¿Por qué creéis que os caracterizáis como club a la hora de debatir?
Como diría Christian Senkel de ADUMA, por ser unos «absolutos sinvergüenzas». Creo que Almería siempre ha tenido un estilo particular. El circuito que yo conocí cuando empecé se caracterizaba por ser un ambiente cordial, solemne y sereno. Almería rompe con esa dinámica aportando un debate más divertido, con analogías un poquito más burdas, más «echadas pa’lante», más de cara. Llamamos la atención por ese estilo.
También coincidió con un cambio de paradigma respecto al uso de evidencias. Antes lo fundamental eran los datos. Nosotros desmontamos el hecho de que una evidencia lo es todo; mostramos que un buen razonamiento puede tener incluso más peso e influencia que la propia evidencia. Hubo una época en la que el circuito tendió mucho al razonamiento, y ahora se está equilibrando como debe ser. Sabes que si vas a ver debatir a Almería, vas a escuchar un buen relato. Puede ser mejor o peor debate, pero siempre habrá alguna cara de sorpresa o alguna risa asegurada.
Eres debatiente experimentado y, aparte, juez. ¿Qué consejo le darías a alguien que va a juzgar por primera vez?
Intentar escuchar mucho, ser honesto con los equipos y con sus propias capacidades y, sobre todo, ser justo. Al principio se tiende a infravalorar el trabajo de los debatientes porque, desde fuera, los errores son mucho más visibles; es más fácil notar qué es lo que falta que apreciar el trabajo que se está haciendo. Uno viene de ser debatiente y está más centrado en identificar errores que en ser constructivo.
Les diría que tengan escucha activa, que intenten entender qué pretenden hacer los equipos y que valoren el trabajo positivo. También, ser realistas: no pasa nada por admitir que un debate ha sido tan embarrado o difícil que no sabes cómo resolverlo. Si estás con otro juez, coméntalo; si estás solo, sé honesto con los equipos. Diles: «Mirad, este choque ha sido difícil y el criterio personal que he seguido es este». La gente en el debate no es «cabrona»; si ven que intentas hacer un trabajo honesto y genuino por ayudar, los equipos lo valoran muchísimo.
¿Quiénes son tus referentes por rol?
Es complicado. Referentes de la «vieja guardia» siempre alabaré a Gonzalo Herreros; es la persona más brillante que he escuchado nunca en un turno de debate o concurso de discursos. Tuvimos la suerte de tenerlo como formador. También están Ignacio Rigau, Enrique Bajo o Jorge Whyte; gente que sigue en el circuito y a la que animo a escuchar porque son una locura.
A nivel coetáneo, de mi quinta:
Introducción: Jan Guardiola, Samuel Iruzubieta y Aina Carlota. Jan es el equilibrio perfecto entre forma y fondo; enamora desde la introducción. A Samu lo vi recientemente y me pareció un orador espectacular.
Primera Refutación: Marc Gómez, a quien me enfrenté en ADUMA 2022 y me pareció increíble. Y Tomás Aparicio; creo que ha reformado la forma de construir en debate usando la evidencia de manera eficacísima.
Segunda Refutación: Capi (Jesús Gómez), que para mí es un hermano. Es un segundo refutador que sale y te revoluciona el debate; te lo levanta pase lo que pase. También Lucía Troyano; la vi en el circuito y me sorprendió su capacidad en contextos distintos. Es una oradora reconocida pero a veces se olvida lo buena que es realmente. Y obviamente Gabriel Casati, más como orador.
Conclusión: Erik Romero, que fue el primero que vi ganar un «mejor orador» haciendo introducción y conclusión con un estilo atrevido. Y, por supuesto, Ignacio Blanco, actual mejor orador del circuito desde una conclusión; es sencillamente brillante.
¿Qué es lo que más disfrutas a la hora de debatir?.
No soy de los que dice «la fiesta de después». Yo disfruto el «momento autista» (con perdón de la expresión) de preparar la competición. Soy muy competitivo y me gusta esa confrontación intelectual sobre temas profundos. Disfruto muchísimo el brainstorming inicial con el equipo, gestionar la línea y hacer predicciones. Y, sobre todo, los debates de muy alto nivel donde se alinean los astros y se genera un «debatazo». Esos momentos en los que te bates el cobre con gente bien formada son fascinantes. Últimamente también valoro mucho la parte investigativa: leer estudios y artículos para profundizar de verdad en el tema.
Cuéntame alguna anécdota. Siendo de Almería, tendréis unas cuantas.
Tenemos de todo: desde pasar adornos en un Airbnb como si fueran pelotas de fútbol, hasta dejar marcas naranjas en las paredes de otro piso jugando. Pero te contaré una de Alicante de este mismo año, 2025. Estábamos retocando la línea a las tantas de la madrugada. Como dice mi Pablo, «los torneos se ganan la noche del viernes». Estábamos Jénez, Pablo, Irene y yo, con un colapso mental tal que no sabíamos ni qué decíamos. De repente Irene, que es la persona más tranquila, sosegada y pacífica que conozco, colapsó. Se frustró tanto que le pegó una patada a una garrafa de agua y la mandó a dos metros. Todos nos empezamos a desternillar. Refleja mucho lo que somos: cómo una persona tan serena, rodeada de una manada de cafres como nosotros, acaba petando.
Por último, ¿cómo te ha cambiado a ti la UAL?
A nivel personal, me ha ayudado a darme cuenta de la persona que quiero ser y a convertirme en ella. He tenido la suerte de rodearme de gente increíble que me ha valorado y cuidado en contextos que nunca antes había tenido en mi vida. El debate te lleva a situaciones límite que a veces sacan cosas de ti que no te gustan, pero mis compañeros de Almería han sabido ver el lado positivo y cuidarlo como un tesoro. Para mí, el debate en Almería es un hogar. Se lo debo a todas las personas que han estado y están allí.
Pues Mateo, muchísimas gracias.
Gracias a vosotros.